“ Debemos ser especialmente cuidadosos con garantizar la atención adecuada al alumnado en situaciones de desventaja ”

Raimundo de los Reyes-García Candel,
presidente de la Federación de Asociaciones de Directivos de Centros Educativos Públicos (FEDADi).
30/06/2020

Raimundo de los Reyes-García Candel (Murcia, 1957), Catedrático de Lengua Castellana y Literatura, es profesor de secundaria desde hace 38 años, de los cuales los últimos 25 los ha dedicado a dirigir el IES Ortega y Rubio, de Mula, Murcia. Participa en el movimiento asociativo de los directivos de la educación pública desde sus inicios en los primeros años de este siglo. En 2010 fue elegido presidente de ADES Murcia y actualmente es presidente de la Federación de Asociaciones de Directivos de Centros Educativos Públicos (FEDADi).
 
La pandemia nos ha cogido por sorpresa a todos. En el caso de la educación, los centros públicos y la comunidad educativa han tenido que adaptarse a la enseñanza-aprendizaje a distancia, a la que no estaban acostumbrados. ¿Cuáles han sido los principales retos?
 
La verdad es que el nivel de incorporación de las tecnologías a la docencia es muy distinto entre los diversos territorios de nuestra geografía, e incluso entre distintos centros de una misma zona, de modo que las necesidades a cubrir y el esfuerzo para conseguir mantener la actividad docente a distancia han sido, en algunos casos, sustancialmente diferentes, si bien siempre con el factor común de un sobreesfuerzo en tres frentes: los medios materiales necesarios (ha habido profesorado que ha gastado su dinero en ellos), la propia formación de los docentes en esta materia (a lo que también se ha apuntado un buen número de personas), y sobre todo mucho tiempo, mucho más del ordinario. Para las familias, el reto ha sido similar, con la dificultad añadida de una carencia total de recursos en sectores nada despreciables de población, también según los entornos escolares.
 
Las medidas que se han adoptado para paliar este escenario no han llegado muy lejos, de ahí que se haya comprobado lo prioritario de combatir esta situación de desventaja para que la educación pública mejore su función como equilibradora de las diferencias sociales, ello incluso en circunstancias de absoluta normalidad sanitaria.
 
¿Cómo se han afrontado las dificultades y qué aprendizajes han adquirido los centros educativos públicos de cara al próximo curso?
 
A lo dicho antes, añadiré que desde las administraciones se han puesto en marcha programas e iniciativas de irregular éxito, que han colaborado a reducir el impacto negativo de la situación. Pero, en cualquier caso, todos los agentes con responsabilidad (y esto va más allá de lo educativo, pues involucra a servicios sociales y administraciones de todos los niveles) hemos de incorporar a la normalidad la digitalización, de manera que prevengamos futuros escenarios y caminemos en la línea de progreso que los tiempos requieren.
 
Entiendo que cabe pensar en un futuro próximo en el que los recursos técnicos faciliten la realización de determinadas tareas de forma no presencial, y con ello mejoren las posibilidades de conciliación familiar sin merma en la eficacia en el trabajo. Del mismo modo, se abre la puerta a una relación con el alumnado y las familias más fluida y menos vinculada a la presencia en el centro a costa de permisos en el trabajo o problemas similares.
 
En la fase 2 de la alerta sanitaria los centros han podido reabrirse y el alumnado ha podido asistir de forma voluntaria. ¿Cómo ha sido la experiencia en general?
 
También, y como era previsible, de modo irregular. La disparidad de criterios es justificable, sólo en cierta medida, cuando se ha producido como consecuencia de las distintas realidades, ya no tanto cuando ha respondido a otros condicionantes o intereses.
 
Quiero señalar que, a mi juicio, la incorporación del concepto de "voluntariedad" a estas decisiones ha podido sembrar desconcierto, ya que no se ha hecho una interpretación adecuada de la misma, que debía ser una cautela de protección para las familias que optasen por mantener la actitud preventiva, no un traslado a las familias de decisiones que no les correspondían.
 
Creo que era el profesorado, y por extensión los centros, quienes, tras un análisis de sus circunstancias concretas, especialmente del funcionamiento de la formación a distancia y las deficiencias que se pudieran haber observado en algunas materias, tendrían que haber informado a su alumnado y a las familias de que resultaba conveniente o incluso necesaria la asistencia a un número concreto y programado de sesiones presenciales. A partir de ahí, la voluntariedad salvaguardaba la opción de preferir quedarse en casa, en cuyo caso, y siendo una opción lícita, era importante no desatender a quienes tomaban esta decisión.
 
Además, esta puesta en marcha fragmentaria de la vuelta a clase ha podido en algún caso perjudicar a más alumnado del que se ha beneficiado, dado que estábamos en tareas de fin de curso para todos los niveles, y la dedicación del profesorado no puede multiplicarse ilimitadamente.
 
"La puesta en marcha fragmentaria de la vuelta a clase ha podido en algún caso perjudicar a más alumnado del que se ha beneficiado, dado que estábamos en tareas de fin de curso para todos los niveles, y la dedicación del profesorado no puede multiplicarse ilimitadamente".

El Consejo Escolar del Estado había planteado tres posibles escenarios para el próximo curso: una actividad educativa de manera presencial como siempre, que se mantengan las clases presenciales, pero con medidas de distanciamiento, o bien que no se pueda realizar la educación presencial por un posible rebrote de la enfermedad. ¿Cuál de los escenarios considera más previsible y por qué?
 
La experiencia vivida ha demostrado lo variable de las circunstancias en el tiempo, por lo que hacer una previsión no puede ser más que un ejercicio con débil soporte de evidencias. En estos días se está apostando por la vuelta presencial, con matices y cautelas, y discutiendo sobre nuestra capacidad para llegar a ciertas decisiones, como las que afectan a las ratios y las consecuentes dotaciones de medios y profesorado.
 
Desear que sea posible esa relativa normalidad es algo que seguramente todos compartimos, pero no queda otra que esperar el devenir de los acontecimientos y pedir, eso sí, que nos dotemos de planes lo más rigurosos posible para reaccionar ante cualquiera de ellos. Planes que deberán ir acompañados del correspondiente compromiso de aportación de recursos por parte de unas y otras administraciones.
 
¿Cuáles son las principales necesidades de los centros educativos para el próximo curso?
 
En cualquiera de los escenarios, resulta evidente la necesidad, y parece que se está en ello, de corregir las desigualdades en el acceso a las tecnologías del conocimiento, así como garantizar a centros y profesorado los equipos y la formación esenciales. A partir de aquí, las necesidades dependerán de las medidas que las autoridades sanitarias consideren imprescindibles. Si, como parece, debe garantizarse una distancia física mínima entre las personas, ello implicará una necesidad de recursos humanos y materiales directamente proporcional al aumento de grupos que traiga aparejada, como antes he explicado.
 
La situación plantea la dificultad añadida del periodo estival, lo que hará que deban tomarse decisiones al respecto con semanas de antelación, pero esto es especialmente necesario si el escenario que se decida como más probable implica actuaciones de calado en los centros, que no pueden llevarse a cabo en unos pocos días de septiembre.
 
Lógicamente, también será necesario reformular las programaciones y todo lo que ello conlleva, a fin de incorporar aquellos aprendizajes no adquiridos y que se consideren esenciales para alcanzar los objetivos formativos. Y, como todo tiene que ver con todo en un sistema que lo sea, esta reformulación se verá condicionada por las anteriores decisiones.
 
¿Qué estrategias y acciones considera imprescindibles para garantizar una educación de calidad e inclusiva en cualquiera de los escenarios mencionados?
 
Es importante tener en cuenta, a propósito de muchas de las propuestas que circulan cada día por los medios de comunicación, que casi todas suponen un detrimento de la calidad del servicio educativo. Si nos quedamos sin aulas de tecnología, de música, sin laboratorios, sin biblioteca, etc. conseguiremos sentar simultáneamente a nuestro alumnado. Pero hay que poner este factor en la ecuación a la hora de tomar decisiones y, en la medida de lo posible, optar por aquellas soluciones que minimicen el daño a la calidad, aunque puedan suponer esfuerzos para la comunidad educativa de otra índole, como el establecimiento de turnos o la alternancia de la presencialidad y la no presencialidad.
 
También quiero señalar que las decisiones que se adopten para el próximo curso escolar pueden y deben ser bien distintas en función de las enseñanzas y niveles educativos que se trate. Resulta evidente que un planteamiento válido para Educación Primaria, puede no serlo en absoluto para Bachillerato, o viceversa. Muy particular caso es el de la Formación Profesional, por las características específicas de estas enseñanzas. No se subraya mucho este aspecto en lo que se dice, y me parece muy importante.
 
En cualquier caso, debemos ser especialmente cuidadosos con garantizar la atención adecuada al alumnado en situaciones de desventaja.
 
¿Qué papel están jugando y jugarán las familias en la ‘nueva normalidad'?

A las familias les ha tocado y les tocará su parte de responsabilidad y de sacrificio, como a todos. Han puesto, en la inmensa mayoría de los casos, cuanto han podido para garantizar la continuidad educativa de sus hijas e hijos, y habrá que garantizar que cuentan con la información, y si es el caso los recursos, que les permitan ambas cosas a partir del curso que viene. Además de ser preciso el concurso de otros servicios cuando se trate de incorporar a alumnado alejado o expuesto. Para este tipo de alumnado la educación presencial es un factor determinante de sus posibilidades de integración, de ahí que resulte necesario priorizarla y volcar mucho mayor esfuerzo si esta no fuera posible.
 
¿Qué recursos requieren los centros educativos para implantar las medidas establecidas por las autoridades sanitarias y educativas?
 
Sobre las medidas educativas creo que queda dicho lo esencial. Sobre las medidas sanitarias hay dos líneas de actuación esenciales: la información/formación y los medios materiales. En este sentido habrá que establecer actuaciones formativas (algunas ya se están llevando a cabo) para todos y cada uno de los sectores de la comunidad educativa, que deberán ocupar el grueso del trabajo inicial del curso. En cuanto a los recursos materiales es importante que los centros cuenten con presupuestos o aportación de estos por las consejerías, y que esto se haga con la antelación suficiente que permita la adecuación de los centros sin improvisaciones.
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