La elección de carrera desde un enfoque de género. Factores clave e implicaciones socioeducativas

Mª Pilar Cáceres, Francisco Manuel Raso, Antonio M. Rodríguez y José Mª Romero,
Profesores e investigadores de Didáctica y Organización Escolar en la Universidad de Granada
29/11/2017


La presencia de mujeres universitarias en la Educación Superior, tanto en el panorama europeo como español, ha ido incrementándose, progresivamente, en los últimos años, siendo incluso superior respecto al hombre, con un 54% de universitarias matriculadas, del conjunto de titulaciones de Grado y Posgrado, durante el curso académico 2014/15.

Sin embargo, este aumento porcentual no ha sido expansivo, quedando relegado a las ramas de conocimiento tradicionales, asociadas a los estereotipos de género clásicos. Así pues, encontramos, según las Estadísticas de Estudiantes Universitarios del Sistema Integrado de Información Universitario (SIIU) del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte: en los estudios del Grado (1º y 2º ciclo), las mujeres destacan en un 60% en Ciencias Sociales y Jurídicas; Artes y Humanidades, 61%; Ciencias de la Salud, 69,4%; Ciencias, 51,2%; y en Ingeniería y Arquitectura, el porcentaje más bajo, 25,8%, frente al 74,2% de hombres. De igual modo, en los estudios de Máster, las universitarias muestran una presencia mayor en Ciencias de la Salud (68,5%), dato muy similar a los estudios de Grado, y los hombres una menor presencia (31,5%); no obstante, éstos son mayoritarios en Ingeniería y Arquitectura (71,4%) frente al 28,6% de la mujer. En los estudios de Doctorado los resultados son coincidentes y similares en ambas ramas de conocimiento (Ciencias de la Salud con mayor predominio de género femenino e Ingeniería y Arquitectura con mayor presencia del género masculino).

Estos resultados suponen la necesidad de reflexionar acerca de los motivos por los que determinadas carreras son elegidas en relación a otras y qué papel posee el género en todo este proceso. En esta misma línea, numerosos estudios (Davey, 2001, Silván Ferrero et al., 2005, Whitehead, 1996, Rivas, Martín y Martín, 2007, etc.) han confirmado que los hombres eligen carreras que se relacionan con las características de su rol masculino (dominio sobre los demás, estatus social, motivación extrínseca, valoración de recompensas externas, estabilidad económica) y las mujeres se afianzan más hacia su estereotipo femenino, eligiendo carreras que se asocian más a este rol (enfermería, farmacia, docencia, etc.), donde destaca el cuidado y preocupación por los demás, así como el intento de compatibilizar las tareas domésticas y la vida laboral.

Así pues, en estudios recientes realizados por Navarro y Casero (2012) con estudiantes de Bachillerato en la Comunidad Balear se constata, en este mismo sentido, la presencia de los estereotipos de género anteriores, donde las chicas optan con mayor frecuencia por carreras de Humanidades, Ciencias Experimentales, Ciencias Sociales y Jurídicas, y Ciencias de la Salud, aludiendo a motivos intrínsecos (vocación y ayuda a los demás), mientras que los chicos, se mantienen en la elección de Enseñanzas Técnicas por factores extrínsecos (salidas laborales, remuneración económica, mayor reconocimiento y prestigio social).

Esta diferenciación por género de la elección de la carrera y del propio desempeño profesional, mostrando ocupaciones mayoritariamente femeninas o masculinas, suponen una "segregación horizontal por sexo", la misma que deriva en el caso de aquellas profesiones más vinculadas a la mujer, hacia un mayor desprestigio y escaso reconocimiento social o lo que se conoce, en Estudios de Género, como "política de tierra quemada". 

¿Por qué se produce esta situación?, ¿cómo se desarrolla el proceso de toma de decisiones respecto a la elección de una carrera universitaria y su futuro desenvolvimiento profesional?

Factores clave

- Limitada experiencia del alumnado en el momento de analizar su situación de elección (Rivas, 1989). Se dejan llevar por el azar o la improvisación, como algo puntual, donde no se aprecia la transcendencia de esta elección, que marca el desarrollo vital futuro de la persona. Además, están condicionados por el desconocimiento de sí mismos (potencialidades, limitaciones) y de las propias exigencias del mercado laboral. En este sentido, se pone de manifiesto la falta de "madurez vocacional".

- Socialización diferencial, lo que conforma la persistencia de los estereotipos tradicionales de género, vinculados a la diferenciación de roles entre "lo masculino" y "lo femenino" (Grañeras, 2003). Supone una división social del trabajo entre hombres y mujeres, con una tendencia a elegir, ocupar y desarrollarse profesionalmente en puestos de trabajo asignados a estos estereotipos o roles de género.

- La asunción de estos esquemas mentales suponen, incluso a nivel psicológico, un factor decisivo e imperante para la toma de decisiones, a través de "las expectativas de autoeficacia profesional" (Mosteiro, 1996), esto es, la "habilidad para desarrollar con éxito una acción". Para el caso de los hombres, éstos muestran una alta autoeficacia en ocupaciones tradicionales y no tradicionales, mientras que las mujeres destacan más en ocupaciones tradicionales, al combinar estas profesiones con el hogar y la familia, sintiéndose más seguras por la posibilidad de responder adecuadamente, garantizando el logro hacia los objetivos. En cambio, mantiene el rechazo hacia las elecciones tradicionalmente masculinas, por el miedo al fracaso, inseguridad, carreras más largas, difíciles, en función de los estímulos culturales y ambientales recibidos.

- Otros factores: socioeconómicos (medio social donde se desenvuelve la persona, profesión de los padres y recursos, etc.); factores pedagógicos (actividades planificadas desde los centros para la elección vocacional) y factores institucionales (limitaciones por parte de los centros (plazas ofertadas, características de los propios centros, etc.)

Implicaciones socioeducativas

La transformación de esta realidad, en cuanto a las diferentes dimensiones que aborda (psicológica, social, personal), requiere de una planificada actuación educativa en colaboración con la familia y los diferentes agentes sociales y su influencia socializadora mediante los medios de comunicación y la imparable presencia las tecnologías de información y comunicación (TIC). Así pues, sería preciso articular algunas de estas consideraciones:

- Socialización basada en la igualdad de oportunidades, centradas en modificar las percepciones sesgadas de género y los roles a desempeñar (estereotipos); y reestructuración de roles, siendo conveniente establecer referentes femeninos en enseñanzas técnicas.

- Establecimiento de políticas socioeducativas que promuevan la conciliación de la vida personal y profesional y que velen por erradicar las discriminaciones laborales explícitas e implícitas.

- Apuesta por una orientación vocacional temprana, iniciándose desde las primeras etapas de la escolaridad obligatoria (Educación Infantil y Primaria), como la base para ir "guiando" al alumnado en su propio autoconocimiento (autoconcepto y autoestima), su interacción con el medio, los valores, normas y demandas sociolaborales, rompiendo con las barreras marcadas por los estereotipos de género, para poder alcanzar una igualdad de oportunidades real ("equidad"). En definitiva, promover el desarrollo integral y una adecuada madurez vocacional, la misma que, llegado el momento (optar por modalidad "enseñanzas técnicas o académicas" en 4º de ESO y al finalizar el Bachillerato con la elección de la carrera), sea capaz de tomar una decisión meditada y no azarosa, que será la base decisiva para garantizar el éxito y satisfacción de su futuro profesional y personal.

En síntesis, en una sociedad de la información, como la nuestra, en la era del homo digitalis, la construcción de una ciudadanía y un modelo social basado en la equidad de género, depende no sólo de las instituciones educativas, sino también de la educación informal y las nuevas formas de interacción semipresencial y virtual (redes sociales, identidad digital, etc.) derivadas del avance sin precedentes de las herramientas tecnológicas. En estos nuevos escenarios son muchos los retos y desafíos actuales que implicarán la nueva reestructuración de roles, donde será fundamental, más que centrarnos únicamente en el objetivo o meta a conseguir, diseñar e implementar las medidas socioeducativas necesarias, que asienten las bases para promover un "camino" seguro, como diría Kavafis, capaz de garantizar una convivencia respetuosa, diversa, plural e igualitaria, orientada al desarrollo profesional y humano de las nuevas generaciones, antes de desembarcar en Ítaca
 
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