El experto en innovación educativa Steven Hodas asegura que la clave del éxito está en no tener miedo a equivocarse

Redacción de Educaweb
11/04/2017

Diseñar con las personas y no para las personas, innovar para obtener nuevos resultados y poner a los estudiantes en el centro de las innovaciones educativas. Estas son algunas máximas que se pueden extraer de la intervención del experto en innovación educativa Steven Hodas en el debate organizado por la Fundació Jaume Bofill y la Universitat Oberta de Catalunya, en colaboración con el Museu d'Art Contemporani de Barcelona (MACBA).

Las pautas que Hodas ha aportado durante su intervención, titulada "¿Cómo conectar el mercado tecnológico educativo con los docentes para que la innovación sea útil en el aula?", no son meras palabras teóricas, sino que provienen de la práctica. Concretamente, del desarrollo de iZone, un proyecto llevado a cabo en Nueva York en el que la tecnología tuvo un papel importante para desarrollar y mejorar las escuelas de la ciudad. Para innovar en una urbe de tales dimensiones -Nueva York tiene los mismos estudiantes que Catalunya y la Comunidad de Madrid juntos- "no sólo basta con cambiar las políticas", ha afirmado, sino que se requiere un cambio mucho más profundo.

Y para ello se necesita a la gente. Y que esta hable. En su exposición, Hodas ha destacado la importancia de "dar voz a aquellos con problemas -profesores y estudiantes-, para así encontrar soluciones". Unas soluciones que, a su vez, serán mejores cuanta más gente comparta los problemas existentes y sus posibles remedios. Y aquí es donde entra el papel de la tecnología.

Hodas ha advertido que no se debe confundir innovación con tecnología, ya que la primera puede existir sin la segunda. La innovación es vista por Hodas como un cambio, mientras que concibe la tecnología como una gran herramienta para poder innovar.

El miedo al error es uno de los mayores impedimentos que, según Hodas, tiene el mundo de la innovación educativa. Su receta para solucionar esto no es otra que fallar y experimentar una y otra vez hasta encontrar la fórmula con la que mejorar la educación que tenemos hoy en día. Ante la dificultad de encontrar hoy aventureros que innoven en las aulas, Hodas ha advertido que "se necesitan recompensas para aquellos que se atreven al cambio".

Un ejemplo que se da sobre la influencia de la tecnología en la innovación educativa es la personalización. El diagnóstico de la necesidad de ayuda a un alumno en una área concreta ya existía antes de la tecnología, pero ahora, con aplicaciones como iZone, "la tecnología ayuda a que los niños avancen a su ritmo".

La evaluación de estas innovaciones también deben ser distintas a como se hacían hasta hoy. El grado de satisfacción del alumnado y el profesorado con un nuevo programa debe ser mucho más importante en la toma de decisión sobre si continuar con ese programa que otros elementos que actualmente se tienen en cuenta como las notas conseguidas.

Por último, ha remarcado la importante tarea de los clústeres en la innovación de la educación. De estas asociaciones de empresas, el experto ha destacado su pluralidad ya que "cada miembro de un clúster de innovación aporta intereses desde motivaciones diferentes" y ha señalado a Israel, Australia, Francia y Gran Bretaña como los países con "clústeres de innovación más activos".

Un mes atrás, en este mismo ciclo de debates, la experta finlandesa Kirsti Lonka advirtió durante su exposición sobre la desconexión existente entre profesorado y alumnado.
 
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