Competencias para el emprendimiento

António Augusto Baptista Rodrigues,
Doctorado en Dirección de Empresas y Gestión de Marketing, y docente e investigador en el Instituto Superior de Educação e Ciências (ISEC) (Portugal)
24/07/2019

Ante los diversos cambios vertiginosos a los que las organizaciones se enfrentan en un mundo globalizado, los empresarios requieren establecer estrategias necesarias a fin de poder lograr rentabilidad y crecimiento en sus compañías. Para ello, se debe considerar que el desempeño de las organizaciones dependerá de las competencias emprendedoras que desarrollen los propios empresarios, puesto que es de suma importancia que la alta gerencia gestione la cultura, la visión, los procesos, los grupos de interés y el desarrollo del rendimiento.
 
Muchas de las economías que hoy en día son más competitivas tienen como característica común el ser países con un gran dinamismo emprendedor, lo que implica no sólo que la tasa de apertura de negocios es mayor que la de cierre de los mismos, sino que también se consigue que productos y servicios innovadores lleguen al mercado.
 
A este respecto cabe destacar el Entrepreneurship 2020 Action Plan de la Comisión Europea, concebido como pilar decisivo para el fomento del emprendimiento y, por ende, para la creación de puestos de trabajo, tal y como destaca la Comisión en su comunicado Towards a job-rich recovery (2012).
 
El sistema educativo, y la Universidad en particular, es un motor incuestionable del desarrollo y la prosperidad de un territorio. No sólo por su función educativa, sino por su papel transformador de un modelo productivo y social
 
McClelland, introduce el concepto de competencia en el terreno laboral al proponer que las personas deben tener una serie de habilidades para desempeñar bien su trabajo. Esta propuesta fue revolucionaria en el ámbito de la dirección de empresas que la adoptó sin fisuras al asumir que el mejor candidato a un puesto de trabajo sería una persona que reúna las competencias definidas al diseñarlo, más allá de su capacidad intelectual o de su carrera profesional.
 
En la literatura especializada, suele haber una distinción entre los conceptos de competency y competence al momento de realizar las descripciones sobre los aspectos que se deben fomentar. Mientras competence se refiere a la evaluación del desempeño en un dominio específico de actividad y son constructos interaccionales (tienen tres partes: diferencias de los individuos, comportamientos definidos situacionalmente y criterios socialmente diseñados para el desempeño), competency es una clase de cosas que pueden ser usadas para caracterizar a los individuos y sus comportamientos, es decir, son distintas del conocimiento y habilidades, puesto que ésta no está compuesta solo por los atributos de los individuos, sino que también dependen de la situación y de la estructura social (Mitchelmore y Rowley, 2010).
 
Existe una larga tradición de investigaciones que indagan acerca de las diversas competencias de emprendimiento que son necesarias para tener éxito en el área, es decir, la investigación y práctica relacionada con esta competencia está dirigida por las aspiraciones por lograr un desempeño superior y la posibilidad por obtener éxitos económicos (Mitchelmore y Rowley, 2010). Las primeras investigaciones intentaban entender a los emprendedores buscando identificar sus rasgos y características, sin embargo, resultaba una tarea muy compleja y no se pudieron establecer con claridad.
Las competencias para el emprendimiento se han definido de diferentes maneras:
 
  1. Se definen por las características subyacentes a los individuos como el conocimiento específico, la motivación, rasgos, autopercepción, roles sociales y habilidades que pueden llegar a producir el nacimiento, crecimiento o supervivencia de una empresa (Bird, 1995, cit. en Mitchelmore y Rowley, 2010).
     
  2. La habilidad total de un emprendedor para ejecutar un trabajo específico de manera exitosa (Men et al., 2002, cit. en Mitchelmore y Rowley, 2010).
     
  3. El rango de habilidades y competencias requeridas para echar a andar un negocio es cuantitativa y cualitativamente diferente a las que se necesitan en las grandes empresas. Por tanto, se refuerza el carácter individual de este tipo de competencias (Johnson y Winterton, 1999, cit. en Mitchelmore y Rowley, 2010).
     
  4. Se han definido, además, en términos de rasgos, habilidades y conocimientos y cómo éstos son aplicados en los diferentes contextos del emprendimiento. En esta línea, la mayor parte de los investigadores reconocen que hay una dicotomía mayor en las competencias de emprendimiento. Asimismo, diferencian entre las competencias para comenzar un negocio de aquellas que son necesarias para manejar un negocio hacia el crecimiento (Lau, et al., 1999, cit. en Mitchelmore y Rowley, 2010).
 
"No se puede hablar en competencias clave de una persona emprendedora como una cuestión de suceso o no del emprendedor. Mejor que competencias claves serán las competencias adecuadas a un determinado contexto económico, histórico, cultural y social".

En términos de competencias prácticas de los emprendedores se pueden establecer las siguientes:

1. Utilizar la investigación 

Es la tendencia a buscar datos reales que permitan dar soluciones a los problemas. Los buenos emprendedores aprovechan las investigaciones, en especial, las que sirven para desarrollar sus capacidades.
 
2. Aprovechar las oportunidades

Los emprendedores están pendientes de aquellos retos que pueden surgir, no solo de sus propios proyectos. Saber identificar las oportunidades es una cualidad útil si luego se aprovechan.
 
3. Ser resilientes

Tener la capacidad de resistir las adversidades sin sufrir daños es un gran paso para poder superarlas. Además, es una actitud que aporta fortaleza ante los futuros problemas.
 
4. Tener una visión global

Una visión holística permite tener en consideración todos los factores que rodean al negocio. Esta perspectiva ofrece más información y sirve para alertar sobre posibles riesgos.
 
5. Ser adaptativos

La capacidad de adaptarse a los cambios asegura la supervivencia. La idea inicial del negocio puede ir mejorándose a medida que se pone en práctica. El emprendedor debe ser flexible para saber adaptarse a un entorno cambiante.
 
6. Saber comunicarse

La comunicación es vital para el éxito. Es necesario saber transmitir a los socios, colaboradores, empleados, proveedores o clientes. Ser didáctico, claro y persuasivo son cualidades que ayudan a la buena comunicación.
 
7. Aplicar el pensamiento crítico

Un rasgo esencial del buen emprendedor. Las cosas no se hacen porque sí ni por seguir una tradición, hay que analizar las razones y encontrar la mejor manera de solucionar los problemas.
 
8. Actuar de forma ética

No todo vale para alcanzar un fin. Los proyectos deben construirse de forma sólida, transmitiendo confianza a todos los implicados. Es importante mostrar un comportamiento ético y de respeto desde el primer momento.
 
9. Tener capacidad de negociación

Un buen emprendedor debe saber desenvolverse en las negociaciones para alcanzar acuerdos. Esto afecta a la plantilla y socios, pero también a todos los agentes externos al negocio.
 
10. Tener liderazgo

Otro rasgo que se puede potenciar, adquirir y mejorar es el de liderazgo. Es una de las características más importantes, porque sirve tanto para organizar el trabajo como para dirigir a los trabajadores.
 
11. Fomentar el espíritu de equipo

El negocio no puede crecer sin un equipo cohesionado. La capacidad de ser líder no sirve de nada si no se logra organizar el trabajo de la plantilla y debe hacerse de una forma en la que todos se sientan útiles.
 
12. Saber gestionar

Un buen emprendedor debe ser un buen gestor. Es importante gestionar el tiempo, el espacio de trabajo, las prioridades de actuación y el equipo humano antes mencionado.
 
No se puede hablar en competencias clave de una persona emprendedora como una cuestión de suceso o no del emprendedor. Mejor que competencias claves serán las competencias adecuadas a un determinado contexto económico, histórico, cultural y social, y que conduce a la creación. Tomando las palabras de Peter Drucker "La mejor manera de predecir el futuro…es crearlo".
 
Estas competencias adecuadas exigen que el emprendedor se encuentre en formación permanente. El emprendedor debe estar siempre al día de las innovaciones y mejoras que puede aplicar a su negocio, pero también sobre aquellas que le afectan de manera individual.
 
Finalmente, el proceso emprendedor, en su conjunto, requiere el desarrollo de actitudes y valores como: la iniciativa para poner en marcha proyectos y actividades sin necesidad de presiones externas; la predisposición a actuar de una forma creadora e imaginativa; la resiliencia para ser perseverante y a la vez flexible para ajustarse con agilidad a condiciones y situaciones cambiantes; la motivación, la determinación y la fuerza de voluntad a la hora de cumplir los objetivos, ya sean personales o establecidos en común con otros.
 
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