Una opción para llegar donde la educación formal no llega

Irene Ranz Buquerín.
Presidenta de Fundación Aprender y directora de Colegio Jara (Madrid)
05/05/2021

Hablamos de formación no reglada, por un lado, como aquella que durante la etapa escolar se dirige al desarrollo del talento y que tiene lugar en forma de actividades que nos gustan, que nos apetecen, como pueden ser clases de pintura, de música o deportivas, por ejemplo. Éstas tienen una importancia vital pero no están valoradas.

Suele pasar que, cuando los niños tienen mucha carga académica, lo primero que tiende a hacerse es decir «pues que deje la danza» o «que deje la pintura que lo importante son las mates».

Se deja la pintura porque se prioriza lo reglado. Lo reglado es obligatorio y, por tanto, quita tiempo y valor –y posibilidades– a lo no formal, cuando igual el talento de ese niño está en el arte o en el baile.

No todos tenemos el talento en la lengua o en las matemáticas, en memorizar y en examinarnos, sino que los talentos se localizan muchas veces en otras áreas que necesitan de espacios fuera de clase para poderlos desarrollar y de otras metodologías más vivenciales, más experienciales y más adecuadas a personas con dificultades con el sistema de aprendizaje "tradicional". No es justo que estos otros espacios tengan menos valor y reconocimiento social cuando en el desarrollo personal pueden jugar un papel crucial.

Gran parte de lo que se aprende con esa formación no reglada debería estar incorporado en el colegio. El desarrollo del niño y del adolescente tiene que ser global, completo, no solo del hemisferio izquierdo. Tiene que ser lo más amplio posible. Cuantas más posibilidades ofrecemos a la persona de desarrollar sus diferentes áreas, mejor desarrollará su potencial, más lejos llegará y más satisfacción tendrá.

Sin embargo, como el colegio solo se ocupa de una pequeña área, todo lo que queda fuera de ella afortunadamente puede trabajarse desde la educación no formal, pero por desgracia ésta está considerada "de segunda" y siempre supeditada a las posibilidades del éxito académico. Una escuela completa sería una escuela donde tuvieran cabida otras actividades de diferentes disciplinas.

Por otro lado, una vez finalizada la etapa escolar, la realidad aplastante es que las profesiones del futuro ya han llegado, ya son presente. La tecnificación, la dictadura de lo digital se impone y eso nos está obligando a hacer cambios en las profesiones. ¿Dónde está la educación formal para esas profesiones? ¿Existe una FP o un grado universitario para trabajar en los gigantes tecnológicos como Amazon o Google? Son estos gigantes los que ofrecen su propia formación porque la misma no existe fuera.

La educación formal evoluciona muy poco y muy despacio. El desarrollo va mucho más deprisa. La educación no formal es rápida, ágil y posibilita que unos puedan formar a otros y crear nuevas profesiones. Es la universidad de la vida. Con este tipo de educación hay un aprendizaje como forma de vida que se va completando con formaciones que van dando forma a tu perfil profesional, unas formaciones que pueden recibirse de otros que se han autoformado previamente o siguiendo una educación formal y, ahora, a su vez, comparten sus conocimientos.

Algo así es lo que se pretendía con las certificaciones profesionales con las que uno podía realizar formaciones cortas de diferentes ámbitos de manera que cada cual iba eligiendo su especialización. Finalmente, las instituciones no han apostado lo suficiente por estas certificaciones y no han salido adelante.

La educación no formal cubre los huecos de la formal, llega donde no llega la formal y permite la instrucción en base a los talentos de las personas que la eligen, en base a su intuición, en base a aquello en lo que ven que pueden aportar porque creen que son buenos a través de la creación de sus propios perfiles muy personalizados profesionalmente.

Además, la educación no formal complementa a la formal, la hace más versátil, la conecta con la vida real, potencia muchas carreras universitarias. El conocimiento no tiene límites; el poder formarte de manera amplia en diferentes áreas o facetas necesarias para el buen desempeño profesional es posible gracias a la educación no formal.

Así pues, entre los beneficios de la educación no formal podemos mencionar el hecho de que sigue de forma inmediata las necesidades sociales. Permite que alguien que tenga la información y los conocimientos bien asentados y sea un buen comunicador pueda transmitirlos a terceros.

Ojo, no hablamos de suplantar otras profesiones, lo que se conoce como intrusismo profesional. Hablamos de que igual yo no necesito realizar la carrera de Veterinaria si lo que quiero es dedicarme a la peluquería canina. Igual para eso basta con un curso, al que podré sumar otro de cuidado de mascotas, otro de especialización en productos para la higiene animal, otro de desparasitación...; es decir, toda esa formación que me dé los conocimientos necesarios para poder dedicarme a ello (tampoco será suficiente con hacer un curso de tres días, evidentemente).

Hablamos de formaciones amplias para aquellos que cuenten o no con una titulación de la formación reglada; formaciones que no les van a capacitar para ser especialistas, pero sí para ampliar los conocimientos y la experiencia. 

La educación no formal actúa, por tanto, como complemento a la formal y como alternativa para aquellas formaciones que no existen desde la formal y que hace que muchas personas puedan estar trabajando.

La formación no reglada ha de superar dos retos: uno es la fiabilidad. La formación no
reglada no goza de prestigio
. Necesita demostrar la calidad, ganarse la confianza de la gente. La formal desprestigia a la no formal por miedo.

El otro reto es demostrar que no es competencia desleal, sino que se trata de una formación alternativa a la no desarrollada y representa oportunidades necesarias que no compiten con otras porque esas otras no existen.

Es lo que nos ocurre en Fundación Aprender con los profesionales en Neurodesarrollo. No localizamos a profesionales que nos ayuden en este ámbito. Por eso, desde hace tres años, nosotros mismos impartimos esta formación dado que, de momento, nadie más lo hace de una manera tan completa.

Entre los aspectos que deberían tener en cuenta las personas para elegir una formación no reglada, primero han de asegurarse de que es una formación seria y, segundo, saber qué se quiere, conocer cuáles son los talentos de cada uno para así elegir la formación que permita el desarrollo de dichos talentos.

La no formal permite un acercamiento a determinadas disciplinas muy variadas para descubrir si es lo que realmente me gusta y ver si ahí está mi futuro o no, algo que no podré saber de otra manera al tratarse de disciplinas nuevas u obsoletas (para las que ciertas formaciones están desapareciendo).

Sería maravilloso recuperar las escuelas de aprendices en las que el alumno aprende haciendo y aprende profesiones para muchas de las cuales no es necesaria la educación formal. Volver a recuperar la manera natural de aprender: maestros enseñando a aprendices. Es algo que está desfasado pero lo mismo de cara a las profesiones que no tienen formación igual es una buena idea. Ahí queda…
 
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