Posibilidades y dificultades del educador ambiental como profesional

Artículo de opinión

El sector del medio ambiente es sin lugar a dudas un sector emergente con muchas posibilidades laborales y profesionales en los próximos años. Es probablemente el sector con mayor número de empresas de reciente aparición, a un ritmo que empieza a ser ya preocupante, sobretodo si nuestra sociedad no pone límites a algunas cuestiones.

  • 08/11/2004

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Los motivos de dicho crecimiento son muchos y variados, pero entre ellos, destacar la necesidad creciente de introducir el medio ambiente como un valor en nuestras decisiones cotidianas.

La novedad expresada no está exenta de las problemáticas que arrastra el sector medioambiental, entre ellas y por citar una de las más preocupantes: el bajo reconocimiento profesional y los altos índices de temporalidad que sufre dicho sector.
Entre los perfiles más demandados del sector encontramos la figura del educador ambiental a la cual dedicaremos las próximas letras.

Por educador ambiental -entre otras muchas definiciones- entendemos la persona que participa en proyectos educativos con el objetivo de acercar el medio ambiente a la sociedad y conseguir una mayor integración de los individuos y los colectivos en el propio entorno. Es un profesional que no tiene unos contenidos muy acotados ni un público muy definido. Los contenidos pueden ser muy amplios, por no decir que cualquier contenido puede ser objeto de la educación ambiental, y los públicos muy amplios también, entendiendo que pueden ser todos o debieran ser todos.
En la mayoría de los casos esto se traduce en un profesional que realiza actividades de dinamización y guía de grupos en itinerarios de naturaleza, talleres, juegos, actividades al aire libre, actividades deportivas, etc. Un trabajo muy condicionado por el período primaveral, veraniego y el buen tiempo, variable que muchas veces dificulta una buena profesionalización, convirtiéndose en una experiencia muy enriquecedora para el profesional, pero precaria, temporal y de camino hacia otra profesión, a veces en el campo educativo si hablamos de educación formal y otras veces muy distante de este.
También cabría destacar la inexistencia de convenios colectivos en este sector adaptados a la realidad existente. Este aspecto deja en manos de criterios privados y económicos decisiones tan importantes como los salarios que deben aplicarse y los derechos y obligaciones de los trabajadores y empresarios.

Junto a esta realidad encontramos serias dificultades en el campo formativo. Las personas que se acercan a este mundo laboral de la educación ambiental, pueden tener un currículo profesional de lo más variopinto. Esto no tiene porque ser contraproducente para la profesión, pues la educación ambiental si algo es, es multidisciplinariedad y heterogeneidad, con lo cuál muchas veces un profesional se adapta al proyecto o el proyecto se adapta al profesional. A pesar de este origen tan heterogéneo, cierto es, que no existe una formación clara y específica para el sector. No hay un diseño curricular concreto y definitorio que ayude a un joven con interés en dicha profesión, a escoger con facilidad cuáles deben ser sus estudios. Tal vez unos estudios básicos y generales sean suficientes y cabe pensar en estudios formativos superiores especializados. No obstante también es cierto que la educación ambiental es una educación basada en proyectos y cada proyecto debe buscar los profesionales que se adapten a cada necesidad. La realidad profesional nos demuestra que los circuitos curriculares dentro del campo de las ciencias experimentales, biología, ciencias ambientales y otras áreas más humanistas y pedagógicas como geografía, magisterio y educación social son las más habituales en el sector. Coincide con colectivos de personas que tienen dificultad para encontrar un puesto de trabajo estrechamente relacionado con sus estudios, en este caso el sector medio ambiente y naturaleza combinado con la educación se convierte -aunque muchas veces de forma pasajera- en una posible salida profesional. Existen algunas realidades formativas específicas en materia de educación ambiental, pero son sin lugar a dudas insuficientes y económicamente poco viables para quien las organiza, con lo cual podemos pensar que la Administración Pública debiera dedicar mayores esfuerzos económicos a este tipo de actividades, dada su importancia, la fuerte demanda y la necesidad existente.

En conjunto no podemos ser muy optimistas, la realidad de la educación ambiental es sin lugar a dudas poco clara y nada fácil. A pesar de ello, cada día más personas dedican su tiempo a tan noble esfuerzo social y pedagógico, y así debe ser, pues la necesidad de acercar el medio ambiente a los colectivos y a las personas es cada vez más necesaria e imprescindible.
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