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¿Aprender por ósmosis? Inteligencia artificial y pensamiento humano en la escuela

Artículo de opinión

  • 26/02/2026
  • Tiempo de lectura 5 mins

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Carme Escorcia. Profesora y participante en la Semana Interdisciplinar de IA (Y6) de St Peter's School

La ósmosis es un proceso biológico por el cual el agua atraviesa una membrana para equilibrar concentraciones. En educación, algo parecido sucede con la cultura: el entorno familiar, las conversaciones, los libros, los viajes y la curiosidad compartida van configurando la estructura mental de un niño casi sin que lo percibamos.
 
Pero con la inteligencia artificial no ocurre lo mismo.
 
Existe una ilusión peligrosa: pensar que, porque la IA generativa tiene acceso a enormes volúmenes de información, el conocimiento puede transferirse por proximidad tecnológica. Como si bastara con tener una herramienta inteligente en la pantalla para que el aprendizaje suceda.
 
No sucede así. Aprender no es acceder a respuestas. Es construir estructuras mentales propias. Y eso exige esfuerzo, lenguaje, pensamiento organizado y tiempo.
 
Desde esta premisa, la pregunta relevante no es si la IA generativa debe entrar en los centros educativos. Ya ha entrado. La cuestión es qué papel le damos y qué tipo de inteligencia queremos preservar.
 

Qué ofrece realmente la IA generativa a la educación

La IA generativa ofrece oportunidades reales, pero no mágicas.
 
  • En primer lugar, ofrece capacidad de apoyo al diseño docente. Permite generar variantes de una actividad, adaptar textos a diferentes niveles, crear simulaciones o proponer preguntas alternativas. Bien utilizada, puede ayudar a diferenciar la enseñanza sin diluir el rigor.
     
  • En segundo lugar, libera tiempo en tareas estructurales: organización de rúbricas, sistematización de información, borradores iniciales de documentos. Si ese tiempo se reinvierte en diálogo pedagógico y acompañamiento, el impacto es significativo.
     
  • En tercer lugar, amplía el acceso a información actualizada y a perspectivas diversas. Pero acceso no significa criterio. La IA no discrimina verdad de falsedad con responsabilidad ética; reproduce patrones.
 
Por tanto, su mayor valor no está en lo que produce, sino en cómo obliga al profesorado a redefinir qué considera aprendizaje.

Cómo está transformando el diseño de contenidos

La irrupción de la IA ha introducido una tensión productiva: si un estudiante puede obtener una redacción correcta en segundos, ¿qué estamos evaluando exactamente?
 
La respuesta no puede ser prohibir la herramienta sin más, ni aceptarla sin condiciones.
 
En nuestra experiencia, la presencia de IA nos ha llevado a:
 
  • Diseñar tareas en las que el proceso sea evaluable y visible.
  • Pedir al alumnado que justifique cómo y por qué ha utilizado la herramienta.
  • Incorporar el análisis crítico de respuestas generadas por IA.
  • Valorar la calidad del razonamiento por encima del producto final.
 
La evaluación ya no puede centrarse solo en el resultado. Debe centrarse en la arquitectura mental que lo sostiene.
 

Una experiencia concreta: la Semana Interdisciplinar de IA en Year 6

En nuestra unidad interdisciplinar de IA en Year 6, recientemente reconocida por EduTech Cluster con el Premio Observa IA, alumnos de 6º de primaria investigaron diferentes aplicaciones de Inteligencia Artificial en los campos de la literatura, las matemáticas, el arte, la música, la historia o la robótica. El foco no estuvo en "lo que la IA podía hacer", sino en lo que el alumnado comprendía sobre su funcionamiento. No era su primera edición, esta unidad se lleva haciendo en St PETER'S desde el 2022, antes del lanzamiento de ChatGPT.
 
Se trabajaron preguntas como:
 
  • ¿Qué sesgos puede tener un modelo generativo?
  • ¿Qué diferencia hay entre creatividad humana y recombinación estadística?
  • ¿Qué ocurre cuando delegamos la formulación del pensamiento?


El alumnado comparó producciones propias con producciones generadas por IA, identificó incoherencias, ajustó prompts y defendió decisiones. La herramienta fue objeto de estudio y herramienta de trabajo al mismo tiempo.
 
Lo relevante fue la conversación intelectual que se generó, la capacidad crítica y la conciencia epistemológica que los alumnos fueron capaces de desarrollar.

Qué formación necesita el profesorado

Integrar IA con criterio exige algo más que aprender a escribir buenos prompts.
Requiere tres dimensiones de competencia:
 
  • Comprensión técnica básica, para no usar la herramienta de forma ingenua.
     
  • Criterio ético y legal, especialmente en protección de datos, autoría y evaluación.
     
  • Profundidad pedagógica, que es la dimensión decisiva.
 
No debe preocuparnos que los profesores sepan usarlo. Más bien, lo importante es que la usen con criterio.  Si no reforzamos el valor del esfuerzo cognitivo, la IA se convierte en el atajo perfecto para el "principio del menor esfuerzo" descrito por George Kingsley Zipf en 1949: los seres humanos tendemos a elegir la opción más cómoda para alcanzar un objetivo.
 
La pregunta es si queremos que esa comodidad estructure la educación.
 

Buenas prácticas que sí mejoran el aprendizaje

No todo uso de IA empobrece el pensamiento. Algunas prácticas que hemos comprobado que aportan valor son:
 
  • Utilizar la IA para generar contraargumentos que obliguen al alumnado a refinar su razonamiento.
  • Comparar respuestas humanas y generadas, identificando diferencias en profundidad conceptual.
  • Pedir siempre una reflexión metacognitiva sobre el proceso seguido.
  • Limitar su uso cuando el objetivo es ejercitar memoria, escritura o cálculo mental.
 
La clave está en diseñar una estrategia pedagógica, no en prohibir, o en permitir.
 

La escuela ante una decisión cultural

La inteligencia artificial no es solo una herramienta tecnológica. Es una cuestión cultural.
Nos obliga a decidir qué tipo de mente queremos formar: una mente que delega o una mente que dialoga con la tecnología sin renunciar a su autonomía.

En nuestro centro empezamos a reflexionar sobre esta integración en 2021, conscientes de que la etapa postpandemia abría un escenario pedagógico distinto. Desde entonces hemos apostado por formación docente específica, por integrar contenidos relacionados con IA en el currículo y por abordar explícitamente su dimensión ética.

No concebimos la IA como sustituto del pensamiento, sino como herramienta al servicio de una educación que sigue siendo profundamente humana.

Porque aprender no sucede por ósmosis digital. Y si algo no podemos delegar es la construcción del propio juicio.
 

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