España se convirtió en el curso 2009-2010 en el país que más estudiantes envió a la Unión Europea dentro del programa Erasmus. Además, se mantiene como el primer receptor de becarios europeos
Sebastián Escorne Cardona. Tutor del MBA Executive del Instituto Superior de Marketing-ESIC Barcelona
Cuando se examinan con un espíritu crítico los rankings publicados, pueden abrigarse dudas razonables acerca de si aquellas clasificaciones responden verdaderamente a preguntas como las formuladas o a otras deducibles del interrogante inicial.
Tener Xavis, Messis o Iniestas en la Masía no va en contra del desarrollo del fútbol. Va a favor. El sistema educativo español no tiene centros de alto rendimiento escolar científico, artístico o humanístico. El sistema educativo público iguala, pero a la baja. Va al ritmo y al nivel de los que menos pueden y acaba expulsando a los que más talento tienen hacia los centros privados –si pueden permitírselo- o hacia otros países, cuando tienen cierta edad y nivel de estudios finalizado.
Marta Prieto Asirón. Licenciada en Derecho y Empresa por ICADE. Consultora, profesora y conferenciante de Marketing, Innovación y Estrategia. Miembro del Consejo Asesor del Máster para Centros Educativos del Centro Universitario Villanueva (Madrid)
Aunque España ha mejorado en 20 puntos en comprensión lectora y 3 en matemáticas respecto al 2006 –ésta es la buena noticia- y repite resultados en ciencias, la educación del país sigue estando por debajo del promedio de la OCDE en todos los casos. Existe un grupo elevado de alumnos que presentan resultados "insuficientes", datos parecidos a la media de OCDE. En cambio, sólo un 3% de ellos saca resultados "excelentes", cuando en la media de la OCDE hay un 8%.
Los resultados de determinados estudios internacionales insinúan una España ideal para jubilados ociosos, deseosos de aprovechar el clima, sus playas y parajes naturales y dejar correr el tiempo con un buen batido de coco o un helado de café entre siesta y siesta. Los datos no invitan a invertir en empresas peninsulares, o a investigar o a estudiar en sus universidades, sino a pasar el último tercio de la vida en la costa mediterránea tomando el sol.