“ La formación es una de las palancas imprescindibles para la recuperación económica ”

Joaquín Nieto.
Director de la Oficina para España de la Organización Internacional del Trabajo (OIT)
15/12/2020

Joaquín Nieto (Mendavia, Navarra, 1956) es director de la Oficina de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para España desde 2011, un organismo internacional que busca promover los derechos laborales, fomentar oportunidades de trabajo decente, mejorar la protección social y fortalecer el diálogo entre todas las partes involucradas en el mercado laboral.
 
Durante su trayectoria profesional, Nieto ha ocupado el puesto de secretario confederal de Medio Ambiente y Salud Laboral de Comisiones Obreras, así como presidente y cofundador de SustainLabour, Fundación Laboral Internacional para el Desarrollo Sostenible, entre otros cargos relacionados. También es autor del libro "Los desafíos del cambio climático".
 
Educaweb ha conversado con él para conocer su visión respecto a la crisis económica que está dejando la pandemia y sus propuestas para afrontarla, que pasan por la transformación del modelo económico y la inversión en formación a lo largo de la vida para las personas, entre otras acciones.
 
¿Cuáles han sido las principales consecuencias del COVID- 19 en el mercado laboral mundial?
 
La pandemia ha obligado a cerrar completa o parcialmente la actividad económica y comercial en todo el mundo en algunos momentos, salvo en las actividades esenciales. De hecho, el 91% de los trabajadores que tienen un empleo a nivel mundial trabajaban en países que han tenido que suspender parcialmente o de manera generalizada su actividad económica y comercial debido a la crisis sanitaria.
 
Esto ha tenido un impacto enorme sobre la economía y el empleo en todo el mundo. De tal forma que la crisis sanitaria pasará, con todo el sufrimiento que va a dejar, que está siendo mucho, pero pasará. Sin embargo, dejará una crisis económica y de empleo que va a ser muy difícil y que va a tener, está teniendo y tendrá unas consecuencias económicas y sociales muy complicadas para mucha gente.
 
Por ejemplo, el 60% de personas a nivel mundial que trabaja en la economía informal ha sido uno de los colectivos más afectados por la pandemia. Estos trabajadores y trabajadoras se han visto afectados por el cierre de la actividad porque esto ha significado la pérdida inmediata de sus ingresos, y por lo tanto la entrada de un día para otro en la pobreza, ya que la gran mayoría de ellos y ellas no tienen ahorros y dependen diariamente de sus ingresos. Hay que recordar que hay 1.800 millones de trabajadores en el mundo que no tienen un contrato de trabajo o que tienen un trabajo informal y una parte importante de ellos se han visto afectados por la crisis económica que ha generado la pandemia.
 
¿Qué impacto ha tenido la pandemia en el mercado laboral de España en particular?
 
En el caso de España, el cierre de la actividad económica y comercial ha provocado una crisis especialmente aguda porque el país tiene unas características en las que padece de un desempleo estructural muy elevado. España tenía unas tasas de desempleo del 13 o 14%, pero ahora se han visto incrementadas de manera muy considerable.
 
Los efectos serán muy dañinos en la economía y el empleo, especialmente el juvenil, porque normalmente las tasas de desempleo de los y las jóvenes suelen doblar las tasas de desempleo en general. De manera que, si el crecimiento en la tasa de desempleo llega a acercarse o superar el 20%, esto significará que la tasa de desempleo juvenil superará el 40%.
 
Afortunadamente, España, como muchos otros países europeos, ha adoptado medidas de escudo social, de protección de la economía, de las empresas, los autónomos y los trabajadores. Y esto ha hecho que las consecuencias sociales inmediatas de esa pérdida de empleo no hayan sido tan agudas. Medio millón de empresas se han podido acoger a los Expedientes de Regulación Temporal de Empleo (ERTE), cinco millones de trabajadores se han visto protegidos, un millón de autónomos, las empleadas de hogar. Incluso en España, a lo largo de la pandemia, se ha instrumentado una política general de ingreso mínimo vital que debería alcanzar a 800 mil familias. Este escudo social muy interesante ha amortiguado los terribles efectos económicos, sociales y de empleo de la pandemia.

¿Qué estrategias adicionales recomienda realizar a nivel político para que los efectos de la crisis del COVID-19 en el empleo puedan afrontarse y paliarse?
 
Una cosa muy interesante que ha habido en España es la fluidez del diálogo social. Todo lo que he descrito antes no hubiera sido posible sin un diálogo social intenso y fluido, tripartito, que ha existido entre el gobierno, las organizaciones sindicales y los empleadores. Cualquier salida de la situación, implica un mantenimiento de este diálogo social. Pero la salida de la situación también requiere de una actuación económica muy intensa, anticíclica, de inversiones para poder estimular la economía.
 
Afortunadamente esto ha sido entendido en Europa y esta ha instrumentado unas inversiones multimillonarias: 140 mil millones han sido dedicados a España, que deberían permitir una reactivación de la economía. Y deberían ser una oportunidad para reformar el modelo productivo, hacerlo más sostenible desde el punto de vista medioambiental, porque España como el resto del mundo tienen que afrontar la crisis climática, y el modelo productivo que hay no es sostenible desde el punto de vista climático.
 
Esta transición energética implica no solo la generación de la energía eléctrica, sino una reconversión enorme y una transformación importante en otros sectores, principalmente el sector del transporte y la movilidad, el de la edificación, y la agricultura, que deben ser más sostenibles.
 
Estas inversiones también deben servir para agilizar el proceso de digitalización pendiente, porque estamos viviendo una revolución tecnológica impresionante en todo el mundo y es necesaria la adaptación de las economías y de las personas a esta revolución tecnológica. Entonces estas inversiones deberían ser una oportunidad también. No solo para la transición energética y ecológica, sino para la transición digital.
 
Se requerirán reformas laborales en profundidad y de alcance para adaptar a los trabajadores a la nueva realidad y a los nuevos sectores, para formarlos y acompañarlos en las transiciones. Porque muchos sectores desaparecerán y otros emergentes ocuparán su lugar, y esto implica un fenómeno transitorio importante que requiere de criterios de transición justa.
 
La transición justa también necesitará reformas laborales que corrijan los defectos que tiene el mercado en España, que tienen un exceso de temporalidad, un exceso de tiempo parcial involuntario y un exceso de discriminación de género y dificultades para los jóvenes para acceder al mercado de trabajo. Y se tendrán que fortalecer las relaciones laborales, la negociación colectiva y sectorial, clave para poder hacer esa transformación de la que he hablado.
 
"La recuperación económica de la pandemia debería ser una ocasión también para crear un mercado laboral más igualitario".

¿Qué colectivos se han visto más afectados en España en materia laboral a causa de la pandemia? ¿Por qué?
 
Son tres principalmente: los trabajadores que se mueven en la economía informal, los jóvenes que son especialmente sensibles a cualquier variación en el mercado de trabajo, y las mujeres, que específicamente en el caso de esta pandemia han sufrido más que en la crisis anterior. Porque la crisis en esta ocasión se ha centrado en los sectores de servicios y más feminizados.
 
Además, la extensión del teletrabajo ha tenido una repercusión especialmente negativa en las mujeres, ya que las tareas de cuidados no remuneradas las hacen ellas principalmente, mucho más con los hombres, y se han multiplicado esas tareas durante el confinamiento al tener que atender a los hijos y al mismo tiempo su trabajo online. En la OIT hemos estudiado esto y hemos visto que también ha habido hombres que se han visto afectados, que tenían que estar atendiendo a sus hijos y el seguimiento de sus tareas escolares, o de las tareas de cuidados. Pero estas tareas han recaído más sobre las mujeres y por eso se han visto más afectadas.
 
La recuperación económica de la pandemia debería ser una ocasión también para crear un mercado laboral más igualitario y acabar con las discriminaciones de género que existen. Que empiezan en los cuidados, que siguen en las posibilidades de acceso al mercado de trabajo y que continúan en el interior de las empresas, especialmente en las dificultades para la promoción y en la brecha salarial de género.
 
¿Qué recomendaría a los y las jóvenes para aumentar su empleabilidad en un mercado laboral afectado por la pandemia?
 
No se debe recaer toda la responsabilidad sobre los propios jóvenes. Claro que tienen que tratar de formarse y orientar su formación hacia las nuevas demandas profesionales. Pero es el conjunto de la sociedad el que tiene que ayudarlos, de manera que los jóvenes no sufran esta situación.
 
No se trata de responsabilizar individualmente a los jóvenes sobre su situación de empleabilidad mayor o menor. Porque muchos de ellos y ellas se han preparado para la empleabilidad, pero ha llegado una crisis como esta y han visto perdidas sus oportunidades. Entonces, tiene que ser una respuesta de conjunto por parte de la sociedad para ayudar a que los jóvenes mejoren su empleabilidad. En esa respuesta de conjunto para mejorar la empleabilidad de los y las jóvenes lo principal es generar empleo de conjunto también. Si no hay empleo para todos, no habrá empleo para jóvenes.
 
Estas inversiones multimillonarias, necesarias para la recuperación económica son imprescindibles para crear empleo también para jóvenes. Luego serán necesarias políticas específicas para ellos, y estas incluyen, por ejemplo, recuperar los programas europeos de garantía juvenil, que son programas que responden a esa situación de jóvenes que ni tienen un empleo ni están estudiando. De esta manera, cuando un joven o una joven lleven unos meses sin estar empleados y sin estar estudiando, habría que hacerles una oferta, o bien de empleo o una formativa. Esta es la esencia de la garantía juvenil, que habría que recuperarla. Y buena parte de las inversiones que se están haciendo para la recuperación de la economía deberían ir también con una orientación de garantía juvenil.
 
Otra gran medida es la formación. Los jóvenes tendrán oportunidades formativas si se les ofrecen. Hay muchos que desean aprender profesiones que se van a necesitar en el futuro relacionadas con la energía, o la digitalización, y a veces la formación no les ofrece estas posibilidades. Entonces hay que crear y ofrecer formación relacionada con la economía que se prevé desarrollar, y dar la oportunidad a los y las jóvenes para que puedan acceder a esta formación.


Ha señalado que las mujeres es uno los colectivos más afectados a nivel laboral por la crisis del COVID-19. ¿De qué manera se podrían aumentar y mejorar sus oportunidades laborales?
 
Combatiendo cualquier discriminación. Esas discriminaciones empiezan, tal como lo dije antes, en el reparto de los cuidados. Se debe hacer una gran reforma con respecto a los cuidados, y en particular a los no remunerados que recaen sobre las mujeres.
 
En el mundo existe una brecha de 17 puntos en el empleo de las mujeres y de los hombres. Hay una menor presencia de las mujeres en el mercado de trabajo que los hombres. En la OIT hicimos una encuesta con Gallup a nivel mundial, y el 70% de las mujeres quería estar en el mercado del trabajo, un empleo remunerado, y el 69% de los hombres estaba de acuerdo. Sin embargo, la situación no es esa. La situación es que ese 70% es el que tienen los hombres, pero las mujeres no.Y esto tiene que ver con el reparto del trabajo de cuidados no remunerados.
 
Estos cuidados deben ser reconocidos, repartidos, remunerados, deben tener posibilidad de representación de las personas que lo realizan. Todo el universo de los cuidados debe cambiar con una perspectiva de igualdad de género. Debe superarse esa situación de profesiones feminizadas, peor tratadas laboralmente, con más temporalidad y menos salarios. Se deben superar las brechas salariales de género, que siguen estando ahí y que no son justificables.
 
 
Desde su punto de vista ¿qué papel juega la formación en la recuperación económica y laboral de España?
 
En España y en el mundo la formación es una de las palancas más claves, no solo para esta recuperación económica y superar la crisis generada por la pandemia, sino también para abordar la transición en un mundo cambiante. Estamos viviendo un cambio de época más allá de la pandemia por razones de la revolución tecnológica, las transiciones ecológicas y energéticas que hay que realizar, por la evolución demográfica, por la irrupción de las mujeres exigiendo igualdad de género. Todo esto está reconfigurando nuestro mundo en su conjunto y esta reconfiguración implica un cambio muy profundo y un fenómeno de transición muy agudo.
 
Estas transiciones (tecnológicas, energéticas y económicas) solo se pueden realizar si se garantiza la formación a lo largo de toda la vida como un derecho. Si la formación a lo largo de toda la vida como un derecho se consigue establecer, y el conjunto de la sociedad, tanto la oferta pública como privada, se adapta a esta garantía, esta transición tendrá éxito, si no, no. Así que la formación es una de las palancas imprescindibles para la recuperación económica y requiere una reforma profunda en su conjunto.
 
Asimismo, resulta fundamental estudiar los cambios que habrá en los diferentes sectores económicos, en el transporte, la digitalización, la energía, la agricultura, etc. Además, es importante investigar qué necesidades profesionales habrá, y acomodar la oferta formativa a estas.


Teniendo en cuenta que Educaweb es un actor en el ámbito de la orientación académica y profesional, desde su portal y a través de los Premios Educaweb que ya cumplen su 13ª edición premiando proyectos de orientación en empresas, instituciones y centros de formación ¿Qué papel cree que juega la orientación académica y profesional en este contexto del COVID-19?
 
El año pasado celebramos el centenario de la constitución de la OIT, y en la declaración tripartita en la que se han comprometido 187 gobiernos del mundo, así como los empleadores y trabajadores de estos países, se ha planteado que hay que invertir en las personas y en las instituciones del trabajo, lo que tiene una vertiente de formación imprescindible en ambos casos.
 
La formación no es solo algo genérico, ya he dicho que hay que garantizarla como un derecho en todo el periodo transitorio y a lo largo de toda la vida, sino que también debe ser lo más concreta posible y estar lo más ajustada a las posibilidades de empleabilidad de cada momento y las necesidades del modelo productivo de cada momento. Y esto por lo tanto requiere esfuerzos de orientación en el momento de la formación, en todo el currículum formativo, sobre cuáles van a ser las posibilidades y necesidades de futuro, pero también en la inserción laboral.
 
He dicho antes que en esta formación hay espacio para la oferta pública y la garantía de una educación privada, pero hay también la responsabilidad muy importante del sector privado y de las empresas, que deben introducir la formación en su política de empresa de manera constante. En este sentido, la formación dual debería extenderse completamente y no ser una excepción como es ahora.
 
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