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Smartphones y niños ¿Pueden los padres imaginar un uso educativo?

Artículo de opinión

Marta Fuentes Agustí. Psicopedagoga y maestra. Docente de la Universidad Autónoma de Barcelona; María José Hernández Serrano. Docente de la Universidad de Salamanca. Investigan sobre la educación y las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC)


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Marta Fuentes Agustí. Psicopedagoga y maestra. Docente de la Universidad Autónoma de Barcelona; María José Hernández Serrano. Docente de la Universidad de Salamanca. Investigan sobre la educación y las Tecnologías de la Información y la Comunicación
Es sorprendente la rapidez con que los niños, incluso los más pequeños de edad infantil, son capaces de aprender a usar un smartphone -un teléfono de última generación con conexión a Internet-. "¡Mira cómo usa los dedos para manejarse por la pantalla!" -exclaman algunos padres asombrados, y es que para los más pequeños la interacción con estos dispositivos resulta muy sencilla a la vez que poderosamente atractiva. Lo es también para los adultos, aunque no todos los padres se manejen con la misma fluidez que sus hijos, o demuestran el mismo grado de interés.

Lo que sí parece ser frecuente es recurrir al uso de estos dispositivos como el juguete más a mano para entretener/distraer rápidamente a los niños. Por supuesto, algunos padres aún se posicionan de manera escéptica, considerando que sus hijos no pueden o deben utilizar el teléfono móvil. Otros se consideran completos desconocidos del potencial que poseen estas herramientas, siendo su uso básico y reducido a la comunicación. Y sólo unos pocos confían en el uso de estos dispositivos con un valor educativo, más que el mero entretenimiento, momentáneo y despreocupado.

En nuestro país, el avance en materia de usos educativos para aplicaciones móviles, bien desde el inicio de diferentes proyectos de investigación (por ejemplo el Proyecto Dedos del CITA: www.citafgsr.org/educacion/dedos) como a nivel informal (por ejemplo mediante la creación de comunidades de aprendizaje en línea donde se comparten aplicaciones y usos, como es el caso de: Applicaditos.com) hace que creamos en los smartphones como dispositivos con clara funcionalidad educativa.

¿Qué se puede hacer con un Smartphone? Desde visionar vídeos de Youtube, hacer fotos, buscar información, grabar... Hasta la inmensa cantidad de posibilidades que ofrecen aplicaciones específicas, generalmente gratuitas (para descargar desde Mac App Store, Android Play Store, o Windows Marketplace). El problema es que en estos espacios de descarga no siempre se cuenta con una recomendación educativa, con una clasificación por edades, por temáticas, por áreas de aprendizaje. Las valoraciones de los usuarios, o el número de veces que se ha descargado la aplicación es el único criterio de referencia. Sin embargo, iniciativas de clasificación y recomendación de aplicaciones como Applicaditos.com pueden ayudar a los padres a encontrar recursos útiles de los 3 a los 8 años.


Madre e hijo compartiendo un Smartphone

PARA CONCLUIR: Por todo ello, el debate debe ir más allá de si su uso es bueno o es malo, si se puede o no dejar el teléfono a los niños, cuánto tiempo y en qué momento. Debemos preguntarnos para qué se usa el móvil y cómo puede hacerse un uso más educativo. Brindar la oportunidad de conocer algunas aplicaciones útiles desde el punto de vista educativo, conectarse a algunas comunidades de aprendizaje donde se recomiendan recursos y aplicaciones, y a futuro, por qué no, diseñar y desarrollar nuestras propias aplicaciones con los más pequeños (App Inventor).

Recomendaciones generales:
  • Un Smartphone puede ser mucho más que un juguete o un elemento de distracción, se puede usar su atractivo para educar
  • Es difícil plantear un tiempo de uso correcto, se recomienda no sobrepasar los 30 minutos y potenciar un uso compartido
  • Supervisar, evitar caminos no deseados, y reforzar logros
  • Investigar qué aplicaciones son más adecuadas y para qué son adecuadas
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