“ Lo mejor que podemos hacer para animar a las niñas a estudiar ciencia y/o tecnología es no desanimarlas ”

Núria Salán,
Profesora de la Universitat Politècnica de Catalunya y presidenta de la Societat Catalana de Tecnologia. Premio Mujer y Tecnología 2017 de la Fundación Orange
29/11/2017

Núria Salán (Barcelona, 1963) es licenciada en Ciencias Químicas y doctora en Ciencia de Materiales e Ingeniería Metalúrgica por la Universitat Politècnica de Catalunya, institución a la que se halla vinculada profesionalmente desde hace 25 años. Actualmente ejerce como docente en la  Escuela Superior de Ingeniería Industrial, Aeroespacial y Audiovisual de Terrassa (ESEIAAT) y como subdirectora de Promoción Institucional y Estudiantado de dicho centro.
 
Además, ha coordinado el Programa de Género de la UPC desde su creación hasta 2015, desde donde ha impulsado proyectos de investigación, planes de igualdad y programas de mentoría para mujeres. Es como presidenta de la Societat Catalana de Tecnologia desde 2016 y en 2017 ha ganado el premio Mujer y Tecnología de la Fundación Orange por su labor en los ámbitos de la tecnología  y la innovación social. Divulgadora nata, reivindica la utilidad de la tecnología para hacer la vida más fácil a las personas y denuncia la invisibilidad de las mujeres en el ámbito de la Ciencia y la Tecnología.

¿Existen condicionantes de género a la hora de elegir unos estudios o una profesión?

Pues, aunque me gustaría decir que no, me temo que sí, que hay condicionantes. A los niños, en primaria, se les anima a estudiar carreras técnicas y se les valora la creatividad, el emprendimiento y la inquietud. Y cuando ellos, de manera espontánea, indican su voluntad de decantarse por estudios complejos de tecnología, en raras ocasiones se les pregunta el motivo de su elección. A las niñas, en cambio, cuando muestran intención de estudiar ingeniería o cualquier estudio del ámbito TECH-TIC, no es extraño que se les pregunte "¿por qué?". Esa pregunta, que nunca es malintencionada, en ocasiones supone un freno para esa niña que, de repente, se da cuenta de que debe dar explicaciones en una situación en la que su compañero de clase, niño, no las ha de dar... Esta situación hace que algunas niñas den "un paso atrás" en su elección.

Además, sigue habiendo tópicos como que "las matemáticas no son para chicas", las carreras "difíciles" no son para chicas... ¡No es cierto! Muchas chicas se deciden por estudios de medicina, o de derecho, que son difíciles, y no se pone en duda si son "aptas" o no. ¿Por qué se cuestiona su intención cuando quieren estudiar ingeniería? Me temo que no hay respuesta...
 
¿Cómo han evolucionado a lo largo del tiempo? Es decir, ¿vamos a mejor, a peor, estamos estancados…?

Pues no hemos evolucionado como era de esperar... Cuando yo estudiaba Metalurgia, hace muuuuuchos años, éramos dos chicas en un grupo de 15 personas. A día de hoy, en una asignatura optativa de Caracterización de Materiales Metálicos, en un grupo de 15 vuelvo a tener dos chicas... Tenemos un porcentaje de chicas inferior al 30% en todas las politécnicas del país, y no hemos superado ese valor en las últimas décadas.
 
¿Cómo se expresan estos condicionantes antes de elegir unos estudios, durante y después de finalizarlos?

Como he comentado antes, en los años iniciales de formación, los maestros y las maestras son referentes. Si se impartiesen contenidos de tecnología (no difíciles, sino contenidos "normales" pero explicados con el "plus" de la facilidad que supone poder hacer cosas con soporte tecnológico), se animarían por igual niños y niñas, porque en su escenario de opciones de futuro, la tecnología estaría presente como cualquier otra disciplina u opción. Y, sobre todo, se ha de evitar desanimar a las chicas. Si pueden hacerlo, lo harán. Si no, ya lo verán ellas mismas cuando llegue el momento (aunque la historia nos demuestra que tenemos un menor índice de abandono de estudios en chicas que en chicos...).

Conocer qué puede hacer la tecnología por la sociedad es clave para que se valoren estos estudios como necesarios. Destacar los logros tecnológicos que nos han mejorado la calidad de vida es fundamental. Gracias a estas mejoras, se han suavizado (o eliminado) barreras físicas y sensoriales. La vida sin tecnología sería mucho más complicada, ¿no? ¡Pues esa es la idea!
 
¿Existe alguna peculiaridad específica en el ámbito de la tecnología y la ciencia?

Ese falso mito de la dificultad... No son carreras más difíciles que otras de humanidades o de letras. Tienen números, sí, pero eso no tiene por qué ser una dificultad. Las matemáticas son necesarias para el día a día. Sin automatismos ni robots, nuestra vida sería muy complicada: ¿Subir a un 5º piso sin ascensor? ¿Lavar a mano? ¿Vivir sin wifi? No nos lo podemos imaginar, ¿no? Pues todo esto ha venido de la mano de la tecnología  y sus desarrollos. Y muchas mujeres nos han "obsequiado" sus inventos para que vivamos mejor: lavavajillas, limpiaparabrisas, wifi, bluetooth, gps... ¡¡Todos son inventos de mujeres!!
 
¿Qué acciones se están llevando a cabo actualmente en el ámbito educativo y formativo para erradicar estos condicionantes?

Se está dando visibilidad, por fin, a las mujeres de ciencia y, sobre todo, a las de tecnología. Que se destinen horas docentes a buscar cómo fueron esas primeras mujeres y en qué condiciones pudieron desarrollar su vida (en algunos casos, vestidas de hombre, o utilizando pseudónimos masculinos, o a la sombra de sus maridos o jefes) ayuda a dar dimensión a su trabajo, ¡que fue bueno y duro!

Que se dé importancia a la "escasez" de nombres femeninos en los lugares destacados de la ciencia y la tecnología, ayuda a ver que ha habido un agravio histórico. Y no es bueno quedarse con lo negativo, sino que es bueno enfocar esto como una oportunidad para "deshacer" estos agravios: que no se repitan aquellos escenarios.

Este trabajo "de campo" es fundamental para que las generaciones que hoy están en las aulas, y que serán las futuras generaciones de profesionales, vean que no está todo hecho, que queda mucho todavía por hacer para conseguir la equidad y la paridad en determinados escenarios. Y que se vea con normalidad que haya mujeres en profesiones relacionadas con la soldadura, la forja, la metalurgia, la ingeniería, la programación, la gerencia, la dirección de empresas... ¡¡Esto ayudaría mucho!!
 
¿Qué medidas cree que deberían tomarse para contribuir a su erradicación? ¿Conoce algún modelo internacional que pueda servirnos de referente o inspirador?

Diseñar planes de estudio en los que se fomente la igualdad de formación para niños y para niñas, eliminar los juguetes sexistas o la interpretación sexista que se les suele dar (si a una niña le gusta jugar con muñecas, fantástico, pero que eso no sea una limitación si esa niña quiere ser astronauta... ¿O es que las astronautas no juegan con muñecas?), que la tecnología sea una asignatura más desde P3, que se imparta con naturalidad, sin añadir dificultad (¡que no la tiene!) sino como una herramienta transversal para hacer la vida más fácil en todos los ámbitos. Lo mejor que podemos hacer para animar a las niñas a estudiar ciencia y/o tecnología, es ¡¡no desanimarlas!!

¿Referentes? Creo que hay muchos nombres de mujeres notables que han pasado desapercibidos porque no han salido en los libros de texto. Os diré  unos cuantos: Josephine Cochrane, Mary Anderson, Hedy Lamarr, Stephanie Kwolek, Beulah Louise Henry, María la Judía, Hipathia, Hildegarda de Bingen... Que en primaria busquen quienes fueron, qué reconocimiento tuvieron en su momento y que se pregunten por qué sus nombres no salen en los libros de texto, mientras que sí que aparecen nombres como Edison, Franklin, Leonardo Da Vinci, Guttemberg, ...

Otro ejercicio interesante sería ver cuántos hombres y cuántas mujeres han gozado del reconocimiento de los premios Nobel... Ahí tenemos otro frente de ataque: el reconocimiento.
Si un año los Nobel los ganasen sólo mujeres, ¡sería la pera! Pero oiríamos cosas como que "se lo han dado por ser mujeres", "eso es discriminación positiva" (como si fuese malo). Pero no nos sorprende ver que, un año tras otro, encontramos paneles de galardonados Nobel sólo formados por hombres. Pues eso: que falta reconocimiento. ¡¡¡Y yo me pido un Nobel!!! 
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