Muchas personas se plantean retomar o iniciar estudios universitarios en la edad adulta, por lo que nuestro sistema universitario responde en la actualidad a un perfil de estudiantes mucho más complejo y diverso. Frente a cierta homogeneidad que reinaba hace no tantos años, actualmente encontramos una interesante diversidad en el alumnado: tanto en relación con género, como a procedencias culturales y geográficas o a experiencias vitales, entre otras. Una de las realidades que demandan una atención específica está relacionada con la diversidad en cuanto a la edad de acceso a los estudios universitarios.
Los datos que ofrece el propio Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades muestran que un 13,04% de los estudiantes de grado tienen más de 30 años (frente a un 9,95% de quienes finalmente titulan). Incluso este grupo es bien diverso por sí mismo: titulados que tras años de experiencia profesional se plantean ampliar su formación, personas que abandonaron los estudios de grado y retoman años más tarde, o incluso gente sin estudios secundarios que accede a través de pruebas específicas para mayores de 25 o 40 años. El informe de la OCDE de 2026 sobre perfiles de adultos en formación recuerda que constituyen un colectivo muy diverso y con grupos en peligro de quedar atrás.
Esto nos sugiere valorar los diferentes perfiles de adultos en el aula universitaria, pero también las necesidades, limitaciones y dificultades que podrían hacer que algunos se queden atrás y, sobre todo, entender qué respuestas ofrecer desde la educación universitaria. La pregunta clave es: ¿ofrecen nuestras universidades una adecuada atención a este perfil de estudiantes?
El importante esfuerzo que se ha realizado los últimos años en acompañamiento del alumnado se ha desarrollado pensando en las necesidades del perfil más tradicional y con menor énfasis en el estudiantado más mayor, que, además de otras dificultades, presenta mayores tasas de abandono, por lo que debería recibir una atención específica. Esta atención debe valorar las necesidades de orientación y acompañamiento en los diferentes momentos y etapas del ciclo universitario, adoptando respuestas e intervenciones en las diferentes fases de los estudios.
Cómo puede la orientación acompañar al alumnado universitario adulto
Previo al acceso, los estudiantes adultos precisan de acompañamiento para una adecuada toma de decisiones en torno al título universitario en el que se van a matricular (perfiles, exigencias, competencias, sentido en relación con la experiencia previa e intereses, etc.) Para ello, sería interesante ofrecer información y apoyo específico, de modo similar, pero paralelo a las intervenciones que se realizan con alumnado de secundaria (visitas, jornadas de puertas abiertas, etc.).
Además, una vez incorporados a los estudios universitarios, este tipo de alumnado puede presentar algunas necesidades que precisan atención por parte tanto de los servicios de orientación como de los propios docentes. Por un lado, necesidades de apoyo en los procesos de estudio y aprendizaje: una parte puede llevar unos años alejado de las aulas y puede requerir un acompañamiento específico en el trabajo académico y en el aprendizaje. Por otro lado, también pueden presentar algunas dificultades en los ritmos de trabajo y horarios de asistencia a clases teóricas y/o prácticas, por ejemplo, quienes tienen hijos o compatibilizan los estudios con un trabajo.
En estos casos puede ser necesario desarrollar algunas estrategias como introducir flexibilidad en los plazos y modos de entrega de trabajos y tareas, en la configuración de grupos de trabajo, en los materiales, indicaciones y guías de trabajo dirigidos a un alumnado con asistencia irregular, en la comunicación con el profesorado, entre otras.
Para finalizar, es importante destacar que este grupo de estudiantes, de características muy diversas en sí mismo, no sólo demanda a la institución educativa una justa atención y acompañamiento para atender a su derecho a la educación a lo largo de la vida, sino que también aporta nuevas e interesantes visiones a la vida universitaria. El ambiente de aprendizaje en el aula y la universidad se enriquecen en la convivencia de compañeros y compañeras con diversas experiencias: estudiantes con otras trayectorias vitales, como experiencias laborales o personales, aportan diferentes perspectivas en la convivencia con el alumnado más joven.
Si la universidad quiere estar a la altura, no basta con aceptar la presencia de este alumnado. Es necesario diseñar sus procesos de enseñanza y aprendizaje pensando, desde el inicio, en la diversidad de perfiles que conviven en las aulas.
Para ello, deben considerarse sus necesidades específicas de orientación y asesoramiento, de modo que su experiencia universitaria tenga sentido y responda mejor a sus circunstancias académicas, personales y profesionales.