Educación emocional, la gran olvidada en las aulas

Laura Carpintero López,
Orientadora educativa (Madrid)
27/05/2020

A lo largo de todo el confinamiento han sido muchos los psicólogos clínicos y educativos que se han ido dando cuenta de las consecuencias de este en el alumnado de distintas edades: entre otros, la aparición de una mayor agresividad e irascibilidad, un incremento de rabietas o un retroceso en el control de esfínteres en los más pequeños. Todo ello, son expresiones conductuales de sentimientos y emociones que el alumnado no es capaz de expresar, reconocer y gestionar, constituyendo una potente llamada de atención hacia la falta de competencia emocional de nuestro alumnado. Garantizar un adecuado desarrollo integral del alumnado desde la escuela, conlleva abordar en las aulas de manera equilibrada no solo la cognición y conducta, sino también las emociones.
 
Desde hace años nos encontramos inmersos en un proceso de innovación educativa, durante el cual han aparecido metodologías diversas como aprendizaje cooperativo, flipped classroom, aprendizaje y servicio, entre otros, con la finalidad de dar respuesta a la diversidad del alumnado. Diversidad que debe ser vista no como una barrera, sino como una riqueza hacia el proceso de enseñanza-aprendizaje. Estas metodologías tratan de dejar de ver al alumnado como un mero receptor de la información para que, en su lugar, adopte un papel activo en su aprendizaje, tratando de incorporar la diversidad de intereses, motivaciones, capacidades, entre otros, al aula. Albert Einstein dijo en su momento que "aprender es experimentar y todo el resto es información", dando así importancia a la presencia de las emociones en el proceso de enseñanza-aprendizaje.
 
Estas nuevas metodologías han supuesto una aproximación a la educación emocional en las aulas al plantear situaciones que parten de los intereses del alumnado, de la necesidad de trabajar en grupo y por ende resolver problemas de manera asertiva, mediante el diálogo y la escucha activa. No obstante, ello no supone necesariamente un abordaje explícito en las aulas por varios aspectos. En primer lugar, pese a trabajar por competencias, no hay una referida a la competencia emocional. En segundo lugar, el componente académico continúa siendo en muchas ocasiones el aspecto central en las aulas; en la etapa de Infantil se pone énfasis en la adquisición de la lectoescritura y las etapas de Primaria y Secundaria, el profesorado trata de cumplir sus programaciones y de dar todos los contenidos recogidos en el currículum a tiempo. Ello conlleva que las emociones, en una gran cantidad de ocasiones, no tengan un espacio propio en las aulas, quedando la educación emocional relegada a la hora de tutoría, convirtiéndose esta en el cajón de sastre. No obstante, esta situación empeora en los centros públicos de Infantil y Primaria, en los que no hay una hora semanal reglada de tutoría y por ende, si no está presente y no se aborda en las distintas materias, la educación emocional queda totalmente invisibilizada.
 

El profesorado necesita recibir formación específica sobre educación emocional

 
¿La educación emocional no se aborda en las aulas únicamente por falta de tiempo o también por falta de formación de docentes? Este aspecto es esencial tenerlo presente, dado que el profesorado necesita recibir formación específica en materia de educación emocional para disponer así de conocimientos y recursos con los que poder realizar un correcto abordaje de la educación emocional en las aulas. De esta manera, si el profesorado no es formado, la presencia de la educación emocional en las aulas queda en manos de aquellos docentes voluntarios que por su inquietud personal y profesional hayan decidido formarse para ser más competentes en este aspecto y poder abordarlo en sus aulas o, como se comentaba previamente, en la hora de tutoría.
 
"Conseguir que el alumnado sea emocionalmente competente no pasa únicamente por la formación docente y su consiguiente abordaje transversal en el currículo, sino que es igualmente necesario formar a las familias". 

El que el profesorado se forme en este aspecto es importante por dos motivos. En primer lugar, tal y como planteó Rafael Bisquerra, la competencia emocional es esencial en los docentes dada la necesidad de que gestionen adecuadamente el estrés y la ansiedad que en muchas ocasiones genera esta profesión. En segundo lugar, únicamente el alumnado podrá recibir una educación emocional de calidad si sus docentes se han educado en ello previamente. ¿Cómo exigimos al alumnado que gestionen su estrés y ansiedad si nosotros como profesionales no somos capaces de hacerlo y no les damos la posibilidad de entrenarse en ello?
 
No obstante, considero que hay que dar un paso más, es decir, conseguir que el alumnado sea emocionalmente competente no pasa únicamente por la formación docente y su consiguiente abordaje transversal en el currículo, sino que es igualmente necesario formar a las familias. Ser emocionalmente competente supone hablar de competencias, y la esencia de estas es la "transcontextualización". Es decir, la educación emocional debe estar presente tanto en la familia como en la escuela, de manera que ambas trabajen conjuntamente y en la misma dirección. Esto es esencial para crear espacios en el hogar y en la escuela desde edades tempranas, para entrenar, practicar e ir mejorando y desarrollando las competencias emocionales para llegar a un dominio adecuado de estas a lo largo de la vida personal de cada estudiante.

Durante el confinamiento hemos tomado conciencia de la enorme repercusión de las emociones, ya no solo en el proceso de enseñanza-aprendizaje, tal y como han venido postulando avances en neurociencia, sino también en el éxito personal y social del alumnado y por ende en su bienestar. Por ello, es realmente importante que se deje de poner el foco exclusivamente en los contenidos curriculares y en el resultado académico en las distintas etapas educativas, para en su lugar poner la mirada en el proceso de enseñanza-aprendizaje y en la cantidad de emociones que en este se generan.
 
El tomar conciencia de la importancia de la alfabetización emocional para que el alumnado sea emocionalmente competente, implica introducirlo en el currículo, poder valorarlo y evaluarlo, ya que igual de necesario es que el alumnado avance en los contenidos curriculares como en su gestión emocional para lograr un verdadero desarrollo integral. La toma de conciencia de la necesidad e importancia de su presencia en los centros educativos y en el currículo y la implementación de la educación emocional de manera que impregne el día a día en las aulas, permitirá a su vez una mejora del clima y de la convivencia en los centros educativos, previniendo así la aparición de conflictos en el aula y en el centro.
 

Iniciativas para ayudar a gestionar las emociones del alumnado durante el confinamiento

 
Esta pandemia ha supuesto algo que desde la educación se lleva mucho tiempo reivindicando, la reducción de la ratio; por ello, espero que suponga también un punto de inflexión en el abordaje y presencia de la educación emocional en las aulas desde edades tempranas, ya que estamos tomando conciencia de las negativas consecuencias de la ausencia de su abordaje en el desarrollo y bienestar de nuestro alumnado. No obstante, hasta que ese momento se materialice y mientras dure el período de confinamiento, son muchas las iniciativas que se están poniendo en marcha para ayudar al alumnado en su gestión emocional. Una de ellas es una aplicación de gestión emocional siendo necesario para su descarga pedir un código en la página web www.creciendoconelarcoiris.com. Otro recurso es el Padlet elaborado desde la Fundación Colegio Bérriz.

Asimismo, son muchos los teléfonos que se han puesto a disposición de familias y alumnado, canales de yoga infantil para aprender diversas emociones mientras se practica deporte y la relajación, así como cuentos y vídeos adaptados a distintas edades para ayudarles a comprender mejor la situación y reconocer las emociones que esta les provoca. Algunos ejemplos son: Más allá del balcón. Cuando las noticias asustan y no entiendo nada…, Alicia y el coronavirus, Aplausos para mamá, Rosa contra el virus, entre otros.
 
Por último, me gustaría terminar con una frase de un gran filósofo que ilustra todo lo abordado previamente: "educar la mente sin educar el corazón no es educación en absoluto" (Aristóteles).
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