¿Mató el vídeo a la vieja estrella de la radio?

Lola Moreno Lozano,
Profesora de Lengua castellana, Lengua valenciana y Literatura universal en el Colegio Santa Ana (Valencia)
27/04/2017

Comenzaban los años 80 y The Buggers, un grupo británico, ponía ritmo al verano contándonos la historia de una vieja estrella de la radio que veía cómo su estela se esfumaba ante el auge de las imágenes que ofrecían los vídeo-clips. Parecía una premonición. ¿Llegaría realmente a acabar la nueva tecnología del momento no sólo con aquel cantante, sino con toda una forma de vida?

El paso del tiempo nos ha confirmado que el medio de comunicación más rápido que existe ha tenido sus altibajos, incluso se ha tenido que amoldar en la medida de lo posible a la nueva era, pero para nada ha desparecido. La radio ha sabido cambiar e innovar. Lo que podía haber sido una amenaza se ha convertido en su aliada.

El ejemplo podría extenderse a otros casos. De hecho, nuestra historia está llena de situaciones similares. Sólo hay que ponerse a relacionar un poco. Así que, cuando me planteo el futuro de algo tan necesario y vital como las humanidades frente a la tecnología, mi previsión es positiva. Lo último que tendríamos que hacer es enfrentarnos. ¿Por qué no buscamos mejor el camino de la conciliación? ¿Quién ha dicho que un campo excluya al otro, o que no sean ambos necesarios? Aunque cada uno tenga su punto neurálgico centrado en aspectos diferentes, necesitamos uno y nos beneficiamos del otro, y que cada quién acuñe el antecedente como quiera.

La última ley educativa, la LOMCE, ha denostado a la Filosofía y a la Literatura Universal relegándolas a un plano secundario que en nada se merecen y que hace peligrar su subsistencia. A pesar de ello, muchos jóvenes reclaman la presencia de ambas asignaturas porque saben que en ellas (junto con Historia, Economía, Historia del Arte o Música, por ejemplo) se encuentran la base del ser humano. Si careciésemos de ese conocimiento el futuro estaría plagado de incógnitas peligrosas. Sólo hay que recordar la serie de distopías que se escribieron desde inicios del siglo pasado.

Como tantos y tantos filósofos, necesitamos entender nuestros sentimientos; como tantos protagonistas de novelas, también nos vendrá bien saber de dónde venimos, qué errores y aciertos cometemos para fomentar un PENSAMIENTO CRÍTICO que nos haga elegir bien ante cualquier tema, sea tecnológico o no. Es decir, necesitamos conocer a los clásicos. Edipo, Ulises, Hamlet, Montag… son sólo una pequeña muestra de lo que el ser humano ha significado siempre.

No podemos pensar en un futuro mejor si éste sólo se basa en lo científico y tecnológico. Detrás de las máquinas debe haber PERSONAS formadas para tomar las decisiones adecuadas. Huyamos de una realidad como la que se describe en Fahrenherit 451, por ejemplo, en la que se elimina cualquier elemento que esté relacionado con el pensamiento autónomo y reflexivo. Alejémonos de la felicidad superficial y resaltemos los valores que la cultura proporciona.

Volviendo a la canción, quizá el vídeo matara a aquella vieja estrella, pero no acabó con el medio de comunicación que anteriormente la había hecho conocida. Hoy en día podemos encontrar múltiples herramientas (geolocalización, gamificación, redes sociales, stop-motion, tutoriales, webs, blogs, etc.) que nos allanan el camino hacia la conexión entre las letras y la tecnología. Aprender a usar algunas de ellas y crear actividades requiere un poco de tiempo, pero el resultado merece la pena.

Por ejemplo, para evidenciar la relación que existe entre la Literatura y el Arte creé hace varios cursos una página en una red social. Normalmente empezábamos la clase observando una obra en concreto y luego pasábamos a leer, explicar y comentar nuestras impresiones. De ahí surgió la idea de poder visitar una de las pinacotecas más famosas del mundo, el Prado. Este curso, para aprovechar mejor la cita, he preparado un plano interactivo del Museo del Prado en el que se resaltan algunas salas. Los alumnos acceden a él por medio de un aula virtual. Deben buscar unas obras determinadas, leer los enlaces que se adjuntan (que remiten a textos estudiados en clase previamente) y las cuestiones planteadas. Luego, una vez acabada la visita, de vuelta en el centro, elaboran una reseña con sus opiniones en una plataforma digital.

Seguro que ésta es sólo una pequeña muestra de lo que se puede hacer. Nuestro papel como docentes ha cambiado. Sería positivo darle la mano a la tecnología e iniciar una nueva marcha en la educación.
 
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