Retos de la orientación académica y profesional en un contexto pospandemia

Artículo de opinión

  • 21/12/2020

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Aliria Vilera Guerrero. Profesora del Quiroga College-Chicago (Estados Unidos) y co-fundadora y miembro activo de la Red Latinoamericana de Profesionales de la Orientación
Las posibles acciones para reestablecer, en alguna medida, el retorno a las actividades productivas y socio relacionales que forman parte de la vida humana en un contexto pospandemia presentan como "faro" para iluminar el sendero, la exigencia de tomar decisiones prudentes ante las incertidumbres (¿quizás temores?) reinantes. Imposible obviar el hecho relacionado con el patrón de incidencias del contagio del COVID-19 y la pregunta respecto a su existencia en el tiempo.
 
En el contexto profesional que nos ocupa relacionado con la orientación académica y profesional, es perentorio ampliar la mirada desde una perspectiva multidimensional para asumir los retos pospandemia. Para los profesionales de la orientación es importante tomar posturas proactivas y unir nuestras fortalezas ante la necesidad de generar procesos de cambio enfocados en las particularidades que coexisten en la vida individual de las personas y en las realidades colectivas de la vida societal, laboral y productiva. Pero, también, paralelamente, trabajar como profesionales agentes de cambio a nivel de políticas de bienestar, atención a las situaciones de desventajas sociales y oportunidades de mejoras para la calidad de vida en un marco de respeto a los derechos humanos, los derechos civiles y ciudadanos.
 
Desde esa perspectiva anteriormente referida, hay que destacar la necesidad de gestionar acciones orientadoras que permitan determinar las condiciones positivas, seguras e inclusivas, que hacen posible el desarrollo de las capacidades en las personas, grupos y comunidades. Al respecto, hacemos referencia al enfoque de las capacidades propuestos por Amartya Sen y Nussbaum[1], En particular, destacando el trabajo de los autores en cuanto a la importancia de evaluar las capacidades clave para que cada persona alcance su propia realización, valore la libertad de bienestar y lleve su vida tomando decisiones informadas. Esto a través de posibilidades de elección social y contando con oportunidades que garanticen las libertades para la participación ciudadana y democrática que les permitan opciones positivas de sostenimiento presente y futuro. Debido a ello: "Todos los ciudadanos deberían tener la posibilidad de desarrollar todo el espectro de capacidades humanas, hasta el nivel que permita su condición, y disfrutar de tanta libertad e independencia como sea posible". [2]
 
Se trata de un abordaje de la orientación académica y profesional que rescata el sentido educacional comprehensivo, de reflexión en la acción social y sensible hacia la valoración del bienestar y el desarrollo humano sostenible. Tomando aportes del Observatorio de la OIT (2020), consideramos que el Pilar 4: Buscar soluciones mediante el diálogo social abre un camino viable y oportuno al considerar los aspectos siguientes:
 
  • Fortalecer la capacidad y la resiliencia de las organizaciones de empleadores y de trabajadores
  • Fortalecer la capacidad de los gobiernos
  • Fortalecer el diálogo social, la negociación colectiva y las Instituciones y mecanismos de las relaciones laborales
 
En ese marco de reflexiones expuestas, contextualizamos los siguientes retos de la orientación académica y profesional en un contexto post- pandemia:

 

Reto 1. Atención a las situaciones de desventaja social y oportunidades de mejora para la calidad de vida de las personas

 
Este reto implica un trabajo mancomunado entre profesionales de la orientación y los diversos agentes, tanto públicos como privados, para establecer los niveles de compromiso entre las partes a fin de crear planes, programas y proyectos que permitan ampliar las opciones de participación proactiva ante las nuevas demandas laborales y productivas pospandemia. Para ello, es imprescindible tener claro el marco de acción para la justicia social desde una nueva visión de ciudadanía y de persona que permita validar los funcionamientos operacionales, de formación empoderada, de cara a las oportunidades de empleo, obtención de beneficios de salud, apoyos de alimentación y sostenibilidad familiar.
 
De acuerdo con la OIT, en el informe Observatorio de la OIT: La COVID-19 y el mundo del trabajo[3], las oportunidades laborales de mayor productividad en la actual situación, sobre todo, para los y las jóvenes, son la educación, las actividades sanitarias y trabajo social, la administración pública y defensa, así como los servicios públicos.
 

Reto 2. Desarrollar estrategias asertivas de orientación

 
Los profesionales de la orientación podemos integrar iniciativas a nivel de redes de apoyo que permitan la integración de cada profesional con la finalidad de realizar diagnósticos de necesidades de orientación de las personas. Ello requiere convocar a los actores comunitarios diversos para hacer el mapa de esas necesidades y las prioridades.  A partir de esa información, de forma concreta y con objetivos claros, se pueden desarrollar las estrategias asertivas de participación proactiva para "hacer valer la voz" de cada comunidad ante los apoyos organizacionales, instancias de gobierno, empresas, ONG, entre otros.
 
Se trata de una labor de orientación de acción político social pertinente con las realidades sociales y humanas mediante el empoderamiento de las capacidades de las personas, con la finalidad de buscar soluciones convocando al diálogo social que permita crear/legislar las políticas sociales de bienestar e inclusión requeridas en las comunidades en áreas de beneficios comunes tales como trabajo, salud, educación, socio-productividad y seguridad. Se trata de retos integrados al desarrollo humano, la sostenibilidad y el Estado de Derecho con libertades, en un marco ético de responsabilidad.
 

Reto 3. Consolidar programas de orientación de apoyo socioemocional para las personas, familias y comunidades

 
Los profesionales de la orientación debemos aportar a las personas herramientas para superar los acontecimientos gestados con el confinamiento, entre ellos, abordar los temas sensibles relacionados con las pérdidas, tales como el duelo, los desajustes emocionales y los temores que inhiben las ganas de vivir.
 
En este reto, los orientadores y orientadoras, desde el enfoque de las capacidades, podemos gestionar el rol de agentes de cambio siendo garantes de la base social de las capacidades[4] (Nussbaum, 2012). Se trata de una praxis de orientación académica y profesional en acciones pospandemia comprometidas con el carácter participativo, dinámico y evolutivo que está presente en la vida del ser humano y, la cual, se puede explicar como un proceso de ampliación de las oportunidades de las personas en beneficio del desarrollo humano sostenible. Para el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) [5] "El objetivo básico del desarrollo es crear un ambiente propicio para que las personas disfruten de una vida prolongada, saludable y creativa".
 
En tal sentido, los programas de orientación de apoyo socioemocional desde el enfoque de capacidades, según nuestra propuesta, integraría los componentes orientadores siguientes:
 
  • Diálogo: sentido de escucha activo (dar voz diversas culturas y creencias), disposición motivacional para comunicarse, cooperación, centrarse en el proceso personal socioemocional existente.
  • Interactuación: fluidez en el acto de habla, complementariedad, apertura y acompañamiento, actitud colaborativa brindando las herramientas de los componentes de educación emocional: conciencia emocional, regulación emocional, autonomía emocional, habilidades sociales y bienestar.
  • Comprensión: empatía, sin juicios ni estereotipos, precisar y reforzar acciones, búsqueda de alternativas mediante la motivación hacia el compromiso personal con metas de acción para el cambio.  
  • Respeto: ofrecer alternativas y no soluciones, aceptar decisiones, valorar la vida humana y los momentos propios de cada persona.
  • Evolución: abrir horizontes, proponer otras miradas desde una visión amplia de la vida (holística), considerar diversidad de perspectivas y análisis, convicción de tolerancia y voluntad esperanzada, evaluar logros y plantear retos desde fortalezas con oportunidades.
 
Trabajar estos retos propuestos reclama que la labor profesional de la orientación sea solidaria. Se debe ir evolucionando con nuevas miradas y abordajes en base a resultados de vivencias concretas. Una labor de la orientación académica y profesional ajustada a los cambios del presente ante las realidades del confinamiento. Pero también con una visión que rescata la consciencia reflexiva para proponer la coexistencia humana pospandemia, potenciando la vida con sentido de alta motivación y reforzamiento de actitudes positivas con conciencia emocional para lograr las mejoras continuas, oportunas, útiles y necesarias.
 
 
[1] Sen, A. y Nussbaum, M. (1996). La calidad de vida. México: Fondo de Cultura Económica.
[2] Nussbaum, M. (2007). Las fronteras de la justicia. Barcelona: Paidós
[3] OIT (2020). Informe Observatorio de la OIT: La COVID-19 y el mundo del trabajo. 4ª edición. Estimaciones actualizadas y análisis.
[4] Nussbaum, M. (2012). Crear capacidades. Propuestas para el desarrollo humano.  Barcelona: Paidós.
[5] PNUD (2010). Informe Regional para América Latina 2010: Actuar sobre el futuro. Romper la transmisión intergeneracional de la desigualdad. Nueva York, USA: Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.
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