Las humanidades se reinventan al amparo de la cultura digital

Eva Jiménez Gómez,
Redacción de Educaweb
27/04/2017

No resulta fácil definir las humanidades, por mucho que el concepto resulte ampliamente conocido. También cuesta explicar por qué son tan relevantes para la humanidad, valga la redundancia, a pesar de los numerosos testimonios en su favor. ¿Será que no terminamos de creérnoslo? ¿Por qué se promueven tantas campañas para fomentar las vocaciones en las disciplinas STEM (Ciencias, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) y tan pocas para promover el humanismo? ¿Y sigue teniendo sentido distinguir entre Humanidades y Ciencia/Tecnología en la era de Internet? De todo esto y mucho más trata el monográfico sobre las vocaciones humanísticas en la era digital.

El diccionario de la Real Academia Española define las humanidades como el "conjunto de disciplinas que giran en torno al ser humano, como la literatura, la filosofía o la historia". El estudio del hombre y sus manifestaciones más genuinas constituyen, por tanto, el núcleo de lo que hemos convenido en llamar las Humanidades. Estas son importantes porque, como explica la American Academy of Arts and Sciences, "nos recuerdan nuestro pasado y nos ayudan a visualizar hacia dónde nos dirigimos. Al hacer hincapié en las perspectivas críticas y las respuestas imaginativas, las humanidades –que incluyen el estudio de lenguas, literatura, historia, cine, educación cívica, filosofía, religión y artes- fomentan la creatividad, la valorización de nuestras similitudes y diferencias, y una amplia gama de conocimientos" (El meollo de la cuestión. Las humanidades y las ciencias sociales para una nación vital, competitiva y protegida, 2013). Comprensión del pasado, espíritu crítico en el presente y visión de futuro son algunas de las competencias que adquieren quienes llevan hasta el final su vocación humanística.

Ahora bien, las humanidades apenas se mencionan en el discurso público, salvo para lamentar su ausencia, en forma de falta de ética y valores, en la constatación de crisis de sentido, banalización de la cultura y ausencia de grandes ideales en favor del género humano. Sí se escucha hablar, y mucho, de la necesidad de despertar vocaciones científico-tecnológicas, de la importancia de formar a las nuevas generaciones en profesiones que requerirán variadas competencias digitales.  Basta con comparar los resultados en Google para las "humanidades" (29 millones de resultados) y las "ciencias" (163 millones) o la "tecnologia" (411 millones) para vislumbrar qué pesa más en nuestra sociedad.

La propia Unión Europea anima a formarse en disciplinas STEM, pues estima que en 2020 harán falta 500.000 profesionales vinculados a las Tecnologías de la Información y la Comunicación. Al mismo tiempo, sin embargo, alerta de la necesidad de combinar el aprendizaje de estas competencias con otras más ‘soft' o transversales como las habilidades comunicativas, el trabajo en equipo o el pensamiento creativo (EU Skills Panorama 2014). Ahora bien, ¿por qué se denominan ‘soft' o suaves? ¿Acaso las competencias humanísticas son menos importantes que las científico-tecnológicas? ¿Este es el papel al que se reducen las humanidades en el siglo XXI o, como apuntan algunos autores, ha llegado el momento de poner en diálogo las humanidades con las ciencias y empezar a hablar de las humanidades digitales o de una Tercera Cultura?

La filósofa Adela Cortina lo tenía muy claro cuando, al reflexionar sobre el futuro de las humanidades,  concluía su pensamiento con la idea de que "es en esta articulación de las innovaciones en ciencias, técnicas y humanidades en la que nos jugamos el futuro del bien humano" (El futuro de las humanidades, 2013). Las personas que colaboran en este monográfico se pronuncian en el mismo sentido. La distinción entre "ciencias" y "letras", que todavía pervive, se han podido realizar "por motivos pragmáticos, académicos o laborales", apunta la Catedrática Emérita en Orientación y Formación Profesional de la Universitat de Barcelona, María Luisa Rodríguez Moreno, pero tal vez ya no tenga demasiado sentido mantenerla. Es más, apunta la colaboradora: "La tecnología no sólo no va a reducir el valor de las humanidades, sino que va a facilitar el progreso intelectual y la sabiduría en cualquier ámbito".

De las éticas aplicadas a las Humanidades Digitales

"La revolución de las éticas aplicadas", en expresión de Adela Cortina, constituye un claro ejemplo de la mayor vinculación existente entre ciencias y tecnologías por un lado y humanidades por otro, y en este monográfico se observa con cierto detalle las posibilidades y limitaciones de esta relación en el campo de la formación en Ingeniería, de la mano de los profesores de la Universitat Politècnica de Catalunya, Joan Domingo y Joan Segura.

Entre las múltiples posibilidades de colaboración entre Humanidades y Tecnología, parece haber hecho fortuna la expresión Humanidades Digitales, un término que ha arraigado en el ámbito a raíz de la publicación de la obra A Companion to Digital Humanities, editada en 2004 por Susan Schreibman, Ray Siemens y John Unsworth. Ahora bien, esta colaboración interdisciplinar ya se venía realizando desde mucho antes. Es más, se suele considerar al jesuita Roberto Busa como el primero en aplicar la informática a la investigación humanística, al tratar de generar automáticamente unas concordancias, esto es, un índice de todas las palabras usadas en la obra de Santo Tomás ordenadas alfabéticamente y en su contexto. El estudio comenzó en 1949 y finalizó en los años 70, con la publicación de 56 volúmenes impresos que más tarde se recopilarían en un CD-ROM (1989) y, mucho más tarde, en una página web (2005).

El manejo de grandes volúmenes de datos constituye una de las posibilidades que la digitalización ha aportado a las Humanidades, hasta el punto de que la directora del Laboratorio de Innovación en Humanidades Digitales de la Universidad Nacional de Educación a Distancia, Elena González-Blanco García, estima que estamos ante una nueva disciplina, y no tan sólo ante una nueva manera de hacer las cosas: "Es lo que se conoce como ‘lectura distante', en términos de Franco Moretti, y que permite una sola persona con un ordenador pueda analizar y comparar 200 libros cuanto antes sólo podía manejar un puñado".

El entrevistado de este especial, el ex director general de la UNESCO y presidente de la Fundación Cultura de Paz, Federico Mayor Zaragoza, no tiene tan claro que se trate de una nueva disciplina, pues afirma con contundencia que "las humanidades digitales no existen. Son humanidades digitalizadas". La coordinadora del Máster en Letras Digitales de la Universidad Complutense de Madrid, Amelia Sanz Cabrerizo, considera que ambas perspectivas no resultan incompatibles, pues "hoy todos pueden considerarse humanistas digitales porque todos estamos en pantalla",  al mismo tiempo que dichos avances contribuyen a mejorar la calidad de la investigación: "Antes nos conformábamos con cinco ejemplos como muestra de cientificidad; hoy podemos conseguir 5.000 pruebas. Nuestras fuentes son hoy más verídicas".

El coordinador del Máster en Humanidades Digitales de la Universitat Autònoma de Barcelona, Ramón Valdés Vázquez, apunta en una dirección parecida y llega incluso más lejos, al hacer referencia al concepto de e-Ciencia: "Las bases de datos o el tratamiento informático de imágenes pueden implicar avances insospechados. Y también compartimos los métodos y principios a los que la informática nos invita: el trabajo colaborativo, los códigos abiertos, la cultura y la ciencia abiertas, en el sentido de accesibles a todos". Estos principios se hallan recogidos, por cierto, en el Manifiesto for the Digital Humanities firmado en 2010 por profesionales del ramo. 

Ahora bien, apostar por las Humanidades Digitales también comporta algunos peligros o tentaciones, advierte el especialista: "Son una buena estrategia para hacer llegar al gran público la cultura, la ciencia, el saber. Pero debemos evitar caer en banalizaciones. La ciencia no se puede cohibir o no se debe degradar porque ahora estamos ante un gran público. Sé que en algunas disciplinas se ha planteado acudir a lo digital como estrategia de supervivencia y para la captación de ese público". Sanz también advierte del uso de las Humanidades Digitales para legitimar una disciplina en crisis, conseguir financiación, hacerse un hueco en la academia o buscar un nicho de negocio.

En este punto resuenan las palabras del director del Departamento de Educación y Humanidades de la Universitat Abat Oliba CEU, Miguel Ángel Belmonte, quien advierte en este monográfico del peligro de revalorizar las Humanidades basándose en los mismos argumentos utilitaristas que se emplean para promocionar las disciplinas STEM: "Entonces, de nuevo, las humanidades habrían perdido su razón de ser. […] El saber humanístico podría definirse como aquel que nos proporciona una atalaya desde la que observar, comparar y juzgar los acontecimientos sin dejarse arrastrar por modas sociales, pseudo-mesianismos intelectuales o utilitarismos de cualquier especie. El saber humanístico es el que proporciona a la diversidad de los saberes una unidad que evite la fragmentación y el sinsentido de diversas áreas académicas desconectadas entre sí".

Nuevas competencias, ¿nuevas vocaciones?

Si es cierto que "las fronteras entre disciplinas STEM y Humanidades se están borrando" (González-Blanco) y que "los humanistas serán digitales o no serán" (Sanz), entonces no cabe otra que apostar por una formación que, sin dejar de lado el conocimiento de la disciplina humanística escogida, se complemente con una sólida formación en competencias TIC.  

En España, de momento, las Humanidades Digitales han tenido que buscarse un hueco fuera del currículum académico, en forma de estudios complementarios como másteres o posgrados. Y desde aquí se mira con envidia lo que se hace en países pioneros como Norteamérica o Gran Bretaña, y se admira el rápido avance realizado en Alemania.

El auge de la formación académica en esta disciplina-metodología requiere de profesionales con una vocación doble, humanística y tecnológica, que a su vez desarrollarán las competencias asociadas a ellas. La directora del laboratorio de la UNED pone como ejemplo la creatividad, la capacidad de aprender a aprender, "no tener miedo a nada", elevadas dosis de innovación y mucho inglés. Ahora bien, recuerda la profesora de la Complutense, "la formación en competencias básicas como leer, escribir, crear o investigar, seguirán siendo las claves del éxito. Y estas requieren una formación larga". El coordinador del máster de la UAB, por su parte, lanza un mensaje de realismo y apunta que no se puede ser un experto en los dos campos, muy exigentes de por sí, por lo que apunta la necesidad de "buscar soluciones de compromiso y pensar en la creación de equipos y la colaboración".

Sea como fuere, todos auguran una larga vida a las humanidades y a los humanistas: "Tienen futuro porque es interés del hombre gozar y conservar su patrimonio, y porque existe un proceso imparable de creación cultural. No sé si el soporte seguirán siendo libros o si preferentemente será la web, pero mientras haya seres humanos, habrá humanidades", concluye Ramón Valdés. 
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