"El vínculo entre el entorno económico, el social y el mundo universitario se debe fortalecer”

Artículo de opinión

  • 21/11/2005

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Eduard Pallejà, Director General de la Fundació Universitat Politècnica de Catalunya
La orientación académica y profesional es un instrumento imprescindible para dotar de eficacia al mercado de trabajo y al desarrollo económico y social del territorio. Tal y como señala el Consejo de la Unión Europea, una orientación eficiente fomenta la inclusión social, la equidad y una ciudadanía activa. La orientación puede aportar un apoyo significativo a las personas en su transición entre niveles y sectores de los sistemas educativos. En la transición entre la universidad y la vida laboral, los estudiantes -los futuros profesionales- tienen que recibir información y asesoramiento; deben disponer de herramientas para poder realizar evaluaciones de competencia y la capacidad de gestión de carrera. Pero también se deben aportar medios a todas aquellas personas que requieran una especialización o actualización de conocimientos para potenciar su trayectoria profesional.

En este punto se hace imprescindible la participación de los centros de formación permanente. Las instituciones formativas están asumiendo en los últimos años funciones relevantes en el desarrollo económico, social y cultural, sin olvidar su papel fundamental como medios de formación. Cuando la formación permanente se desarrolla vinculada a un marco universitario, entonces su función es también la de nexo de unión entre la universidad y los sectores productivos y económicos del país. Se deben poner a disposición de los profesionales los cursos más adecuados a sus necesidades formativas, de forma que se permita a los profesionales no perder el tren de la innovación y la tecnología. Y los cursos más adecuados serán los que mejor se adapten a los perfiles emergentes en la nueva sociedad del conocimiento. Es por ello que no debemos olvidar la importante aportación que en ese sentido también puede realizar la empresa. La empresa ha de llevar a cabo estudios sobre los perfiles que se requerirán en sus procesos industriales a medio y largo plazo. En ese sentido, la comunicación y la complicidad entre todos los agentes implicados -la empresa, la universidad y los centros de formación permanente- resulta imprescindible. Debemos estar constantemente conectados, ya que nos necesitamos mutuamente y la combinación funciona. Las compañías pueden programar sus necesidades en el plazo de uno a dos años. Ello implica que tengamos que huir de métodos formativos rígidos y que los adaptemos de forma flexible a los requisitos propios de los distintos sectores.
El vínculo entre el entorno económico, el social y el mundo universitario se debe fortalecer. Las instituciones y las distintas administraciones también tienen que implicarse en los procesos orientativos y formativos.

Como país, tenemos que apostar por crear sinergias entre el entorno universitario, el impulso de las administraciones y la aportación del mundo empresarial. Se trata de una alianza estratégica muy potente que debe buscar mecanismos de dinamización industrial.
Y más ahora que nuestra sociedad se enfrenta al reto del Espacio Europeo de Enseñanza Superior. Este nuevo marco de relación conlleva una nueva forma de entender la educación superior, con un carácter transversal y homogeneizador.
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