Emociones y presencia: la hora de la transformación

Susanna Arjona Borrego,
Miembro de la Red de Expert@s del Col·legi de Pedagogs de Catalunya
27/05/2020

En 1996 la UNESCO nos invitaba, a través del Informe Delors, a organizar la educación del siglo XXI en torno a cuatro pilares básicos:
 
  1. Aprender a conocer y aprender a aprender.
  2. Aprender a hacer.
  3. Aprender a ser
  4. Aprender a convivir
 
Aún hoy, en 2020, los dos últimos pilares, tan íntimamente relacionados con habilidades sociales, personales y emocionales están bastante ausentes de nuestra educación. Lo que nos está pasando a nivel mundial nos invita a preguntarnos: ¿Qué no pasa con la educación emocional? ¿En realidad no deberíamos educar para una vida con corazón?
 
Ya los últimos avances en Neurociencia nos dicen que la emoción es básica en la cognición y que, en último término, es la emoción la que nos guía en la vida.
 
La salud de una sociedad también se mide por la salud de su educación. Hemos invertido mucho en contenidos, tecnología y conocimiento. Creo que es momento de darle también espacio a lo humano y relacional en educación, hacer pedagogía para la vida.
 
"Ocúpate del reino del corazón y el resto te vendrá por añadidura", decía Claudio Naranjo.


¿El profesorado requiere formación específica para trabajar la educación emocional?
 

Sin duda, sí. Y también requiere y debería ser importante, incluir un proceso personal o de terapia, donde los docentes entraran y profundizaran en sus propias emociones. No es tan fácil descifrar lo que nos pasa y porqué nos pasan las cosas. Mucha información sobre nosotros mismos es inconsciente.
 
Sin un trabajo profundo y acompañado por alguien, algunas personas tan sólo "hablan" de emociones, sin llegar a saber qué las guía en la vida y qué les pasa en la relación con los demás. No olvidemos que los y las docentes, el profesorado en general, gestionan y se relacionan con muchos alumnos y alumnas, cada día, a todas horas.
El adulto que sabe mirarse, acompañarse, hacer autocrítica es sin duda un adulto presente. Está invitando a su alumnado o hijos e hijas, a hacer lo mismo. Y es un modelo. La educación emocional debería ser un modelaje del adulto que los niños, las niñas y los y las adolescentes tienen delante. Es bueno que el docente sea acompañado. Si no se convierte en una profesión (también hablo de las familias), muy a menudo, cargada de estrés y ansiedad. Y eso, también se transmite al alumnado y a los hijos e hijas.
 
En este sentido el pedagogo/a y psicopedagogo/a, como profesional que acompaña en diferentes etapas, puede resultar un gran recurso.
 

¿La alerta sanitaria constituye una oportunidad para que la educación emocional cobre mayor importancia?

 
La alerta sanitaria es el punto de partida. Es más que una oportunidad, es el pistoletazo de salida hacia una transformación social profunda, que pasa primero por una transformación en los hogares, en los vínculos, en las personas y en las pequeñas comunidades. Llegó la hora de confiar más en el instinto, la intuición, las emociones como guía, y nuestra profunda capacidad de ayuda y compasión por los que sufren. Y desde ahí educar a nuestros alumnos y alumnas y a nuestros hijos e hijas
 
La crisis es humanitaria, no climática. Que los seres humanos durante décadas nos hayamos dedicado a abusar del planeta es algo profundamente triste, pero habla mucho de nosotros, de nuestra propia conciencia en nuestros actos. Porque esos actos nos dicen que somos profundamente abusadores. Competimos, no compartimos. Nos falta conciencia social. Podríamos buscar múltiples causas históricas, planetarias y familiares del porqué de esto, pero la pandemia nos lleva directamente a saltarnos esa fase y actuar, actuar para cambiar, para ser mejor, para ayudar al vecino, para ser modelos para nuestros hijos e hijas, modelos de valores y derechos. Tenemos la gran oportunidad de que los Derechos Humanos por fin sean reales.
 
A los niños y las niñas es necesario explicarles esto. La pandemia nos ha devuelto a casa, al hogar, a las cuatro paredes que nos cobijan y que, aparte de nuestro propio cuerpo, son nuestro templo.
 
¿Cómo cuidamos el cuerpo y el hogar? ¿Cómo cuidamos de nuestros vínculos? ¿Estábamos presentes en casa? Mientras una parte de la población sufre por la pandemia, la otra mitad la agradece. Agradece el parón, el tiempo, la familia, el descanso, incluso la soledad. En intimidad se ponen en evidencia mis miedos y mis carencias. Ya no tengo a dónde ir. Y mis hijos e hijas ven eso de mí.
 
La construcción de todo esto no va a ser de un día para otro. Como decía, es momento de construir una pedagogía de vida.
 
"Las cosas verdaderas, se aprenden por amor al aprender, por amor a la verdad, por el deseo de saber, no por la obligación de las calificaciones", decía Naranjo.
  
"El momento nos reclama flexibilidad y creatividad. También la necesidad de crear red, cooperar entre todos los agentes educativos".
 

¿Qué podemos hacer nosotros, aquí y ahora?

 
Esta situación una de las cosas que evidencia es la desigualdad. Tenemos a muchos niños y niñas sin acceso a plataformas que faciliten su educación, a familias con pocos recursos, a docentes hasta 12 horas delante de la pantalla. Conectarse en la pantalla es decirle al niño: "estoy aquí". Eso también es educación emocional.
 
Se nos puso en evidencia el desequilibrio y el momento nos reclama flexibilidad y creatividad. También la necesidad de crear red, cooperar entre todos los agentes educativos. Hoy, la gestión de cada centro, el equipo directivo y el director o directora como líder y gestor emocional de su equipo, es básico.
 
Debemos estar atentos a las preguntas que surjan entre los niños y las niñas y en nosotros mismos, porque estas nos serán la guía a lo que viene y se necesita ante el miedo, la ansiedad, la frustración, la necesidad de lo social, la autoestima, la rabia…
 
Actualmente la red está bien provista de recursos: vídeos, tutoriales, conferencias, libros y cuentos, consejos. Así que también es importante el cuidado de lo más sutil, lo que no se ve. Porque la educación emocional desde lo cognitivo no funciona. Se queda sólo en ideas.
 

Pautas pedagógicas para la conciencia emocional

 
1. Potenciar la comunicación, pero esto no es hablar por hablar, ni tampoco interrogar a nuestros hijos. A los niños y adolescentes esto no les suele gustar. Hablar y conversar de la vida, de los diferentes puntos de vista, explicarles quiénes somos nosotros, qué nos pasa a nosotros también delante de la incertidumbre y el miedo.
 
2. Practicar la presencia. El arte de la presencia es lo que más estaba necesitando nuestra sociedad y nuestra educación. Los adultos, por temas varios hemos estado bastante ausentes de nuestro hogar. En la mayoría de los hogares, los padres y madres trabajan muchas horas y los niños y las niñas también. O bien se les llena de extraescolares o bien se quedan al cuidado de abuelos u otras persones. Aunque estén bien cuidados y estimulados, la presencia de las familias es esencial en el proceso emocional de los niños. A más presencia, más conciencia.
 
Presencia entendida como: "estoy aquí, escuchándote atentamente y tengo tiempo". También nos es útil para los adolescentes que, aunque parece que no nos necesitan, nuestra presencia se sabe y se siente como un lugar seguro, sin invasión en un momento de tanto caos para ellos y de tanta experiencia nueva.
 
3. Acoger y sostener las emociones. Las de toda la familia, todos formamos parte. No negarlas, ni reprimirlas, legitimarlas. Si nos pasa esto, pues no pasa esto. Veremos qué hacer después con esto si se alarga demasiado.
 
4. Respetar la intimidad y los momentos de silencio. La intimidad para cualquiera de nosotros es necesaria y básica. Yo conmigo y tú contigo.
 
5. Utilizar el sentido del humor. Aprender a reírnos juntos de lo que no nos sale bien, de nuestro propio carácter, errores y fallos. Acompañar con sentido del humor, amando incluso los defectos es una buena forma de educar.
 
6. Poner límites: te puedo escuchar y atender, pero no permito la agresión. Hay límites, claro que sí. Y los adultos también deberíamos tenerlos: hasta dónde puedo llegar y cuándo no sé más.
 
7. Tener más contacto físico. El amor se transmite con las manos, con las miradas, con el afecto que te llega a través de una palabra. Para nuestro sistema inmune es absolutamente necesario el contacto. Hay momentos especiales para ello, el baño, el cuento, cuando les ponemos crema después del baño, momentos de masajes. También hablo de los adultos (no olvidemos que también debemos alimentarnos bien a nivel emocional). Otra cosa son los adolescentes. A veces un beso puede convertirse en una gran ofensa, sobre todo si en ese momento no lo quieren. Yo recomiendo dejar que vengan, la mayoría suelen venir y pedir, a veces de formas curiosas.
 
8. El dialogo interno y el descanso. Valorar si lo que nos decimos es bueno para nosotros o no y descansar, tanto mentalmente, como físicamente. Volver a descansar profundo. Desde el estrés no nos gestionamos bien.
 
Eso incluye el tratarnos bien, incluso cuando no hacemos, como adultos, las cosas demasiado bien o lo que hemos propuesto o hecho no ha funcionado.
 
Estamos en construcción, en transformación de lo que había, para atender lo nuevo que surgirá y que nos pide más presencia que nunca.
 
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