Inteligencia emocional para la orientación: cómo las herramientas terapéuticas ayudan a tomar la mejor decisión

Artículo de opinión

  • 01/06/2022
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Sònia Martínez Gómez. Psicóloga y miembro del Grupo de Trabajo en Inteligencia Emocional del Colegio Oficial de Psicología de Catalunya
Elegir alargar los estudios más allá de la enseñanza obligatoria es un acierto seguro. El logro de finalizar una carrera universitaria tiene su recompensa, ya que a mayor nivel formativo mayor probabilidad de conseguir un empleo cualificado, mantenerlo y promocionar profesionalmente, según el Plan para la reducción del fracaso escolar en Cataluña, 2012-2018, publicado por la Generalitat de Catalunya en 2013.
 
En la actualidad, los centros educativos que llevan a cabo tareas de orientación profesional y vocacional coinciden en una misma problemática según publicaron en 2020 Mudarra, González-Benito y Velaz de Medrano en su artículo Debilidades del Sistema de Orientación Español según los tutores y directores de Educación Secundaria, que es disponer de poco tiempo y recursos para esta tarea concreta.
 
La ratio orientador-alumnos no permite cubrir las necesidades de orientación de todo el alumnado. Además, a menudo el orientador pedagógico y académico-profesional coinciden en la misma persona, sobrecargándoles de tareas y obligándoles a priorizar la orientación pedagógica por delante de la vocacional por pura necesidad. La consecuencia directa es la sensación de desatención y desinformación en cuanto a qué estudios elegir. De la calidad de este servicio de orientación al alumnado depende en parte que los itinerarios elegidos sean más acordes a los auténticos intereses y prioridades de la población estudiantil. Por lo tanto, reducir esta ratio se traduciría en una mejora en la distribución de talento en la comunidad y por lo tanto la economía del territorio.

Para la toma de decisión acertada, el alumnado expresa que necesita:
 
  1. Información sobre la oferta formativa y planificación
  2. Comunicación con las familias y el profesorado
  3. Herramientas para el autoconocimiento.
 
Los/las estudiantes tienen a su alcance mucha información acerca de la oferta formativa. Los recursos digitales, como los que ofrece Educaweb, cumplen con creces esta necesidad de información. Ahora bien, adentrarse y esperar que vayamos a encontrar "La Respuesta" sin más puede generar ansiedad por la cantidad de información disponible. Y los test de intereses, aunque aportan información útil, no son suficientes por sí solos. La orientación vocacional no es un proceso que llega a un final por sí solo ni es el resultado de introducir variables en una fórmula. Elegir estudios es una decisión compleja por la información que maneja y requiere voluntad, tiempo, recursos y esfuerzo.

Por lo tanto, un conocimiento básico de la oferta formativa será suficiente información para empezar. Más adelante, durante el proceso se llevarán a cabo tantas consultas como sea necesario a estas fuentes de información, con el objetivo de mantener o descartar opciones.
 
El trabajo duro viene en relación con el autoconocimiento o cómo me ubico yo en el mundo y dónde quiero ubicarme en el futuro. Se requiere un esfuerzo introspectivo que puede venir de la mano de conversaciones profundas con personas de referencia como padres, madres, tutores/as, profesores/as y/o profesionales especializados/as como Orientados.cat. En este caso, los profesionales de la orientación ayudan al alumnado j a situarse y a realizar un análisis de sus posibilidades, ser más conscientes de sus capacidades y establecer objetivos lo más realistas posibles. Las herramientas terapéuticas y de inteligencia emocional son un acelerador en los procesos de orientación.
 
Según menciona Pérez Olvera en 2006 en su artículo Desarrollo de los Adolescentes III. Identidad y Relaciones Sociales, diversos estudios (Cauley&Tyler, 1989; Metcalfe, 1981; Reynolds, 1980) han demostrado científicamente que un mejor autoconcepto y autoestima incide positivamente en el rendimiento académico y un buen rendimiento académico dilata los años de estudio. Observamos así que el bienestar emocional de los/las jóvenes correlaciona positivamente con su rendimiento escolar.
 
No confundamos bienestar emocional con tener  a los estudiantes en una "nube de algodón", darles todo lo que piden o con intentar evitar que se frustren o se enfaden. La autoestima llega de la mano del concepto de autoeficacia, sentirse capaz de hacer cosas, tomar decisiones y sobre todo de asumir errores. Es responsabilidad de todos confiar y brindar al alumnado las oportunidades para ello en su proceso de convertirse en personas adultas autosuficientes, proporcionándole herramientas que le serán útiles y beneficiosas para el resto de su vida.
 
En esta misma línea, elegir una carrera y abandonarla no debe ser interpretado como un error sino como una experiencia más. La autoestima y un buen autoconcepto son los principales aliados de las llamadas habilidades blandas o soft skills, cada vez más valoradas a la hora ser seleccionados/as para un puesto de trabajo. Las habilidades blandas son aquellas competencias que se ponen de manifiesto en la interacción con los demás, por citar algunas: comunicación, escucha activa, liderazgo, trabajo en equipo, flexibilidad, negociación, etc. Los beneficios de este tipo de competencias son muchos: permiten preservar un buen ambiente de trabajo; predispone al personal a colaborar; facilita la creatividad y el trabajo en equipo; y dispone al trabajador/a para dar lo mejor de sí mismo/a. Vemos que en la base de una buena trayectoria académica y profesional se encuentra también una buena gestión emocional.
 
Mi recomendación a las familias es otorgar más importancia y atención a la información que se transmite a los hijos e hijas sobre las profesiones, evitando prejuicios y manifestando absoluto respeto. No escatimar en detalles cuando nuestras personas más jóvenes manifiestan interés por algunas profesiones e invitarlas, acompañarlas si es necesario, a buscar más información sobre las mismas a partir de sus preguntas y dudas. Escuchar sus reflexiones, ampliar sus miras y ayudarlas a tomar conciencia de las posibilidades que les ofrece su entorno. Animarlas, siempre que sea posible, a alargar al máximo la etapa escolar sin presionar hacia un camino u otro. Tener en cuenta que antes que precipitarse, se puede posponer la decisión y aprovechar ese tiempo para adquirir otras experiencias. Animarlas también a adquirir experiencia profesional siempre que se pueda, ya que les proporcionará autoconocimiento y autonomía, aspectos fundamentales para su capacidad de responsabilizarse de ellos mismos y por lo tanto mejorar su autoestima.
 
Es sabido que, en el mercado laboral actual, buscar o cambiar de empleo se dará en varias ocasiones a lo largo de la vida. La orientación vocacional o profesional, por lo tanto, no es un proceso exclusivo de la adolescencia. Ser competente emocionalmente, es decir, saber identificar, gestionar y regular con eficacia nuestras emociones no sólo contribuye a un mayor bienestar general, sino que ahora también sabemos que nos brinda mejores oportunidades laborables.
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