Hacia un modelo de orientación profesional basado en la intervención común

Artículo de opinión

  • 21/11/2005

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Lluís Vizcaíno Soler, Licenciado en Pedagogía y estudiante del Grado Superior de Pedagogía Social en la Universidad de Barcelona
Numerosos cambios sociales están emergiendo día a día. Para poner un ejemplo: el aumento de la inmigración hace que el concepto de formación y orientación profesional tengan que actualizarse para no quedar atrasados en el del tiempo. La formación y la orientación no serán excluyentes de dicho cambio y por lo tanto, tendrán que ser objeto de nuevas reflexiones, nuevos retos, nuevas propuestas, en pocas palabras, objeto de revisión y reelaboración.

Otro ejemplo sería el avance de las nuevas Tecnologías de la Información y Comunicación (las TIC), hasta tal punto de modificar nuestras vidas cotidianas. Además de numerosos cambios y sucesos más que podríamos mencionar como ejemplos de la evolución social. Pues bien, todo esto hace que en materia de formación y orientación profesional, el papel, la tarea y responsabilidad de los orientadores/as profesionales (aquellos/as que se dedican a educar y, sin duda, orientar a personas en el ámbito de su carrera profesional) y de la propia tarea de orientación profesional tengan una especial relevancia. Estos serán profesionales activos, empezando por ellos y ellas mismos/as, la obligación de formarse continuamente para luego transmitir esto mismo a las personas a las que orientar, ayudarles en su proceso y desarrollo de su carrera profesional, orientarles sobre qué formación tienen a su alcance y posibilidad, insertarles sociolaboralmente si aún no están en el mercado laboral, etc.

No cabe duda que este contexto mencionado ha dado un gran giro de 360 grados al sentido y significado del trabajo para las personas. Hoy día no existe el trabajo para toda la vida. El mercado laboral evoluciona de forma que las personas son tratadas como a objetos a poner y desechar cuando alguna oferta de trabajo termina. Y así sucesivamente. Por este motivo, la Unión Europea enfatiza sobre la importancia del aprendizaje y la formación a lo largo de la vida. Y esta formación puede tener varias aplicabilidades. Una de ellas, puede ser para que el individuo crezca como persona, como experto/a en un campo concreto. Otra puede ser que la misma formación a lo largo de toda la vida, y por lo tanto, para siempre, sea ya una excusa para ejecutar orientación, y por lo tanto, orientación a lo largo de toda la vida. Formación y orientación, ¿hasta qué punto se separan? ¿El formador/a orienta? Y otra aplicabilidad de la formación para siempre sería puramente terapéutica. Realizar trabajos para agilizar la mente y agilizar el pensamiento a pesar del aumento de la edad, y adquirir mecanismos para nuevos aprendizajes y conocimientos.

Sin duda pueden haber muchos modelos de orientación. Pero lo que está claro y resulta necesario en cualquier tarea de orientación profesional o para la inserción sociolaboral (hablo de inserción sociolaboral debido a que cuando accedemos al mundo laboral, también lo hacemos desde una perspectiva social general, los roles, las funciones, el estatus, ..., y todo aquello que llena de significado al trabajo para las personas en nuestra sociedad), es que la persona a orientar haga un esfuerzo para que ella misma sea su propia orientadora. ¿Y esto que quiere decir? Muy sencillo. La persona a orientar tiene que demostrar un autoconocimiento de si misma para que la tarea de orientación resulte exitosa, no sólo de orientación a lo largo de la carrera profesional, sino también para aquellos que empiezan la suya. Por lo tanto, el modelo que propongo para la orientación profesional responde a un modelo que trabaja la dimensión personal, el "yo” y el "auto” que todos tenemos. Se han realizado numerosos trabajos y sobretodo, muchos materiales e instrumentos de recogida de información: tests de todo tipo: psicotécnicos, de competencias, de habilidades, de personalidad ..., entrevistas, pruebas y dinámicas. Pero este tipo de orientación no se implica a la persona, es decir, falta que la persona a orientar se implique en el proceso.

En esencia lo que planteo es que pasemos de un modelo intervensionista del orientador/a, hacia un modelo de implicación común. Aceptar esta idea supone cambiar de perspectiva: la orientación no partirá del orientador/a como núcleo, sino de la persona a orientarse. Para que la persona se implique en su proceso de orientación tiene que saber definir, de algún modo, sus gustos, capacidades, competencias, habilidades, actitudes, ..., y todos aquellos aspectos que configuran su personalidad y así configurar un adecuado perfil profesional para cada persona. Pero este trabajo también tiene que ser colaborativo: los dos serán protagonistas de la tarea de orientación. Los dos tendrán que implicarse por igual, repartir responsabilidades para dar más significatividad en el proceso y poco a poco dar más autonomía a la persona a orientar.

Históricamente la orientación e inserción laboral iba condicionada por los resultados de las pruebas antropométricas. Se adecuaba el trabajo condicionado al estado físico de la persona según resultados de pruebas médicas. Este modelo de intervención iba a cargo de médicos. Más adelante se efectuaban pruebas que, mayoritariamente, realizaban psicólogos para la elección académica- profesional de jóvenes. Hoy día, la tendencia es construir un proceso de orientación individual- grupal y como antes he mencionado, que sea colaborativo. Este modelo representa un proceso educativo cuyo objetivo es estimular el desarrollo de la carrera profesional y una adecuada adquisición de habilidades y competencias de carrera, para hacer que el individuo gane más autonomía en el mundo del mercado laboral. Un servició que existe hoy en Barcelona es el que ofrece Barcelona Activa que practican este modelo y trabajan con las personas mediante las TIC's (Internet, buscadores, tutoriales, aplicativos multimedia, ...) de forma que ellas mismas realicen su propio proceso y por tanto, se adapten más a sus necesidades concretas y sus inquietudes. Este tipo de servicios podrían extenderse y difundirse más porqué con dicho modelo de orientación profesional, en el que la persona a orientar es protagonista, se trabajan dos cosas al mismo tiempo: 1) la propia tarea y servicio de orientación profesional a la persona; 2) de forma transversal, se trabaja el manejo de la informática, ofimática, navegación por Internet, interactivos y aplicativos multimedia de modo que la persona se familiariza en este mundo virtual.

Para mejorar este modelo y nivel se necesita un buen grado de motivación. Según la pirámide de Maslow, para que la persona tenga un adecuado estado de motivación hay que tener cubiertas ciertas necesidades, como por ejemplo las fisiológicas, necesidades de seguridad, afecto, autoestima, ser reconocido por los demás, etc., para llegar al escalón de autorrealización, como define la pirámide de necesidades de Maslow. ¿Qué quiero decir con esto? Que la tarea de orientación va más allá de apoyar, acompañar y formar a la persona para construir su propio camino, sino que también conocer a la persona, saber de ella y de su estado de ánimo, de motivación, de autoestima, grado de autoconocimiento, su contexto e incluso, su pasado.

Espero que la tendencia en el campo de la orientación camine hacia este modelo propuesto. Para ello el papel y responsabilidad del orientador/a recae en la tarea de hacer partícipe la persona que necesita orientación. Es decir, por muchas estrategias, herramientas, instrumentos que apliquemos, si la persona no está dispuesta a participar, la tarea de la orientación nunca dará sus frutos.

Si así se hace, estaremos en el seno de un modelo más educativo, más adecuado a las personas e incluso más actual.
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