Enric Renau. Editor
No estoy convencido que a los programas de postgrado de mayor prestigio internacional o local les interese someterse a la disciplina pública, si con su prestigio y notoriedad tienen suficiente para llenar sus aulas con matriculados dispuestos a pagar lo que haga falta. Tampoco tengo claro que todas aquellas universidades que puedan homologar sus cursos según los criterios de la ANECA tengan la misma calidad, ni que la acreditación sea garantía de la mejora permanente.
27/10/2008