La formación no se puede trocear

Artículo de opinión

  • 25/11/2015

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Núria Montmany Álvarez, Directora adjunta de Formació Professional de Jesuïtes Educació a Sant Ignasi (Barcelona)
El sistema educativo español es muy organizado, pautado y con un alto grado de inmovilismo. Esto se refleja en cómo se organizan los estudios, en las horas que deben hacer de tal o cual materia (tema no exento de grandes controversias, mayoritariamente políticas), qué deben durar las clases (ni un minuto de más ni uno de menos). Todo un corsé que acota los horarios de los estudiantes y la organización de los centros educativos. ¿Deben estar estos horarios adaptados a los de las familias? Quizás sí. Lo que sí es seguro es que deberían estar adaptados a los propios alumnos.
 
Difícilmente entenderíamos que un cirujano que haya planificado una operación de duración estimada de dos horas cuando éstas transcurran tire los bisturís y salga por la puerta del quirófano haya acabado la operación o no. Es evidente. Sin embargo, cuando afrontamos los horarios de los estudios: ¿por qué nos empecinamos en "supercompartimentarlos"? ¿Entendemos la vida cómo una seria de acciones una detrás de la otra perfectamente planificadas, con inicio y final, sin entrelazarse, sin interactuar entre ellas? ¿Se nos ocurren ejemplos de nuestra vida cotidiana que cumplan este patrón organizativo? Lo pongo francamente en duda.
 
A la formación profesional, donde ejerzo mi profesión, siempre se la tilda de ser estudios muy prácticos. Es cierto, pero todo y su practicidad también sufrimos del corsé impuesto por las administraciones educativas. El mundo actual demanda cambio de paradigma educativo con urgencia. Las profesiones no están compartimentadas y el aprendizaje tampoco. Es nuestra responsabilidad como educadores poner nuestro know-how al servicio del aprendizaje de nuestros alumnos y esto pasa por cambiar las metodologías y la estructura organizativa.
 
Debemos trabajar para formar personas flexibles y abiertas al cambio, que sean globales y con idiomas, capaces de trabajar colaborativamente y en red y de integrar la realidad compleja y evolucionar con ella. Para todo este proyecto se necesita un cambio metodológico radical y la rotura de los moldes de los compartimientos de los horarios.
 
Los mundos profesionales no están compartimentados, se trabaja por proyectos y así es cómo queremos trabajar con nuestros alumnos. Queremos darles una formación profesional lo más adecuada posible al entorno laboral que encontraran. Por este motivo, el trabajo por proyectos, la ruptura de los horarios tal y como los entendemos ahora, la complicidad con las empresas, en clave de formación dual u otras, las herramientas para ser emprendedor, el uso de la tecnología al servicio del aprendizaje, y todo aquel cambio metodológico que suponga una mejora del aprendizaje y el acercamiento a la realidad del entorno profesional deben estar al servicio de la formación profesional.
 
Entornos cambiantes en un mundo global no pueden construirse sobre cimientos inmóviles de un mundo antiguo. Debemos adaptar la formación a las nuevas maneras de trabajar y, sobretodo, debemos adaptar las metodologías a unos jóvenes que viven en un mundo dónde la información y la tecnología son muy asequibles y los centros de formación tenemos la obligación moral de ir por delante para poder ofrecer la formación que necesitan y merecen.

 
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