“ Deberían realizarse actividades de prevención del bullying desde la Educación Infantil ”

Maite Garaigordobil Landazabal,
Doctora en Psicología, Especialista en Psicología Clínica, y Catedrática de Evaluación y Diagnóstico Psicológicos en la Facultad de Psicología de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU)
07/11/2018

Maite Garaigordobil Landazabal es Doctora en Psicología, Especialista en Psicología Clínica, y Catedrática de Evaluación y Diagnóstico Psicológicos en la Facultad de Psicología de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU). Su actividad docente e investigadora gira en torno a temas relacionados con la intervención psicológica en contextos educativos. Ha creado cinco programas de intervención para niños, niñas y adolescentes que tienen como finalidad fomentar el desarrollo social y afectivo-emocional.
 
Desde 1996 ha dirigido numerosos proyectos de investigación, entre los más recientes "Ciberbullying: Prevalencia en el País Vasco, conexión con variables personales y familiares, y programa de prevención e intervención", subvencionado por el Ministerio de Economía y Competitividad (2013-2016). Es autora de 31 libros, 65 capítulos de libros y 170 artículos de investigación publicados en revistas de reconocido prestigio nacional e internacional. Entre los libros más recientes sobre el tema del bullying/ciberbullying cabe mencionar: "La violencia entre iguales: Revisión teórica y estrategias de intervención" (Pirámide, 2010). También ha sido galardonada con el Primer Premio Nacional de Investigación Educativa en 1994 y en 2003, concedidos por el Ministerio de Educación.
 
1. Algunos estudios revelan que los casos de acoso escolar comienzan a presentarse desde edades tempranas, incluso desde Educación Infantil y Primaria ¿Por qué cree que sucede?
 
En muchas ocasiones en Educación Infantil ya aparecen algunas conductas agresivas que se repiten con cierta frecuencia hacia un compañero o compañera concreto. Aunque aún no podemos hablar de bullying propiamente dicho, porque no cumple los criterios de la definición aceptada de este fenómeno. Con cierta frecuencia podemos ver desde edades tempranas las raíces de la conducta de los futuros agresores y víctimas.
 
¿Por qué sucede? Los estudios confirman que la conducta violenta es compleja y está determinada por muchos factores culturales, familiares, escolares y personales. Culturales:. Familiares: desestructuradas (no aportan cuidado y afecto, hay abandono, maltrato y abuso hacia los hijos, usan estilos educativos autoritarios, agresivos-punitivos) y familias muy permisivas (con disciplina inconsistente, donde no hay normas estables). Escolares: Algunos factores escolares aumentan la probabilidad de que la conducta violenta aparezca, por ejemplo, que en el centro escolar no se trasmitan valores sociales y morales positivos o no se sancionen las conductas violentas, sexistas, racistas. Personalidad: Algunas características de la personalidad (baja empatía, alta impulsividad, dificultades de control de la ira, baja tolerancia a la frustración…) pueden promover con mayor probabilidad la conducta violenta, antisocial.
 
Por consiguiente, la conducta social es una conducta compleja que está multideterminada, influida por numerosos factores que interactúan entre sí. Por ello, en cada caso habrá que analizar los factores (familiares, personales…) que están influyendo para que un niño/niña, adolescente o joven se comporte de forma abusadora y violenta con otros compañeros. Y con los resultados del este análisis se pondrán en marcha las estrategias de intervención específicas para eliminar la violencia.
 
Además, teniendo en cuenta esta multicausalidad de la conducta violenta, para prevenirla habría que llevar a cabo acciones coordinadamente desde la sociedad, la escuela y la familia.
 
2. Prevenir el acoso escolar desde edades tempranas ¿puede ayudar a que este problema no se presente más adelante? ¿Por qué?
 
Sí, sin ninguna duda, la prevención es la clave, hay que educar en la convivencia para prevenir la violencia. Cuando desde la escuela y la familia se estimulan valores sociales y morales positivos (paz, solidaridad, igualdad, dialogo, tolerancia…), la probabilidad de que la conducta violenta aparezca se reduce significativamente, al tiempo que aumentan las conductas prosociales de ayuda y cooperación.
 
3. ¿Cuál sería la formación adecuada para prevenir el acoso escolar en edades tempranas y a quiénes debería estar dirigida especialmente?
 
Para prevenir el acoso en edades tempranas (Educación Infantil y Primaria), es importante formar a las familias y al profesorado de estos grupos de edad. A las familias aportándoles información sobre pautas de educación parental positivas que reducen la probabilidad de que su hijo o hija se convierta en víctima y/o agresor, y también sobre pautas adecuadas de conducta cuando descubren que su hijo o hija es una víctima y/o un agresor. La formación del profesorado podría girar en torno a la capacidad para identificar-evaluar estas conductas, y la competencia para implementar programas preventivos que desarrollan competencias sociales y emocionales, y programas antibullying en las aulas.
 
A madres y padres se les podría formar sobre pautas de educación parental positivas; por ejemplo, estimular la autoestima del hijo elogiando sus logros, reconocer las conductas positivas, sus buenas acciones y reforzarlas, demostrar amor incondicional, promover la empatía y la conducta prosocial, poner límites sin ser autoritarios, dedicar tiempo a los hijos porque tiempo es afecto y además aumenta el conocimiento de los hijos, ser un buen modelo de la conducta que se pretende fomentar, y hacer de la comunicación la prioridad en casa.
 
Y también en pautas adecuadas de conducta cuando descubren que su hijo o hija es una víctima. Por ejemplo, fomentar la comunicación, que cuente lo que ha sucedido. Darle ayuda emocional, hacerle sentirse seguro, valorado. Rebajar la ansiedad, eliminarle sentimientos de culpabilidad, no reprocharle nada, él no tiene la culpa. Demostrarle determinación para atajar la situación con actitud positiva. Preguntarle lo que cree que se debe hacer, planificando en común estrategias para acabar con la situación. Elaborar un diario para anotar todos los detalles con la ayuda del hijo, todo lo que se ha contado, todas las circunstancias e indicios que rodean la victimización del hijo con todas las pruebas del acoso (conversaciones de chat, correos electrónicos, fotos manipuladas...). Nunca decirle al hijo o hija que intente solucionarlo por su cuenta, si pudiera hacerlo ya lo habría hecho. No estimular la agresividad o la venganza contra el agresor. Enseñarle a hacer valer sus derechos y ayudarle a aumentar las habilidades sociales y la autoestima. Si los agresores son compañeros del colegio, buscar el adulto de confianza para hablar e implicar al centro solicitando la puesta en marcha del protocolo ante casos de acoso. Si el centro no responde se puede acudir a inspección para solicitar ayuda e intervención. Si el caso es grave (por el daño psicológico o físico que pueda implicar) acudir a la policía y/o a la justicia (valorar la gravedad y frecuencia del acoso). Buscar apoyo clínico de algún profesional de la salud mental si el hijo o hija manifiesta un desarreglo emocional digno de consideración o ideación suicida.
 
Y también en pautas adecuadas de conducta cuando descubren que su hijo o hija es un agresor. Por ejemplo, con frecuencia a los padres de los agresores les cuesta asumir "mi hijo o hija es un agresor", y minimizan la conducta (es cosa de niños, lo hacen por juego…), y hay que trasmitirles que también el futuro de su hijo está en juego. Es importante que hablen con el hijo calmadamente, y analizando por qué el hijo o hija es un acosador. No culpar a otros por la conducta del hijo o hija. La actitud de la familia tiene que ser firme, dejando claro que no tolera ese tipo de conductas, que debe reparar los daños causados a la víctima (materiales, psicológicos, morales o de honor), pedir perdón y cambiar su actitud. Enseñarle a practicar buenas conductas y trabajar la empatía (por ejemplo, decirle que se imagine ponerse en el lugar de la víctima y que analice cómo se puede sentir), elogiando sus buenas acciones. Hacerle ver que esas conductas son dañinas y peligrosas para la víctima y para él (que analice las consecuencias para todos).
 
En la escuela, la formación a los profesionales de la Psicología y la Educación (profesores, psicólogos educativos…) podría girar en torno a la formación: (1) para administrar instrumentos para medir el bullying/ciberbullying con la finalidad de detectar a los estudiantes implicados y poner en marcha las estrategias de intervención necesarias para erradicar esa situación; (2) para aplicar de forma sistemática programas que fomenten el desarrollo socio-emocional en todos los cursos escolares (capacidad de comunicación, conducta prosocial, empatía, destrezas para resolver conflictos de forma positiva…); y (3) para aumentar sus propias competencias sociales y emocionales, su inteligencia emocional, participando en cursos con esta finalidad.
 
"Cuando desde la escuela y la familia se estimulan valores sociales y morales positivos (paz, solidaridad, igualdad, dialogo, tolerancia…), la probabilidad de que la conducta violenta aparezca se reduce significativamente".

4.¿Qué programas o formaciones dirigidas a las familias conoce que hayan funcionado?
 
Sin duda, es importante formar a las familias para prevenir el acoso escolar. Apenas hay programas o formaciones estandarizadas con este objetivo, precisamente hace falta crear espacios formativos para los padres (en la línea de las escuelas de padres….) para poder recibir en este contexto información, formación, apoyo y asesoramiento.
 
5. ¿Qué buenas prácticas de formación impulsadas por las administraciones, instituciones y/o entidades varias recomendaría para prevenir el bullying desde estas edades (Primaria y Educación Infantil)
 
Actualmente desde todas las Consejerías de Educación de las Comunidades Autónomas se fomenta la realización de actividades para promover la convivencia, aunque en muy pocas ocasiones se evalúa la eficacia de las mismas con metodología experimental. En general las propuestas que se plantean son positivas, pero no son suficientes ya que una prevalencia del bullying presencial y el ciberbullying (a través de las TIC) sigue siendo una realidad, pese a las acciones educativas que en los últimos años estamos desarrollando en las escuelas.
 
En general, los programas de intervención socioemocional que han mostrado su eficacia tras ser evaluados son aquellos realizados sistemáticamente y cuyas actividades promueven: la capacidad de comunicación (capacidad de escucha activa, capacidad para dialogar, negociar, tomar decisiones por consenso...); la conducta prosocial (conductas de ayuda y cooperación); la capacidad para resolver conflictos de forma pacífica (uso de estrategias cooperativas y eliminación de las agresivas); el desarrollo moral, de valores ético-morales (igualdad, solidaridad, justicia, paz...); la capacidad de empatía hacia otros seres humanos (ponerse en el punto de vista del otro tanto cognitiva como afectivamente); la autoestima y la estima de los demás (sentimientos positivos de autovaloración y de valoración de otros seres humanos); la capacidad para identificar emociones (propias y de los demás), para comprender causas y consecuencias de las emociones, así como el afrontamiento constructivo de la mismas; las destrezas para gestionar emociones negativas (tristeza, miedo, ira...), y para fomentar las emociones positivas; así como el respeto por las diferencias… Los programas que estimulan estas competencias sociales y emocionales tienen un efecto de inhibición de la conducta violenta.
 
6. ¿Cómo pueden los propios estudiantes prevenir el acoso escolar? ¿Qué tipo de formación deberían recibir y desde que edades?
 
Deberían realizarse actividades de prevención del bullying desde la Educación Infantil y a lo largo de toda la educación reglada. Con los estudiantes de Educación infantil y Primaria habría que realizar de forma sistemática programas para fomentar competencias sociales y emocionales que inhiben la conducta violenta. Además, al menos desde el último ciclo de Primaria (10 años en adelante), habría que complementar estas actividades lúdicas de desarrollo socioemocional con actividades antibullying con las que reflexionar sobre el bullying y el ciberbullying, ya que ambos están ya presentes en estas edades. Con estas actividades se confronta directamente al grupo con las situaciones de acoso para fomentar que los estudiantes no lo hagan y/o se movilicen cuando ven se que está produciendo, y desarrollen empatía hacia la víctima.
 
Por ejemplo, con los estudiantes habría que llevar a cabo actividades para analizar las graves consecuencias que tiene el acoso (bullying/ciberbullying) para todos los implicados. Las víctimas tienen sentimientos de inseguridad, soledad, tristeza, infelicidad, indefensión, ansiedad, nerviosismo, irritabilidad, depresión, ideación suicida, estrés, miedo, baja autoestima, falta de confianza en sí mismos, baja estabilidad emocional, sentimientos de ira y frustración, problemas físicos, trastornos del sueño, fobias, dificultades de concentración, de rendimiento académico, bajo ajuste social… y algunos, no pudiendo soportar el sufrimiento, consuman el suicidio. Y los agresores tienen mayor probabilidad de desconexión moral, falta de empatía, baja estabilidad emocional, dificultades para acatar normas, conductas antisociales-delictivas, dependencia de las tecnologías, absentismo escolar, ingesta de alcohol y drogas.... Y en algunos casos, muchos de estos efectos del acoso tanto en la víctima como en el agresor perduran a lo largo de la vida.
 
Así que para sensibilizar a los estudiantes frente al acoso hay que hacer con ellos actividades que les permitan tomar conciencia de las graves consecuencias que tiene quien lo sufre. También se debe desarrollar recursos de afrontamiento a las víctimas, y a los observadores para que se movilicen en la defensa de la víctima, así como actividades que permitan reflexionar a los agresores sobre su conducta y las negativas consecuencias para él mismo.
 
"Con los estudiantes de Educación infantil y Primaria habría que realizar de forma sistemática programas para fomentar competencias sociales y emocionales que inhiben la conducta violenta".

7. Su equipo de investigación ha desarrollado propuestas para manejar los problemas de acoso desde los centros educativos, ¿podría explicar alguna de estas propuestas y si pueden aplicarse entre el alumnado de Educación Infantil y Primaria?

En los últimos años hemos diseñado, aplicado y evaluado experimentalmente 4 programas de juego cooperativo para fomentar el desarrollo socio-emocional, dirigidos a niños y niñas de Educación Infantil y Primaria (Programa Juego 4-6, 6-8, 8-10, 10-12 años) (Garaigordobil, 2003, 2004, 2005, 2007). Los Programas JUEGO contienen más de 500 actividades lúdicas cooperativas que estimulan la conducta prosocial (conductas de ayuda, confianza, cooperación...) y el desarrollo emocional (expresión emocional, empatía, identificación y gestión de las emociones…).
 

En su conjunto, los juegos cooperativos estimulan la comunicación, la cohesión, la confianza, subyaciendo a ellos la idea de aceptarse, cooperar y compartir, jugando y creando juntos. Los juegos incluidos en estos programas tienen 5 características estructurales: (1) la participación de todos, porque en estos juegos todos participan, nunca hay eliminados ni nadie pierde; (2) la comunicación y la interacción amistosa, porque todos los juegos estructuran procesos de comunicación intragrupo que implican escuchar, dialogar, tomar decisiones, negociar...; (3) la cooperación, ya que estos juegos generan una dinámica relacional que conduce obligatoriamente a los jugadores a darse ayuda mutuamente para contribuir a un fin común; (4) la ficción y creación, porque en muchos juegos se juega a hacer el "como si" de la realidad, y a combinar estímulos para crear algo nuevo; y (5) la diversión, ya que con estos juegos los miembros del grupo se divierten interactuando de forma positiva, amistosa, constructiva con sus compañeros y compañeras de grupo.
 
Estos programas se han aplicado semanalmente de forma sistemática durante un curso académico evaluando el cambio que han tenido los niños y niñas que los han realizado, con otros que durante ese curso no tuvieron esa oportunidad, habiéndose confirmado que los que realizaron los juegos aumentaron muchas competencias sociales y emocionales que tienen un efecto de prevención de la conducta violenta.
 
Además de estos programas para Educación Infantil y Primaria, en el contexto del grupo de investigación que coordino hemos creado un programa antibullying para adolescentes (Cyberprogram 2.0. Un programa de intervención para prevenir y reducir el ciberbullying. Garaigordobil y Martínez-Valderrey, 2014)" que ha sido validado experimentalmente y que se complementa con un videojuego online de acceso gratuito.
 
Es un programa de intervención para prevenir y reducir el bullying/ciberbullying, dirigido a adolescentes, para aplicar en el contexto escolar, aunque estas dinámicas también se pueden realizar en otros contextos (terapéuticos, tiempo libre...). El programa tiene como objetivos fomentar que los adolescentes: (1) Clarifiquen qué es bullying y ciberbullying y los roles implicados (víctimas, observadores, agresores); (2) Analicen las consecuencias negativas que tiene para todos los implicados, potenciando la empatía con la víctima, así como la capacidad crítica y de denuncia de estos comportamientos; y (3) Aprendan estrategias de afrontamiento para prevenir el bullying/ciberbullying desde la perspectiva de la víctima y los observadores.
 
El conjunto de actividades que configuran el programa consiste en dinámicas de grupos en las que los adolescentes visionan vídeos de situaciones de bullying y ciberbullying, y después analizan las causas que lo originan, los sentimientos de las víctimas, las consecuencias para todos los implicados, y las formas positivas de afrontamiento de este problema, tanto desde las víctimas como desde los observadores.
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