La escuela del siglo XXI, por una educación integral

Artículo de opinión

  • 27/02/2020

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Guadalupe Torrente, Maestra de Educación Infantil y Primaria (Madrid)
Comenzaremos destacando que uno de los papeles de la escuela es dar respuesta a las necesidades de la sociedad. Para ello, debe analizar dichas necesidades y adaptar los planteamientos educativos que nos ayuden a solventarlas y, no menos importante, corregir y prever las dificultades sociales futuras.

Dos de los conflictos sociales a los que nos enfrentamos actualmente y, de los que casi todos somos conscientes son: la violencia de género y la discriminación por la condición sexual. Conflictos que los centros educativos no pueden obviar y aplazar a etapas de educación superior, ya que el desarrollo de una persona y el trato y respeto que vamos a tener hacia uno mismo y por lo tanto a los demás se da desde las primeras etapas de la infancia.

La UNESCO (2018) ya recoge la educación afectivo -sexual como la herramienta con la que dotar a los niños/as y jóvenes de: conocimientos, habilidades, actitudes y valores que los empoderen para mejorar su salud, bienestar y dignidad; desarrollando relaciones sociales y sexuales respetuosas; ayudándoles a considerar cómo sus decisiones afectan a su propio bienestar y el de otras personas y, a comprender cómo proteger sus derechos a lo largo de su vida y velar por ellos.

Con estos argumentos bastaría para encontrar la necesidad de impartir educación afectivo-sexual en las escuelas, ya que es nuestro objetivo como educadores y educadoras, contribuir a generar una sociedad diversificada que trabaje por el bien común, y en el que las personas se acepten y se respeten.

Pero es que, además, desde el ámbito legal, ya aparece recogida dicha formación. En las finalidades del currículum de Educación Primaria, en la que aparece "la Formación integral y el pleno desarrollo de su personalidad", no podemos obviar el ámbito de la sexualidad en el desarrollo integral de la personalidad, y de forma más concreta aparece en los objetivos de etapa: a, c, d y m, de forma específica.

Y en las finalidades del currículum de Educación Secundaria, no solo aparece reflejado la necesidad de dicha educación en los elementos transversales, sino que también aparece recogido en los objetivos a, c y d, entre otros.

Partiendo de que nuestra normativa recoge la necesidad de dicha educación, la puesta en práctica es algo muy distinto, ya que existen recursos limitados para impartirla y se suelen encargar a formadores externos a los centros que organizan talleres y charlas informativas. Algunas de las razones por las que se pide ayuda externa para dar la educación afectivo-sexual es la poca preparación que existe entre el profesorado, y el poco tiempo del horario lectivo que se le dedica, ya que se considera algo secundario frente a la carga de horas lectivas de otras materias.

De hecho, actualmente tanto desde dentro de los centros educativos como desde fuera (familias y sociedad), se empieza a abrir el debate de cómo, quién y dónde debe realizar dicha formación. La educación afectivo-sexual es algo que comienza a tener la importancia que merece, y en consecuencia cada vez existen más cursos de formación para que el profesorado se pueda preparar, y comienza a conocerse una mayor diversidad de recursos para utilizar en las aulas como, por ejemplo:
  • Textos: El diario rojo de Carlota, deGemma Lienas ,  o El diario rojo de Flanagan Andreu Martín y Jaume Ribera
  • Audiovisuales: Serie Sex education, de Netflix; película Tomboy, de Céline Sciamma; o páginas web como Salud sexual para todos; o bien aplicaciones para móvil como Sapiensex o CrEsi
La educación afectivo-sexual, al igual que el resto de los ámbitos de la educación, debe tener en cuenta la edad y los conocimientos que los niños/as y adolescentes ya poseen, y a partir de ahí adaptar nuestra metodología y aprender a responder y satisfacer su curiosidad por comprender el mundo y su propio cuerpo. Lo fundamental es abrir canales de comunicación sobre sexualidad desde la infancia, y para ello debemos:
  • Aclarar las preguntas que realizan y, aceptar sus dudas como parte de su interés por entender el mundo.
  • Responderles con naturalidad y un lenguaje apropiado, concreto y directo, sin dar más información de la que ellos están buscando.
No podemos ignorar que en la infancia se establecen las bases de la sexualidad y construimos la idea que tenemos acerca de ella. Todos (familia, escuela y sociedad) debemos ayudarles a que vean la sexualidad como un ámbito más de la personalidad que genera bienestar psicológico, físico y social.

Por último, mencionar como ejemplo de buena práctica educativa el programa Skolae con el que se está trabajando en centros de Navarra, cuyo objetivo principal es "aprender a vivir en Igualdad", y por lo tanto se ocupa de conceptos relacionados directamente con la educación afectivo-sexual, y tanto profesorado como familias están viendo una gran cambio y mejoría a partir del desarrollo de dicha iniciativa.
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