Durante muchos años, el itinerario vital parecía seguir siempre el mismo orden: se estudiaba en la infancia y la juventud, se trabajaba en la edad adulta y se descansaba en la vejez."La biología dice que esto es verdad. El cerebro se desarrolla según la edad y después de los 25 años termina su proceso de maduración. A partir de ese momento, la formación académica y emocional se convierte en una decisión consciente. La sociología dice que ese itinerario depende del contexto y que la vida, a menudo, nos cambia los planes.
No hay un plan de estudios universal. Dos personas de la misma edad pueden tener realidades muy distintas: una estar estudiando con 22 años y otra puede haber asumido antes responsabilidades adultas, como llevar un negocio familiar.
Hay personas que encuentran su propósito pronto y otras que van explorando y probando varias cosas hasta encontrar su camino pasados los 45 años.
Si la sociedad dijera que hay una formación ideal para cada edad, no llegar a tiempo o no encajar, generaría ansiedad y fracaso. El reto no es diseñar un currículum para cada edad, sino que acoja a quien llega más tarde o más temprano.
En los Ciclos Formativos de Grado Medio de Informática y de muchas otras familias profesionales, hay muy poco alumnado mayor de 25 años. En los Ciclos de FP de Grado Superior, hay algo más, pero aún lejos de la mitad. Y en los Cursos de Especialización, los llamados másteres de la FP, sí que hay más alumnado que supera los 25. Por eso, cuanto más avanzado sea el nivel de estudios, más adultos los cursan.
Pero no es una falta de ganas de aprender, sino la existencia de barreras económicas, familiares y culturales, que hacen que ciertas formaciones se perciban como "fuera de tiempo".
Un adulto de 35 años que trabaja, tiene hijos y lleva años fuera del sistema educativo, se enfrenta a horarios incompatibles, a la sensación de ser el raro en clase y a la presión de justificar ante su entorno por qué está "volviendo a estudiar".
Antes de los 25 años es bueno conseguir una buena formación de base: aprender métodos, investigar, desarrollar el pensamiento crítico, escribir bien y resolver problemas. Tener una base en un área grande e ir añadiendo capas de especialización. Idiomas para abrirte al mundo. Tener buenas competencias digitales. Y habilidades de organización y comunicación.
Después de los 25 se puede pasar de la formación formal a la continua, profundizando en un área o incluso llegando a reinventarse. Y a partir de los 65 años, se puede formar para mantenerse activo, enriquecerse y disfrutar.
¿Qué condiciones hacen que una formación sea significativa en cada momento vital?
Más que buscar la formación ideal para cada edad, habría que preguntarse qué condiciones hacen que una formación sea viable y significativa para cada momento vital, incluso desde un punto de vista pedagógico, profesional y emocional.
Porque los adultos aprenden de manera diferente a los adolescentes: traen experiencia, motivación y contexto. Y porque la formación a lo largo de la vida es necesaria porque todo avanza muy rápido.
A los estudiantes de Ciclos de FP de Grado Medio que me dicen que quieren cambiar de estudios siempre les digo lo mismo: no os paréis, explorad, tenéis tiempo y energía para encontrar vuestro camino. La exploración no es un error, es el método.
La formación online puede ayudar mucho a adaptar el ritmo, romper distancias físicas. En ella, la edad no es visible, pero no siempre ofrece las experiencias que se pueden vivir en un aula: las conversaciones que surgen sin planificarse, el roce con otros que piensan diferente y la experiencia compartida, que también es aprendizaje.
Información sobre formación hay mucha, pero la clave está en filtrar. La orientación puede ayudar a filtrar la información, no solo a decidir qué se ha de estudiar. Es un proceso para ayudar a la persona a conocerse mejor, entender el contexto y decidir con mayor claridad y seguridad. A veces, incluso en los adultos, funciona mejor la mentoría: poder consultar a alguien que ha llegado donde quieres estar para que comparta su diario de viaje.
Aprender a lo largo de la vida tiene dos caras que se complementan, una actitud y una estrategia. La actitud es vivir aprendiendo, un concepto sobre el que ya reflexionamos en otro artículo de opinión. Es entender que cada etapa, cada error y cada cambio contiene una lección que te puede transformar. Y la estrategia es convertir esa actitud en decisiones concretas, que es exactamente de lo que trata la orientación inteligente.
Actitud y estrategia. Interior y exterior. Querer y saber cómo.
Como en los libros antiguos de la colección Elige tu propia aventura. En cierto punto de la historia, podías escoger entre distintos caminos, distintas páginas, distintos finales. El reto no era acertar a la primera, sino atreverse a elegir.
Aprender no tiene caducidad. Pero sí tiene contexto. Y ese contexto eres tú.
Elige la formación que acompaña tu vida.