Aprendizaje y formación durante la pandemia: una aproximación desde la FP

Luis García.
Presidente de la Asociación de Centros de Formación Profesional (FPEmpresa) y director del IES Puerta Bonita de Madrid
22/09/2020

Durante el periodo de confinamiento que hemos vivido en estos últimos meses, la Formación Profesional ha tenido que enfrentarse a un reto como pocos en su historia. En primer lugar, porque al igual que el resto de la sociedad y de la comunidad educativa, ha tenido que dar una respuesta rápida y efectiva ante un escenario no previsto. En segundo lugar, porque un importante porcentaje de la carga lectiva en FP se realiza de manera presencial y su virtualización resulta ciertamente complicada; la maquinaria, las herramientas y los flujos de trabajo son difícilmente trasladables a los hogares de docentes y estudiantes.
 
Al mismo tiempo, es necesario destacar que todos los ciclos formativos de FP tienen un módulo obligatorio de prácticas en empresas, el llamado FCT (Formación en Centros de Trabajo), y que, por las circunstancias tan especiales que hemos experimentado, no siempre se ha podido sustituir por teletrabajo. En algunas ocasiones se ha sustituido por un trabajo de investigación o similar y, en muchas otras, se ha retrasado sine die.
 
Esto quiere decir que el reto de la Formación Profesional es aún mayor. No sólo debe asumir e implantar la enseñanza a distancia, sino que también se ve obligada a buscar fórmulas viables para trasladar las prácticas reales a los soportes digitales con los que el alumnado cuenta en sus casas.
 

¿Qué ha funcionado y qué ha fallado durante el confinamiento?

 
Si tenemos en cuenta la enorme dificultad de trasladar el contenido práctico a un entorno digital, lo que mejor ha funcionado ha sido, sin duda, la parte más conceptual e investigadora del aprendizaje. Los profesores con mejores habilidades técnicas y digitales no han tenido mayores problemas a la hora de utilizar las herramientas y plataformas que se han puesto a disposición por parte de los centros formativos, y han podido impartir las clases bajo una nueva normalidad. La mayoría de los estudiantes, como buenos nativos digitales, han podido manejar las herramientas con facilidad y continuar así el desarrollo de su aprendizaje.
 
En la otra cara de la moneda, encontramos la desigualdad social y la pobreza, que, como no puede ser de otra manera, han jugado un papel de desequilibrio en el sistema. En función de los distintos niveles de Formación Profesional, de los territorios y de las propias circunstancias familiares, nos hemos topado con ciertas dificultades para garantizar que todos los alumnos y alumnas dispusieran de una "ventana" a través de la que poder ser partícipes de la enseñanza virtual. Ya fuera por falta de equipos o de conexiones de Internet adecuadas, una parte importante del alumnado se quedó descolgada durante el periodo de confinamiento.
 
En cuanto al profesorado, muchos integrantes de equipos docentes se "toparon" de repente con el muro tecnológico que suponía la utilización de plataformas de enseñanza-aprendizaje en línea, para cuyo uso, por norma general, no habían sido previamente formados. Esto tuvo especial incidencia en el desarrollo del curso programado y a muchos profesores no les quedó más remedio que abusar de la "improvisación". No obstante, es cierto que muchos centros ya contaban con alguna plataforma complementaria tipo Moodle o Google Classroom; pero precisamente, complementaria, nunca pensada para tener que organizar y ejecutar el 100% de las clases de manera virtual. Debido a esta situación tan repentina, la comunicación y coordinación entre equipos docentes, departamentos, equipos directivos y alumnado no siempre fue la deseada y surgió una necesidad perentoria de adaptar los procedimientos de enseñanza sobre la marcha. Al cambiar el contexto educativo, tan marcado en muchos de los escenarios de la Formación Profesional, surgieron nuevos conflictos y problemas, que añadían incertidumbre y estrés a una situación ya de por sí incierta y estresante.
 
En este sentido, la lección aprendida es clara: si queremos garantizar una mayor calidad en la formación, en caso de que se produzca un nuevo confinamiento, debemos, sí o sí, reforzar los recursos técnicos y de conexión tanto para los departamentos informáticos de los centros educativos como para los estudiantes. Además, se debería también ofrecer formación específica sobre las herramientas destinadas a la docencia virtual, con el fin de evitar que profesores o estudiantes queden atrás en el proceso educativo. En un ámbito más específico, sería recomendable reducir la carga lectiva convencional, para así contemplar un espacio de consulta para el alumnado, algo muy demandado en estos últimos meses.
 
"Se debería también ofrecer formación específica sobre las herramientas destinadas a la docencia virtual, con el fin de evitar que profesores o estudiantes queden atrás en el proceso educativo".
 

Algunos aprendizajes clave que se han reforzado

 
Una de las principales cuestiones que se han visto reforzadas durante el periodo de confinamiento es la necesidad que ha tenido el profesorado de repensar sus módulos o asignaturas, de establecer nuevos métodos y didácticas para así adaptarlos al nuevo escenario. Nos hemos visto obligados a plantearnos de nuevo qué es lo importante, cuáles son los objetivos, cuáles son los límites físicos, qué y cómo tenemos que evaluar, etc. Y como se suele decir, toda crisis lleva consigo una oportunidad. Creemos que esta reflexión obligada permitirá, con o sin confinamiento, mejorar la práctica docente. Son muchas las veces que, con el ritmo acelerado que suele imperar a lo largo del curso, no tenemos ni tiempo de pararnos a hacer este ejercicio de análisis sobre qué hacemos, cómo lo hacemos y a dónde queremos llegar con nuestros ciclos formativos.
 
Asimismo, creemos que el objetivo de aprender a aprender, clave en el mundo que se va perfilando, se ha podido poner en práctica de una manera más intensa. El alumnado de Formación Profesional ha tenido que hacer uso de su responsabilidad, autonomía y capacidad de búsqueda de información complementaria para solucionar problemas de aprendizaje que, en otras circunstancias, solucionarían recurriendo a sus profesores o compañeros.
 
Por último, cabría destacar otro de los aprendizajes clave de este periodo: otra forma de evaluar es posible. Estudiantes, docentes y administraciones han aprendido que existen a su alcance otras maneras de evaluar distintas al eterno examen. Es cierto que en estos últimos años la realidad de otros modelos de evaluación (continua, por retos, por proyectos…) ya se venía debatiendo, y en algunos casos implementando, pero siempre ha estado marcada por la sombra de un examen que validara u objetivara la calificación. Hoy, tras lo que nos ha tocado vivir, muchos miembros de la comunidad educativa de la Formación Profesional han desarrollado con éxito distintas formas de evaluar y de calificar. Este puede ser el inicio de un cambio, un cambio para bien.
 

Buenas prácticas durante el confinamiento

 
Es muy importante para nosotros elogiar la extraordinaria labor que muchos centros de FP llevaron a cabo durante la crisis sanitaria. El propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante su intervención el pasado 22 de julio en la presentación del nuevo Plan de Modernización de la Formación Profesional, manifestó su grata sorpresa al ver el compromiso social y la solidaridad de algunos de los centros asociados a FPEmpresa, al poner sus recursos y saber hacer a disposición de la sociedad. Donación de material sanitario, de alimentos o de espacios y fabricación de EPI, pantallas protectoras o mascarillas son solo algunas de las iniciativas que muchos centros pusieron en marcha.
 
Desde las familias profesionales de Hostelería y Turismo e Imagen y Sonido se organizaron varios festivales virtuales con el objetivo de recaudar fondos para ayudar a las familias más necesitadas. Además, en diversas comunidades educativas se reforzaron los bancos o repositorios de recursos, de manera que el alumnado pudiera seguir cubriendo sus necesidades de aprendizaje satisfactoriamente.
 
Ahora nos toca mirar hacia el futuro, recordando los aprendizajes del pasado, y enfrentarnos con firmeza y determinación a los retos que muy seguramente irán apareciendo en nuestro camino. La Formación Profesional seguirá evolucionando, seguirá mejorando y seguirá adaptándose, con la flexibilidad que la caracteriza, a los nuevos escenarios de la sociedad de nuestro tiempo.
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