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La oposición no es la meta, es el camino

Artículo de opinión

  • 29/01/2026
  • Tiempo de lectura 4 mins

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Eva Cabanelas Dopazo. Profesora de FP de Procedimientos Sanitarios y Asistenciales
Cuando me matriculé en el Máster de Profesorado, después de realizar el doctorado, tuve la sensación de que llegaba tarde. Pensaba que todos mis compañeros serían recién licenciados y yo, la más veterana. Pero nada más lejos de la realidad, me encontré con gente de todas las edades, tratando de buscar una nueva oportunidad laboral después de años en la empresa. Entonces, caí en la cuenta de que nunca es tarde para iniciarse en la docencia; pero quizás sí, para afrontar una oposición como lo haría una persona recién licenciada.
 
Al terminar el Máster, con 30 años, descarté el modo "opositora"; lo que quería era empezar a dar clases, después de 12 años en la Universidad. Opté por la enseñanza concertada, donde pasé 5 años como profesora de Educación Secundaria.

En ese tiempo, los propios compañeros me animaban a presentarme a las oposiciones para entrar en la función pública. Hablaban desde la veteranía de quien lleva décadas luchando con el alumnado y con un sistema que les reduce las horas, y el salario, año tras año. Sin lugar a duda, las garantías de ser funcionario no las da un colegio privado. Por esta razón, son muchos los docentes que transitan de lo privado a lo público en la búsqueda de mejores condiciones de trabajo.
 

Las oposiciones docentes, una carrera de fondo

Como es bien sabido, la oposición es un requisito básico dentro de la administración educativa. Aunque es posible acceder a la bolsa de trabajo por listas abiertas – como fue mi caso-, tenemos la obligación de presentarnos año tras año, para mantener nuestro puesto una vez consolidado.
 
En estos años como interina, he visto a compañeros que han renunciado a todo para estudiar las oposiciones y han suspendido; a otros, que con mucho sacrificio han aprobado y otros tantos a los que les ha sonreído la suerte – apareciendo en el examen alguno de los temas preparados o presentándose a una especialidad con una buena ratio. En todo caso, como decía Pasteur, "la suerte favorece a las mentes preparadas". En este tiempo, he llegado a la conclusión de que, si no estudias, no apruebas, pero estudiar no te asegura el aprobado.
 

Dejando a un lado la excepcionalidad de los docentes que consiguen su plaza a la primera, el sentimiento más compartido por el profesorado es que la oposición es una carrera de fondo, en la que la vocación y la resiliencia se ponen a prueba. Como alguien que se ha presentado en varias ocasiones y no ha aprobado, no estoy en posición de dar consejos ni fórmulas mágicas, pero sí me gustaría compartir mi experiencia personal, aportando algunos errores, quizás de los más frecuentes cuando se empieza a transitar el camino de la oposición.

Si algo aprendí en mis años como investigadora, es que saber lo que no funciona es tan importante como lo que sí y que "la falta de resultados también es un resultado", y probablemente requiera un cambio de método.
 

Cómo afrontar las oposiciones docentes

  • Tener clara la especialidad a la que vas a presentarte

En primer lugar, es fundamental tener claro la especialidad a la que vamos a presentarnos y no hacer como yo, que he ido dando bandazos. Primero, a Biología y Geología de Secundaria; luego a Procedimientos de Diagnóstico Clínico y Ortoprotésico y ya, por último, a Procedimientos Sanitarios y Asistenciales, la especialidad por la que trabajo y en la que pretendo seguirlo intentando.

En mi caso, por ejemplo, dediqué meses a resumir temas para un examen al que, por motivos personales, ni me acabé presentando. Por esta razón, creo que centrarse en una especialidad es esencial para llegar a dominar el temario. El "ir a probar suerte" en otras especialidades puede conducir a un gran sentimiento de fracaso, que nos reste energía de cara a la preparación de la especialidad en la que realmente estamos interesados.
 
  • Prepararse con organización y disciplina

Por otra parte, la preparación autónoma de las oposiciones- la única forma que he probado hasta la fecha- es, a mi modo de ver, una cuestión complicada. Aunque en la red se pueden encontrar algunos recursos, no es fácil localizar temarios actualizados o pruebas de otros años y otras comunidades.
 
Aparte de eso, este método requiere de una gran organización y disciplina por parte de la persona opositora, sobre todo cuando se combina con trabajo. En este sentido, las academias y preparadores hacen el camino más fácil, proporcionando materiales actualizados, estableciendo plazos y llevando a cabo simulacros de examen. Sin lugar a duda esta metodología es muy útil para entrenarnos: yo personalmente, no soy demasiado partidaria del enfoque competitivo y resultadista que tienen en algunos lugares. A este respecto, conozco a personas que han aprobado estudiando por libre y a otras que han suspendido tutorizadas, así que una vez más, creo que en este aspecto no hay fórmulas mágicas.
 
  • Revisar el temario y tener idea general todos sus bloques

Como me dijo un compañero que aprobó a la primera tras 6 meses de estudio, es imprescindible revisar todo el temario. Si bien es muy complicado – por no decir, casi imposible- desarrollar 70 temas con el mismo nivel de eficacia, es esencial tener al menos una idea general de todos los bloques que lo conforman. Esto es así, porque en la prueba práctica que, en muchas ocasiones es la que marca la diferencia, hay preguntas de todo el temario.

En mi caso, por el momento únicamente tengo control de una tercera parte de los contenidos, que son los que he tenido que impartir en los últimos 3 años. En este sentido y a pesar del susto inicial, la asunción de módulos distintos, en ciclos distintos, es a mi modo de ver la mejor preparación para la persona opositora, concretamente en el ámbito de la FP. Como alguien dijo alguna vez, "no hay mejor forma de aprender que enseñar".

Por último y no menos importante, está la cuestión de la programación, segunda fase a la que nunca he llegado. Sin embargo, he hecho cursos y escuchado la experiencia de otros compañeros al respecto. Obviamente, la programación debe adaptarse a lo que la convocatoria exige. En ocasiones, queriendo ser muy innovadores, descuidamos el formato, lo que supone penalizaciones en la puntuación.
 
Como le escuché a un formador sobre esta cuestión, debemos darle al tribunal lo que quiere ver/oír – esto es, lo que encaja en la rúbrica-, más allá de realizar una propuesta rompedora que sorprendería al alumnado en el aula, pero que no ha lugar en el contexto de una oposición. Esta circunstancia es recíproca, además; hay programaciones perfectas para una oposición, que son inviables de implementar en el aula. Por este motivo, no es infrecuente ver a funcionarios en prácticas desbordados entre resultados de aprendizaje y criterios de evaluación. Como siempre, una cosa es la teoría y otra, la práctica. En este caso, lo que debemos demostrar es que sabemos hacer un examen.
 

La oposición: un camino al crecimiento personal

En mi opinión, el profesorado debe afrontar la oposición como un camino de crecimiento personal, en el que cada año, aprende una nueva lección. La meta está clara, la ansiada estabilidad laboral, pero alcanzarla solo merecerá la pena si no hemos perdido la salud en el proceso.

Aprobar un examen no nos convierte en mejores docentes, pero sí en un ejemplo de superación para nuestro alumnado. El buen docente es el eterno estudiante. Como dice mi madre, lo importante es llegar sano y salvo al destino, aunque tome más tiempo el camino.

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