Si hay una rama del sistema educativo que ha trabajado de forma más intensa e inteligente para dar respuesta a las necesidades de la actualización, especialización o cambio profesional de jóvenes y adultos la Formación Profesional, que ha hecho sus deberes, y los ha hecho muy bien.Esto se debe a que la FP de la Ley orgánica 5/2002 de las Cualificaciones y la Formación Profesional nació con una vocación de adaptar sus opciones formativas a las necesidades de la población y de las empresas. Y, a resultas de esa permanente orientación al tejido productivo, surgieron los elementos básicos del sistema que tuvieron su continuidad posterior en la Ley orgánica 3/2022 de ordenación e integración de la FP, que contribuyeron a la citada actualización y especialización de jóvenes y adultos.
Para él público más joven, sin duda alguna, las opciones de Formación Profesional que más atractivo han logrado en las dos últimas décadas son los ciclos formativos de Grado Básico, Medio y Superior, diseñados de tal modo que permiten adquirir o renovar competencias profesionales concretas y obtener una titulación oficial. Es por ello por lo que, en su momento, nacieron para dar respuesta a los más jóvenes que deseaban acceder a una profesión, pero en los últimos años los ciclos de FP también han sido especialmente atractivos para personas adultas interesadas en cambiar de sector o de profesión.
Ese upskilling/reskilling o especialización/adaptación para acometer nuevas ocupaciones parecía reservado a los certificados profesionales, que con su nuevo diseño basado en el catálogo modular referido a los estándares de competencia, permitían a las personas la adquisición y acreditación de competencias profesionales vinculadas directamente al mercado laboral, convirtiéndose en una opción interesante para adultos que necesitan mejorar su empleabilidad sin cursar necesariamente un ciclo completo.
En concreto, para quienes ya habían realizado algún ciclo de FP y obtenían una titulación al respecto, se diseñaron los cursos de especialización, destinados a profundizar en ámbitos muy específicos y demandados, entre los que se han venido a sumar, la inteligencia artificial, ciberseguridad o digitalización.
Y, sin duda, una de las opciones más destacadas de la FP que han atraído más atención a los usuarios potenciales, es el procedimiento de acreditación de competencias profesionales. Por medio de este instrumento, se reconocen oficialmente las competencias adquiridas mediante la experiencia laboral o vías no formales de formación, lo que permite a las personas un rápido y eficiente progreso profesional y continuar posteriormente estudios de FP.
También en los últimos años, se ha producido una eclosión de las modalidades de FP flexible y online, destinadas a facilitar a las personas que trabajan en un determinado puesto de trabajo, tienen responsabilidades familiares o necesitan compatibilizar estudios y empleo, y la continuidad de la formación por medio de esa adaptación a sus circunstancias personales.
La FP, un instrumento de aprendizaje permanente
En conjunto, el amplio abanico de opciones contribuye a que la FP no sea solo una vía de acceso al primer empleo para los jóvenes, sino también un instrumento de aprendizaje permanente para los adultos, con la oportuna actualización de conocimientos ante los cambios tecnológicos, la especialización en sectores con nuevas demandas y, la reorientación de la trayectoria profesional hacia otro ámbito cuando resulta necesario.
La Formación Profesional ha diseñado, con éxito, un sistema que atiende, de manera preferente, las necesidades de tres perfiles de usuarios:
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En primer lugar, aquellos que necesitan mejorar la empleabilidad mediante la adquisición de nuevas competencias.
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En segundo lugar, los que necesitan una actualización.
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Y en tercero, los que se plantean acceder a un sector profesional diferente.
Estos perfiles se definen en los siguientes términos… Es el caso de los jóvenes sin experiencia laboral que pueden adquirir una cualificación profesional y combinar el aprendizaje en aula con prácticas en empresas. La transición del centro formativo al mundo laboral mejora notablemente los niveles de empleabilidad. Lograr que la tasa de desempleo de los jóvenes descienda de forma sostenida hasta situarse en los niveles medios europeos exige la máxima atención a estos programas.
Otro tanto cabe señalar con respecto a las personas adultas que quieren cambiar de profesión, tras haber tenido una experiencia que no les satisface, o simplemente por experimentar nuevos campos. Aquí, la FP ofrece formación práctica para acceder a nuevos sectores y lo hace con un tiempo récord que evita esperas e incertidumbre, además con un enfoque práctico.
En un mundo especialmente complejo, en que las tecnologías cambian de forma acelerada, los trabajadores necesitan actualizarse, especialmente aquellos que deben adaptarse a la digitalización, la automatización o nuevos procesos productivos.
Por lo que respecta a las personas que han perdido su empleo, la FP ayuda a obtener competencias y habilidades demandadas por las empresas, facilitando su reincorporación al mercado laboral.
Otro segmento de atención es el que está formado por los trabajadores que tienen experiencia, pero carecen de titulación oficial, en cuyo caso pueden acreditar oficialmente competencias adquiridas mediante su experiencia profesional o la formación no formal.
Además, la FP es especialmente útil para ofrecer una vía progresiva de obtención de cualificación para las personas con baja cualificación. Y cuando esta experiencia va acompañada de una mejora de sus oportunidades laborales, mejor aún.
Por último, hay profesionales que buscan realizar cursos de especialización para profundizar en ámbitos concretos con creciente demanda.
El conjunto de perfiles descritos apunta a que la FP resulta especialmente útil para todas las personas que necesitan conectar su formación con las necesidades reales del mercado laboral, ya sea para conseguir el primer empleo, mejorar el actual o cambiar de trayectoria profesional.
La orientación profesional, clave en el sistema de FP
Y para atender los distintos perfiles, el sistema de FP debe prestar especial atención a la orientación profesional, que desempeña un papel destacado en los procesos de recualificación, porque ayuda a cada persona a identificar qué competencias tiene, qué necesita mejorar y qué opciones formativas y laborales se ajustan mejor a su situación.La orientación en la recualificación profesional se desarrolla mediante una serie de actividades secuenciales de alto valor, que exigen especialización a los profesionales que la ejecutan:
- Análisis del perfil profesional, teniendo en cuenta la experiencia, formación, intereses y competencias adquiridas.
- Detección de necesidades de formación y posibles carencias respecto a las demandas actuales del mercado laboral.
- Conocimiento de las diferentes opciones de FP, como ciclos formativos, cursos de especialización, certificados profesionales o acreditación de competencias que son aplicables.
- Proporcionar el cambio de sector o profesión, ayudando a establecer objetivos profesionales realistas y un itinerario formativo adecuado.
- Mejora de la empleabilidad, orientando al candidato hacia sectores y cualificaciones con mayores oportunidades de empleo.
- Acompañamiento en la toma de decisiones, especialmente cuando se trata de personas adultas que deben compatibilizar formación, trabajo y responsabilidades personales.
Desde esta perspectiva, el proceso de orientación adquiere la importancia que tiene, y que no siempre se reconoce, convirtiéndose en un puente entre las capacidades de la persona, la formación disponible y las necesidades del mercado laboral, haciendo que la recualificación sea más adecuada, planificada y eficaz.