El aprendizaje de lenguas extranjeras: ¿imposición u oportunidad?

Artículo de opinión

  • 18/04/2006

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Pasar del objetivo de que todos los ciudadanos europeos tengan la capacidad de comprender y comunicarse en más de una lengua a la práctica puede parecer, para muchos, una imposibilidad. Para otros, una imposición. Por mucho que vivamos en un mundo globalizado, tanto a nivel de movimiento laboral como del producto global disponible, sólo hace falta comprarse un teléfono móvil y ojear el libro de instrucciones para ver que todo lo que necesitas saber lo vas a encontrar en tu idioma. Entonces para la mayoría de nosotros ¿para qué sirve insistir en que hay que saber idiomas si vamos a encontrar traducción para nuestras necesidades más inmediatas? Al empleado que trabaja fuera de las grandes ciudades, en los barrios o sitios lejos de los centros turísticos, ¿cómo le explicas que tiene que dominar un o dos o hasta tres idiomas?

A parte de la falta de ver una necesidad real al nivel personal de saber idiomas, hay que tener en cuenta el significado de "dominar”. Leyendo anuncios de empleo, encuentro definiciones tan confusas como "alto nivel de inglés”, "nivel superior de inglés”, "dominio de inglés” por ejemplo. ¿No sería más fácil utilizar el Marco Común Europeo (MCE) del Consejo de Europa para las calificaciones de los distintos niveles de idiomas? Así tanto los empleadores como los futuros empleados estarían hablando el mismo idioma por lo de definir lo que uno requiere y el otro sabe.

Es decir, pasar de este objetivo a la práctica requiere trabajar dos cosas: hacer ver a la gente la necesidad de saber idiomas y poner definiciones claras e inequívocas de los distintos niveles.

En cuanto a poner en práctica modelos de aprendizaje de lenguas extranjeras, en mi experiencia los universitarios están más que concienciados de lo importante que es, hoy día, saber idiomas. Muchos lo viven como una obligación y se frustran al ver que después de tantos años de inglés en el colegio todavía no saben lo suficiente para poder decir " ah, el inglés, pues sí, sí que lo sé y lo domino bien”. Cada año no dejo de extrañarme al ver la disparidad de niveles de inglés de los alumnos que hace tan sólo un par de meses se examinaron de inglés en bachillerato y en la selectividad. Ahora están en el primer curso de la carrera y hay alumnos que realmente tienen muy bajos conocimientos. ¿Cómo se puede solucionar este problema y asegurarnos que nuestros futuros universitarios lleguen a la universidad con un nivel más o menos homogéneo?

En mi opinión la respuesta pasa por asegurar que las clases de idiomas se hagan en grupos reducidos y organizados por niveles. No todo el mundo aprende al mismo ritmo. Así los alumnos tendrán más atención individual, habrá más ocasiones para practicar la conversación y los alumnos estarán más motivados. Además, si el inglés se considera tan importante, ¿no sería bueno exigir una nota mínima de un "5” para cursar cualquiera carrera universitaria? Con el sistema actual de nota global, una nota baja en inglés queda compensada por una más alta de otra asignatura. En la Comunidad Europea se habla oficialmente en inglés, francés y alemán, pero en los centros de ESO y Bachillerato estos idiomas son créditos variables, compitiendo con otras asignaturas con la misma categoría. Un cambio de programas escolares iría muy bien para poner en práctica lo que se declara.

Y no sólo en los institutos y colegios. La motivación también es muy importante de cultivar y alimentar en el ámbito universitario. Sobre todo visto que los idiomas no forman una parte obligatoria en los planos de estudios de muchas carreras. Obtener un título que se reconozca en los 25 países miembros de la Comunidad Europea tiene que ayudar a que el universitario vea la posibilidad de acabar la carrera con suficientes conocimientos de idiomas para aumentar su competitividad y facilitar su incorporación laboral.

Para terminar, ofertar cursos, poner facilidades para que el alumno pueda estudiar lo que es necesario para su futuro pero que no tiene en su plan de estudios, hacer clases dinámicas, explotar las nuevas tecnologías, organizar intercambios de idiomas con universitarios Erasmus, incorporar elementos de lenguas extranjeras en clases, asignaturas, exámenes, todo eso es muy valioso pero no da una imagen real del mundo al alumno si este no lo ve en la práctica. Todo queda en lo teórico, pese a que el alumno vea a alguien, alguna situación y ve el idioma "en directo”. Que vengan los empresarios, los directivos de empresas, los gerentes, los expertos de recursos humanos para explicar en directo lo que para ellos significa contratar a un universitario con conocimientos de idiomas. Como se dice popularmente: una imagen vale más que mil palabras.

Hasta que el aprendizaje de idiomas, en este país, no sea una necesidad real para las personas, cada una en su perfil profesional, no habrá una motivación suficientemente fuerte como para alcanzar un nivel de estos idiomas competitivo en el mundo actual.
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