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IA generativa y orientación académica: informar no es acompañar

Artículo de opinión

  • 26/02/2026
  • Tiempo de lectura 7 mins

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Fernando Pavón. Responsable de educación online de Metrodora

Recientemente, en unas jornadas profesionales de orientación educativa en las que participé junto a Pablo Berbel, representante de la Confederación de Organizaciones de Psicopedagogía y Orientación de España (COPOE), abordamos una cuestión que cada vez resulta menos teórica y más urgente: ¿están los orientadores perdiendo el monopolio de la información frente a la Inteligencia Artificial generativa?
 
La realidad es que la IA ya forma parte del proceso de toma de decisiones de los estudiantes. No como una herramienta marginal, sino como un actor central. Más del 85% de los adolescentes utiliza IA en su proceso de orientación académica, con un crecimiento exponencial en los últimos años, según datos recogidos en estudios internacionales como el Annual Student Quest Survey 2024. La cifra es contundente y refleja un cambio estructural en la manera en que los jóvenes construyen su futuro formativo.
 
La cuestión no es si debemos aceptar esta transformación. Es cómo la gestionamos.
 

Qué buscan los estudiantes cuando preguntan a la IA

Los jóvenes no utilizan la IA de forma abstracta. La emplean para resolver preguntas muy concretas y decisivas. Quieren saber si es más conveniente optar por Formación Profesional o por universidad; qué itinerarios ofrecen mejores oportunidades laborales; qué carrera encaja con su perfil; qué centros imparten determinadas titulaciones; qué diferencias existen entre grados aparentemente similares o qué sectores tendrán mayor demanda en los próximos años.
 
La IA les ofrece respuestas rápidas, comparativas estructuradas y una aparente personalización inmediata. Les permite explorar alternativas que quizá no estaban en su radar y simular escenarios profesionales. Además, genera la sensación de estar tomando decisiones informadas.

Sin embargo, la mayoría de los estudiantes utiliza estas herramientas sin una formación específica sobre su funcionamiento y deposita una elevada confianza en sus respuestas. Este uso no guiado, unido a la percepción de neutralidad tecnológica, plantea un reto pedagógico de primer orden.
 
La IA amplía el acceso a la información, pero no garantiza su correcta interpretación.

Una brecha emergente en el sistema educativo

Mientras los estudiantes integran la IA en su día a día, el sistema educativo avanza a un ritmo más desigual. Datos de estudios recientes muestran que una parte significativa del profesorado ha comenzado a experimentar con herramientas de IA para preparar materiales, diseñar actividades o adaptar contenidos, pero su uso todavía se concentra en tareas instrumentales más que estratégicas.

Además, investigaciones internacionales sobre el clima profesional docente señalan que uno de los principales desafíos actuales no es la falta de tecnología, sino la percepción de falta de formación específica para integrarla con sentido pedagógico. Esta percepción se traduce en cautela, cuando no en resistencia, ante la incorporación sistemática de la IA en procesos sensibles como la orientación académica.

En el ámbito específico de la Formación Profesional y la transición al empleo, estudios elaborados por Ayuda en Acción y el CSIC apuntan a la existencia de una brecha entre alumnos que utilizan habitualmente la IA para explorar itinerarios formativos y orientadores que aún no han integrado estas herramientas en su práctica diaria. Esta distancia no es meramente técnica; es estratégica.

Si el primer contacto del alumno con su decisión académica se produce a través de una herramienta automatizada, el orientador ya no parte de una hoja en blanco, sino de expectativas previamente construidas.

La IA informa; el orientador acompaña

Durante la jornada profesional mencionada, defendí una idea que considero esencial: la IA informa, pero no acompaña.

Puede ofrecer comparativas entre estudios, analizar tendencias de empleabilidad o estructurar grandes volúmenes de información en segundos. Puede incluso sugerir itinerarios personalizados a partir de los datos que el propio alumno introduce. Pero no conoce al estudiante en profundidad. No entiende su contexto familiar, social o emocional. No percibe sus inseguridades ni identifica sus fortalezas reales más allá de lo que se le ha descrito en una consulta puntual.

La orientación académica no es solo un ejercicio de acceso a información; es un proceso de acompañamiento. Implica ayudar a interpretar opciones, contrastar expectativas con la realidad, gestionar frustraciones y tomar decisiones responsables.

En este sentido, la IA no debe plantearse como sustituto, sino como herramienta complementaria. Puede aumentar la productividad del orientador, permitir que los alumnos lleguen mejor preparados a las entrevistas, facilitar la comparación de alternativas y servir como punto de partida para trabajar el pensamiento crítico digital. Pero la decisión final debe seguir siendo humana.
 

Competencias clave en la era de la IA generativa

Organismos internacionales como la UNESCO han puesto el foco en la necesidad de desarrollar marcos de competencias para el uso responsable y ético de la IA en educación. Este enfoque es especialmente pertinente en orientación académica.

Para el alumnado, la competencia esencial no es simplemente aprender a usar una herramienta generativa —algo que ya hacen de forma intuitiva—, sino desarrollar capacidad crítica. Saber formular buenas preguntas, identificar posibles sesgos, contrastar información y comprender que una respuesta generada no equivale a una recomendación personalizada.

Para los orientadores y docentes, la competencia clave es estratégica y pedagógica. No basta con conocer la herramienta; es necesario comprender cómo influye en la construcción de expectativas, cómo puede reforzar o distorsionar percepciones sobre determinados itinerarios y cómo integrarla en un proceso estructurado de acompañamiento.

La IA también abre oportunidades. Permite diseñar simulaciones de entrevistas, explorar escenarios profesionales alternativos, generar materiales personalizados y trabajar sobre las propias consultas que el alumno ha realizado previamente. Lejos de reducir el papel del orientador, puede fortalecerlo si se utiliza con criterio.

Una transformación comparable a la llegada de la calculadora

En el debate educativo solemos recurrir a analogías. La irrupción de la IA generativa puede compararse con la llegada de la calculadora al aula. En su momento, surgieron temores sobre la pérdida de habilidades básicas. Sin embargo, la calculadora no eliminó al docente ni la enseñanza de las matemáticas; desplazó el foco hacia competencias de mayor nivel cognitivo. Del mismo modo, la IA no elimina la orientación académica. La transforma.

Si antes gran parte del tiempo se dedicaba a proporcionar información sobre itinerarios, ahora el valor diferencial del orientador reside en interpretar, contextualizar y acompañar. En ayudar a convertir datos en decisiones conscientes.

Aprendizaje, empleabilidad y liderazgo pedagógico

Integrar la IA generativa con sentido pedagógico tiene implicaciones directas en la empleabilidad. Un estudiante que aprende a utilizar estas herramientas de forma crítica desarrolla competencias que el mercado laboral ya demanda: análisis de información, adaptación a entornos digitales complejos, pensamiento estratégico y capacidad de aprendizaje continuo.

Por eso, el debate no debe centrarse en si la IA sustituirá a los orientadores. La pregunta relevante es si los orientadores liderarán su integración o quedarán al margen de un proceso que ya está moldeando las decisiones de sus alumnos.
La IA informa. El orientador acompaña. Y la decisión —académica, profesional y vital— seguirá siendo humana.

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