Inteligencia artificial: la aportación más humana a la profesión de la orientación

Artículo de opinión

  • 01/03/2023
  • Tiempo de lectura 7 mins

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Elena Ibáñez. Fundadora de Singularity Experts
Los que nos dedicamos a la orientación académico-profesional somos conscientes de que se está convirtiendo en una función cada vez más retadora. Esto es así porque la información que tenemos a nuestra disposición para mejorar el éxito de las recomendaciones es cada vez mayor y más relevante:

 
  • En primer lugar, en la actualidad podemos evaluar más aspectos de los estudiantes que antes, lo cual nos permite personalizar más la orientación. Por ejemplo, además de medir dimensiones tradicionales como las capacidades cognitivas, la personalidad, los intereses, etc., ahora podemos evaluar también aspectos como el pensamiento computacional, los valores, la inteligencia emocional, la afinidad por tecnologías exponenciales, el interés sectorial, entre otros, que nos aportan un conocimiento enriquecido del alumno.
     
  • En segundo lugar, contamos con decenas de cientos de profesiones emergentes que no existían hace unas décadas, cuya granularidad nos permite afinar muchísimo más las recomendaciones profesionales a los estudiantes.
     
  • Y por último, contamos con una atomización formativa que sigue creciendo a gran velocidad y que consta de más de 3.000 grados universitarios, más de 150 ciclos formativos, más de 35 bootcamps, más de 10.000 MOOCs (Massive Online Open Courses), y cientos de másteres, postgrados y cursos de especialización, lo cual nos permite recomendar formaciones mucho más afines a los alumnos.
 
Contar con tanta información es sin duda muy positivo para la orientación académico-profesional porque, una vez organizada, nos permite elevar esa información a conocimiento. Y ese conocimiento (del alumno, de los trabajos con futuro, de la oferta formativa), una vez aplicado a nuestro propósito, nos posibilita acceder a la inteligencia que está en el mismo centro de la orientación avanzada.
 
Pero esto tiene la otra cara de la moneda, y es que, para acceder a esa inteligencia, necesitamos estructurar toda la información, la cual proviene de datos, de una grandísima cantidad de datos. Este big data complejiza la orientación -que no la complica- pero sí es cierto que dificulta el proceso de tratamiento del dato.
 
Y es que la orientación avanzada no trata de "unir sin más" esos datos, es decir, no pretende simplemente juntar las capacidades cognitivas de un estudiante con sus intereses profesionales y con su personalidad, y compararlo con las carreras y los ciclos de FP tradicionales. Porque algo muy bueno puede no serlo tanto cuando aparece en combinación con otra cosa y al revés. Quizás un bajo razonamiento de un estudiante pueda penalizar una alta aptitud numérica para ciertas profesiones. O por el contrario un rasgo de su personalidad pueda compensar una carencia cognitiva, o una inteligencia emocional pueda potenciar un interés profesional concreto.

La orientación de calidad nos obliga a ir un paso más allá y poner en contexto toda la información creciente que tenemos. Esto supone poner en relación cientos y cientos de datos que pueden dar lugar a millones de combinaciones posibles, es decir, a millones de perfiles distintos partiendo de la misma evaluación de un estudiante. Bienvenidos a la complejidad de la orientación avanzada.
 
Os lo explicaré con la teoría de la propina. Pensad cuando vais a un restaurante ¿en qué razones os basáis para decidir cuánta propina dejáis? Lo decidimos normalmente por 3: por la calidad de la comida, por la calidad del servicio o por la calidad del lugar. Pero ¿y si la comida es exquisita, pero el servicio es pésimo? Dejáis menos propina, ¿verdad? ¿Cuánto menos? ¿Pero y si la comida es exquisita, el servicio es pésimo pero el restaurante es correcto? ¿Cuánto de más? Ya se complica la decisión ¿verdad? Pues lo mismo ocurre cuando ponemos en relación las numerosas dimensiones del perfil de nuestros alumnos, pero a lo grande: algo difícil de abordar. Justo para abordar esta complejidad, entra en escena la tecnología. Parece muy complicado, pero en un ordenador, toda la amplísima información que he mencionado antes podemos llevarla a datos, codificarla y a través de la inteligencia artificial, identificar con bastante precisión el índice de similaridad de perfiles concretos con empleos concretos. Es decir, de predecir el trabajo del futuro de nuestros estudiantes.
 
Se puede hacer y de hecho ya se está haciendo: en Singularity Experts, por ejemplo, la inteligencia artificial proporciona la capacidad de modelar el comportamiento de los datos sobre perfiles humanos y empleos del futuro con base en reglas de negocio, y producir un modelo que permite razonar y realizar inferencias de conocimiento que están explícitos e implícitos en dichos datos. Teniendo en cuenta que se manejan 50 dimensiones en escala 1-100 por persona, más de 3.000 empleos con futuro y más de 10.000 formaciones, los algoritmos de la herramienta permiten, a través de esta capa de inteligencia, generar inferencias entre las millones de combinaciones posibles y descubrir con precisión los trabajos más afines para cada perfil.
 

La reflexión

En este nuevo contexto, el sector de la educación en su conjunto debe reflexionar sobre esto: la orientación no ha sido tradicionalmente una actividad en la que la tecnología haya tenido un papel predominante, y esto sigue produciendo ciertas reticencias sobre la entrada de la inteligencia artificial en la profesión. Esta desconfianza nos lleva a la necesidad de aclarar que la inteligencia artificial jamás toma la decisión de qué tiene que estudiar un adolescente. Y mucho menos sustituye -ni sustituirá nunca- a un orientador profesional. Muy al contrario, potenciará su función.
 
Es hora de asumir que la AI es un apoyo urgente e imprescindible para que la orientación de este país sea más efectiva. Porque la realidad se ha vuelto compleja, y un orientador jamás tendrá tiempo para permanecer actualizado en la locura de trabajos emergentes y de oferta formativa a la que estamos asistiendo, y menos aún para identificar los más apropiados para los perfiles holísticos de los chavales. Los orientadores necesitan ayuda, y lo que pretendemos con el apoyo de la tecnología es que estos profesionales dispongan de tiempo de mayor calidad para lo importante: ayudar a que los chicos descubran su camino.
 
Y esta es la razón por la que un orientador profesional apoyado en inteligencia artificial, hará siempre una aportación más humana a la profesión. Ojalá me ayudéis en esta labor.
 
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