La orientación para la inclusión social y la oportunidad de tener una forma propia en el mercado de trabajo

Xavier Orteu,
Director de Insercoop y miembro del Grup de Recerca en Educació Social (GRES) (Catalunya)
02/10/2019

Quizás la primera pregunta que debemos hacernos con relación a la cuestión de qué aporta la orientación académica y profesional a la inclusión social, tiene que ver justamente en qué entendemos por estar orientado. Y qué entendemos en relación con el objetivo de la inclusión social.
 
Para empezar, conviene situar tres aspectos previos. Primero: entendemos que orientarse supone tener un cierto conocimiento de la dirección que se sigue en torno a los puntos cardinales o bien otras referencias. Por lo tanto, hará falta pensar qué elementos de referencia sirven cuando la dirección de la orientación es la inclusión social. El segundo aspecto nos permite situar mejor qué es estar desorientado. Desde la perspectiva de la inclusión social, estar desorientado significaría no tener, o en su caso, haber perdido, los puntos de referencia que permitían a la persona mantener una dirección. Dirigirse a un determinado objetivo. Y finalmente, el tercer aspecto tiene que ver con no confundir la desorientación, es decir, la pérdida de los puntos de referencia con el hecho de perder el objetivo que se persigue. Esta última cuestión es fundamental porque nos permite entender que estar desorientado supone no saber cómo llegar, pero sí dónde queremos ir.
 
Con estos elementos previos, podemos entender mejor cuál es la problemática de la orientación académica y profesional cuando el objetivo es la inclusión social.
 
Habitualmente el objetivo de la inclusión social se vincula con encontrar un empleo. Para pensar la relación entre la orientación y la búsqueda de trabajo nos podemos imaginar la búsqueda de un cierto equilibrio entre la necesidad de trabajar y el deseo de que ese empleo nos recompense y se amolde a nuestro interés. En esta basculación, la orientación busca el punto en el que cada sujeto pueda construir su proyecto de futuro que sea al mismo tiempo gratificante y realista.
 
Lo que nos encontramos con frecuencia es que en los casos en los que el objetivo es la inclusión social esta posibilidad de que el sujeto encuentre su propio equilibrio, se reduce al máximo.  Muchos de los programas que trabajan esta cuestión ponen la mayor parte del peso en la necesidad de ingresos y reducen el peso de los intereses del sujeto. Se rebajan los objetivos únicamente a las oportunidades de empleo, buscando que el sujeto renuncie a sus propios intereses en nombre de la pragmática de la situación.
 
Aquellos sujetos que no disponen de unos buenos puntos de referencia para guiarse fácilmente no alcanzaran los objetivos que se plantean. No por imposibles, sino por no saber cómo y por falta de confianza en ellos mismos. Esta cuestión afecta directamente a los profesionales ya que, con frecuencia, el resultado, es la precarización de la situación de estas personas. El efecto de este planteamiento no es una mayor inclusión sino un mayor sometimiento a la lógica del mercado de trabajo que muchas veces se visualiza como inserción laboral en precario.
 
Podemos decir que se trata de una profecía autocumplida. Cuantas menos posibilidades se le atribuyen a la persona, menos capacidades es capaz de movilizar, menos herramientas se le ofrecen para transformar su futuro y más frágil es el proyecto que es capaz de construir. Se debilita su posición y se le conduce a un escenario de precariedad laboral, económica y simbólica.
 
"Orientar para la inclusión tiene que ver con mejorar los referentes que uno va a utilizar para fijar sus objetivos. Cuanto mejor y más solventes son estos referentes más capacidad tiene la persona para tomar sus propias elecciones".
 
Sustituir el objetivo de la persona por un resultado esperado (en términos de inserción laboral) tiene el precio del borramiento del sujeto. Reduce al mínimo la particularidad con la que cada uno es capaz de hacer vínculo con esa actividad humana que llamamos empleo. A la persona se la desposee de los elementos que le permitirían una toma o un cambio de posición respecto a su futuro.
 
Ante esto, los profesionales de la orientación académica y profesional no debemos trabajar para un determinado resultado, esto dependerá de cada sujeto, sino para reforzar los puntos de referencia con los que cada sujeto va a poder pensar en su futuro. Los marcos en que uno puede entender la realidad en la que habita para tomar sus propias decisiones y transformarla si así quiere. Generar espacios en los que el deseo pueda encontrar la manera de canalizarse a través del empleo.
 
Para finalizar voy a tomar una frase de Antoine de Saint-Exupéry, el autor del Principito. En uno de sus libros, Ciudadela, publicado el 1948, decía lo siguiente: "Si quieres construir un barco, no empieces por buscar madera, cortar tablas o distribuir el trabajo; primero has de evocar en los hombres el anhelo de mar libre y ancho."
 
Construir un navío no es tejer las telas, forjar los clavos o leer los astros. Primero es transmitir el gusto por el mar. Crear el navío no es preverlo en detalle, sino aportar a los hombres la inclinación hacia el mar. Orientarse para la inclusión social supone ser capaz de despertar el deseo con relación a conocer el mar. Después ya veremos si construimos un barco, un puente o un submarino.
 
Orientar para la inclusión tiene que ver con mejorar los referentes que uno va a utilizar para fijar sus objetivos. Cuanto mejor y más solventes son estos referentes más capacidad tiene la persona para tomar sus propias elecciones.  
 
El punto de partida de la orientación académica y profesional para la inclusión social no es saberse adaptar a un contexto o dar respuesta a una necesidad de mano de obra del mercado de trabajo, sino situar el propio interés de la persona. En un entorno volátil, cambiante y saturado al mismo tiempo, el elemento de mayor estabilidad es el propio deseo. La orientación para la formación, por lo tanto, debe responder en primer lugar a esta necesidad de poder dar forma al valor de uno mismo en el mercado. Tiene que permitir formularnos esta cuestión. Situar el propio deseo. La orientación en relación con la formación es el marco que ofrece la posibilidad de tener una forma posible y propia en el mercado de trabajo. 
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