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¿Pagamos mucho por la educación?

Editorial

Si hacemos un balance de lo que recibimos de la actividad educativa y lo que pagamos en forma de impuestos y de forma directa, no creo que nadie, con un mínimo de sentido común pueda quejarse ni dudar, por un segundo, de que vale la pena invertir más en educación. Además, este gasto educativo significa, probablemente, la mejor inversión en equidad, igualdad de oportunidades e integración sociocultural que podamos hacer. ¿Se les ocurre una mejor forma de dedicar nuestros recursos públicos?


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Enric Renau. Editor
A mediados de septiembre toca empezar la actividad escolar, como cada año. Las familias saben que ello implica la regularización de los horarios, la aventura de la conciliación de la vida laboral con los horarios de los hijos y la decisión de las actividades extraescolares cuando se puede o se quiere.

También es el momento de los nervios al reencontrar los compañeros y compañeras, conocer el nuevo profesor o maestra y rememorar hazañas o romances estivales.

En España son 7.420.000 alumnos que se encontrarán en una nueva aula, un 2,7% más que el año anterior, en la que pasarán muchas horas al día y durante el curso. Donde convivirán con chicos y chicas de edades distintas, se instruirán, se formarán y se transmitirán valores. En muchos casos, en las comunidades autónomas, convivirán en el aula personas que hablan lenguas distintas, sin ningún problema y darán la bienvenida a 94.000 compañer@s de otros países, recién llegados de Latinoamérica, de África, de la Europa del este o de Asia.

No todo será fácil. Durante el curso, habrá abandono escolar, por la falta de motivación de algunos estudiantes, por la incapacidad de implicación de algunos profesores y por la presión del mercado de trabajo -hasta ahora-. Habrá casos de bullying. Habrá conflictos. Habrá disfunciones. Es lógico y también es necesario que haya un control social, político y sindical exigente, para ir mejorando año tras año. Hay mucho que hacer.

Desde del punto de vista económico, gastamos un 4,54% del PIB en educación. Es poco. Menos que Europa y menos de lo que realmente necesitamos dada la inversión social que representa la educación para un país.

Se complementa este gasto con un 0,81% de gasto privado en educación, lo que significa que un 15,1% es financiado directamente por las familias y un 84,9% a través de los impuestos. El gasto familiar directo se dedica la compra de actividades extraescolares, libros, material escolar, colonias y excursiones y, en el caso de las escuelas concertadas, a la cuota adicional.

Si hacemos un balance de lo que recibimos de la actividad educativa y lo que pagamos en forma de impuestos y de forma directa, no creo que nadie, con un mínimo de sentido común pueda quejarse ni dudar, por un segundo, de que vale la pena invertir más en educación.

660.000 sueldos de maestros y maestras, profesores, 49 millones de libros escolares, un ordenador por cada 6 alumnos y 2 ó 3 actividades deportivas, idiomas o música cada semana no son poca cosa.

Además este gasto educativo significa, probablemente, la mejor inversión en equidad, igualdad de oportunidades e integración sociocultural que podamos hacer.

¿Se les ocurre una mejor forma de dedicar nuestros recursos públicos?

Enric Renau
Editor
editor@educaweb.com





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