El género todavía condiciona la elección de estudios y profesión

Eva Jiménez,
Redactora de Educaweb
29/11/2017

El género todavía condiciona la elección de estudios y profesión. Esta es la premisa básica que defienden todos los participantes en este monográfico. La mayoría también reconoce que se ha avanzado en su erradicación, pero el camino que aún queda por recorrer hace que siga teniendo sentido dedicar un número especial a los condicionantes de género a la hora de elegir unos estudios y una profesión.

Antes de nada, tal vez convenga aclarar que el sexo no es lo mismo que el género. El primero hace referencia a las diferencias biológicas y anatómicas entre hombres y mujeres, mientras que "el género se refiere a las características socialmente apropiadas para uno y otro sexo en cada sociedad determinada" (Mosteiro y Porto, 2017).

Numerosos factores intervienen en la elección de unos estudios o una profesión, desde el autoconocimiento, es decir, la personalidad, las competencias y habilidades, las preferencias o los valores, hasta el conocimiento de la oferta formativa y el mundo laboral. Aparte de estos, existen numerosos condicionantes o barreras, entre los que se incluyen las circunstancias familiares, la situación socioeconómica, los aspectos pedagógicos, institucionales, etc. Entre esos factores se encuentran también los condicionantes de género, esos esquemas mentales aprendidos socioculturalmente que influyen a la hora de construir el proyecto profesional y de vida.
 

Los condicionantes de género, un fenómeno complejo

 
Dichos condicionantes pueden clasificarse o explicarse de muchas formas, entre las que destacan, por ejemplo, las que menciona David Domínguez i Arús, coach y formador:
         

La pervivencia inconsciente de los condicionantes de género



La legislación hace tiempo que reconoce la igualdad entre hombres y mujeres, como nos recuerda Magdalena Suárez Ojeda, profesora de Derecho Administrativo en la Universidad Complutense de Madrid. Ahora bien, este reconocimiento institucional no significa que se haya tomado conciencia del poder de los condicionantes de género a la hora de elegir unos estudios o una profesión.

Así lo revela un estudio realizado por el Instituto de la Mujer del País Vasco entre más de mil alumnos de segundo de Bachillerato, más de 100 docentes y 100 familias. La mayor parte del alumnado y de los progenitores aseguraba que la elección de los estudios se debía fundamentalmente a los gustos o vocación personal, cuando, según el propio Instituto, los hechos mostraban algo muy diferente, y no sólo en ese territorio como apunta el equipo de Didáctica y Organización Escolar en la Universidad de Granada.

Así, se observa con claridad que las mujeres optan en mayor medida que los hombres por titulaciones incluidas dentro de las ramas de Ciencias de la Salud, Artes y, Humanidades y Ciencias Sociales y Jurídicas, mientras que en Ingenierías y Arquitectura predomina un perfil mayoritariamente masculino, con el 72% de las matriculaciones en el caso vasco.  

Este hecho lo corrobora la entrevistada de nuestro monográfico, Núria Salán. La profesora en la Universitat Politècnica de Catalunya y experta en química e ingeniería metalúrgica implicada en el fomento de las vocaciones STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas, en inglés) entre las más jóvenes, asegura que todavía queda mucho camino por recorrer: "Cuando yo estudiaba Metalurgia, hace muuuuuchos años, éramos dos chicas en un grupo de 15 personas. A día de hoy, en una asignatura optativa de Caracterización de Materiales Metálicos, en un grupo de 15 vuelvo a tener dos chicas... Tenemos un porcentaje de chicas inferior al 30% en todas las politécnicas del país, y no hemos superado ese valor en las últimas décadas".

El último informe elaborado por la OCDE sobre la cuestión de género no hace sino constatar que, a pesar de los esfuerzos realizados, en los últimos 5 años se ha avanzado "muy poco" en la erradicación de los obstáculos de género, motivo por el que realiza una "dura llamada a la acción" para evitar la desigualdad en la educación, el trabajo y el emprendimiento (The Pursuit of Gender Equality, 2017).
 

El papel de la escuela y de los profesionales de la orientación


En este punto, la mayoría de los colaboradores de este monográfico, por no decir todos, constatan la importancia de la escuela para contribuir a la desaparición de los condicionantes de género.  Y no es para menos, si se atiende a un estudio que revela que, a partir de los de seis años, las chicas son menos propensas a asociar la inteligencia o genialidad a su sexo y tienden a evitar actividades que requieren ser brillantes (Bian et. al, "Gender stereotypes about intellectual ability emerge early and influence children's interests", 2017).

María Fuencisla Gómez Hernández, orientadora y profesora en el Colegio Legamar de Leganés, incide en la importancia del profesorado a la hora de acompañar a los estudiantes en el diseño de su proyecto vital. Por ello, recomienda el diseño de un Plan de Acción Tutorial, dirigido a alumnado y familias y realizado en colaboración con el Departamento de Orientación, que tengan en cuenta la cuestión de género.

Los profesionales de la orientación también juegan un papel fundamental en este proceso, motivo por el que Gómez aconseja elaborar un  Plan de Orientación Académica y Profesional, que contribuya a profundizar en el "desarrollo de una madurez decisoria y vocacional, capaz de tomar decisiones autónomas y acordes con sus capacidades e intereses sin sesgos de género".

Entre los múltiples aspectos a tener en cuenta a la hora de diseñar un plan de orientación académica y profesional, destacan (Mosteiro, 1997):
   
María del Rosario Tercero Cotillas y Belén Labián Fernández- Pacheco, profesora de Intervención Sociocomunitaria y profesora de T. Servicios a la Comunidad en el IES El Greco en Toledo respectivamente, recomiendan también que el profesorado realice tareas de investigación, como  una herramienta que permite comprender y explicar muchos de los fenómenos educativos sobre los condicionantes de género. 

Obviamente, los centros educativos y formativos no conseguirán su objetivo sin la implicación de las familias y de los agentes socioeconómicos para evitar que los condicionantes de género continúen marcando el proyecto profesional y de vida de las nuevas generaciones. 
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