El mal uso de Internet en educación. Pautas para una nueva y adecuada metodología

Artículo de opinión

  • 01/12/2008

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Juan Antonio Moreno Rodríguez. Profesor de Enseñanza Secundaria en el IES Ciudad de Arjona (Jaén)
Nadie duda de la importancia de las TIC en todos los ámbitos de nuestra sociedad. Nadie duda por tanto, de la necesidad de la extensión de las nuevas tecnologías al ámbito escolar. Éstas pueden suministrar medios para la mejora de los procesos de enseñanza y aprendizaje, para la gestión de los centros educativos y para la comunicación con las familias.

Pero la mera presencia de un ordenador conectado a Internet en clase no garantiza un adecuado aprovechamiento del mismo, pese a que sus posibilidades sean infinitas. Partamos de la premisa de que las TIC no tienen efectos mágicos sobre el aprendizaje, ni generan automáticamente nuevos saberes. A veces se ha caído en la trampa de detenerse en lo tecnológico por si mismo, cuando esta herramienta ha de estar al servicio de lo educativo.

En el presente artículo trataré de analizar las causas del mal uso de Internet en las aulas y las claves para que su uso sea lo más eficaz posible.

Mi corta experiencia en centros TIC me lleva a pensar que los errores en el enfoque de la cuestión parten de dos direcciones distintas: el profesorado y el alumnado. De un lado de la escasa preparación del profesorado y su resistencia a un cambio metodológico más acorde con los tiempo y por otra del hecho de que los alumnos, aunque más hábiles desde el punto de vista cibernético, identifican ordenador tan sólo con el ocio, ya que lo utilizan solo jugar o chatear, y no como un instrumento de trabajo. Tanto en un caso como en otro, estamos ante la necesidad de una profunda alfabetización digital en el ámbito escolar.

De todo ello se desprende que trabajar con Internet en el aula exige una nueva metodología que pasaría por imprimir un nuevo ritmo de las clases y dar un nuevo papel al profesor, que ya no será un mero transmisor, sino un conductor del conocimiento. Por tanto, para que estas tecnologías estén verdaderamente al servicio de la enseñanza y del aprendizaje y contribuyan a la formación, la revolución tecnológica debe estar acompañada de una evolución pedagógica.

La nueva metodología se inspira en las teorías constructivistas, según las cuales el alumno es agente activo de su propio aprendizaje. En la pedagogía tradicional el profesor tenía la respuesta y el alumno se limitaba a reproducirla. Ahora, se insta al alumno a investigar en busca de la respuesta. De esta manera el alumno podrá producir nuevos aprendizajes de forma autónoma en el futuro, en el marco de una formación continua…es decir, "aprenderá a aprender”.

Comencemos por enunciar las indudables ventajas que ofrece Internet:

La primera ventaja es, sin duda, la motivación que supone al alumnado la utilización de un instrumento atractivo y a veces con componentes lúdicos. Esta motivación se convierte en uno de los motores del aprendizaje, despertando el interés del alumnado por ampliar sus conocimientos.

Otra razón de peso es que Internet permite fácil y rápido acceso a información de todo tipo así como a múltiples materiales digitales que enriquecen los procesos de enseñanza y aprendizaje. Uno de estos interesantes materiales es la visualización de simulaciones. Los programas informáticos permiten simular secuencias y fenómenos físicos, químicos o sociales, fenómenos en 3D..., de manera que los estudiantes pueden experimentar con ellos y así comprenderlos mejor

Para el profesorado, las posibilidades son también amplias, tanto para la preparación de las clases, acceso a páginas web educativas, webquest, elaboración de materiales a través de hot potatoes y otros programas, comunicación con las familias y el alumnado…

Pero, como anunciábamos, nadie duda de la conveniencia de aplicar las nuevas tecnologías al aula.

Entre los inconvenientes se encuentran:

- Un mal uso de Internet en clase puede derivar en distracciones y dispersión del alumnado que a veces se dedica a jugar en vez de trabajar. Ello es debido a que la navegación por los atractivos espacios de Internet, inclina a desviarse de los objetivos de su búsqueda. Se pierde entonces mucho tiempo en realizar las tareas y se divaga.
- Por este motivo, para no perder tiempo el profesor ha de planificar escrupulosamente las clases: tareas, tiempos, agrupamientos, proceso de trabajo… y evitar así la improvisación en el aula.
- Además hemos de contar con el hecho de que no todos los alumnos saben buscar con criterio en Internet…el exceso de información disponible, su dispersión y presentación atomizada, falta de método en la búsqueda...pueden provocar una sensación de desbordamiento que bloquee el trabajo intelectual.
- A ello hemos de sumar el hecho de que circulan por Internet informaciones no fiables y de escasa calidad, por ser éstas parciales, superficiales, equivocadas, obsoletas o descontextualizadas. Por ello es preciso enseñar al alumno a seleccionar con criterio la información y a filtrar las fuentes fiables.
- La avalancha de información escrita sobre miles de temas puede desarrollar en el alumno la ley del mínimo esfuerzo. Acostumbrados a la inmediatez, los alumnos se resisten a emplear el tiempo necesario para consolidar los aprendizajes, y confunden el conocimiento con la acumulación de datos. Por otra parte en Internet pueden encontrarse muchos trabajos que los alumnos pueden simplemente copiar para entregar al profesor como propios. De esta forma se destruye la creatividad y se esfuerzan poco en cultivar la expresión escrita, la articulación del discurso coherente, del que tanto adolecen los alumnos.

Es cierto que Internet constituye un medio como jamás haya existido para acceder de manera instantánea a la información. Ahora bien, no debe confundirse saber e información. Para que la información se convierta en conocimiento el individuo debe apropiársela y reconstruir sus conocimientos. Por esta razón lo primero que debe hacerse explícito es que la incorporación de las nuevas tecnologías en la educación no ha de eludir la noción de esfuerzo.(1)

La solución en este caso pasa por guiar el trabajo de investigación de manera muy minuciosa o hacer exponer oralmente en clase por los trabajos de investigación realizados. Así al menos se verán obligados a leer y estudiar lo que han recopilado y a defender, hacer suyo, el proyecto presentado.

Pero no todos los malos usos de Internet en el aula deben achacarse al alumnado. En muchas ocasiones la raíz está en el profesorado, que a veces éste no dispone de los conocimientos adecuados sobre los sistemas informáticos y sobre cómo aprovechar los recursos educativos disponibles. Esto aumenta su estrés. Es la llamada "tecnofobia” y debe constar que este miedo no solo afecta a los docentes de mayor edad, sino a los más jóvenes, a los que se supone más flexibles y con mayor contacto con las nuevas tecnologías.

Desde la administración educativa se está realizando un esfuerzo por ofertar cursos de formación en estas materias. El problema está tal vez en el escaso interés por estos aspectos por parte de un profesorado que se siente desbordado por la burocracia, la falta de disciplina y por algunos retos profesionales como la adaptación a las nuevas tecnologías. Lo que si es cierto es que el profesorado ha de ser consciente que su rol está cambiando y que adecuarse a los tiempos es imprescindible para ofrecer respuestas a una enseñanza que no quiere pecar de obsoleta.

Notas al pie:

1. Véase "Las TIC en educación”, la página personal de José Ramón Gómez Pérez en http://www.bog.pntic.mec.es/jgomez46/ticedu.htm. Véase el artículo "Internet como fuente general de información” en http://www.pangea.org/jei/edu/f/tic-uso-edu.htm
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