La importancia de la orientación académica y profesional desde las etapas más tempranas

Artículo de opinión

  • 05/02/2020

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Sandra Suárez, Orientadora educativa en la Conselleria d'Educació, Recerca i Universitat de las Illes Balears
De acuerdo con el informe Investing in Career Guidance (2019) elaborado por el Centro Europeo para el Desarrollo de la Formación Profesional (Cedefop), la Comisión Europea, la European Training Foundation (ETF), la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la UNESCO, la orientación académica y profesional es un pilar esencial en la formación del alumnado y debería ofrecerse desde la Educación Primaria. Sin embargo, no debemos olvidar que ésta también debe enfocarse a que los niños y las niñas descubran cómo son, qué les gusta y cuáles son sus talentos; a que exploren las profesiones y adquieran competencias que les ayuden a gestionar sus carreras en el futuro. De hecho, el 96,3 % de los docentes considera que el alumnado puede desarrollar desde la Educación Infantil capacidades que le ayudarán a construir su vida personal y profesional, según el estudio The Early Years Career Development for Young Children (2017).
 
Parece que estamos ante dos enfoques aparentemente opuestos de lo que debería ser la orientación académica y profesional en las etapas más tempranas; sin embargo, éstas pueden confluir, si tenemos en cuenta dos aspectos:
 
  • Desde las etapas más tempranas como la Educación Infantil, el currículo está planteado como un elemento global, en el que se integran diferentes áreas de conocimiento (de uno mismo, del entorno, y de la comunicación y el lenguaje), que se despliegan de manera conjunta para ayudar al desarrollo personal y social de cada alumno y alumna. De este modo, la orientación se basa en guiar a los niños y las niñas para que descubran cómo son, qué les gusta, cuáles son sus talentos, etc., a la vez que se les ofrece las primeras herramientas para su futuro personal, académico y profesional (pautas de comportamiento, rutinas, etc.).
 
  • En la etapa de Primaria, el currículo ya se desglosa por ámbitos (lingüístico, matemático, artístico, etc.), que integran diferentes asignaturas (Castellano, Inglés, Música, Educación Plástica y Visual, etc.), que representan la antesala de lo que es el currículo de Secundaria. Es en este punto, en el que el alumnado empieza a despuntar en determinadas áreas. Así, la orientación se centra en potenciar aquellas competencias en las que el alumnado presenta más facilidad, a la vez que se ofrecen pautas y adaptaciones (en algunos casos) para trabajar las que resultan más complicadas. Con ello, se hace hincapié en la gestión los propios gustos y talentos, y se ponen las bases para la orientación académica y profesional de las etapas posteriores.
 
Teniendo en cuenta estos aspectos, no cabe ninguna duda que la orientación académica y profesional debe estar presente desde los inicios de la educación formal, como herramienta de guía hacia el autoconocimiento y desarrollo personal, pilares fundamentales a la hora de establecer decisiones sobre el propio futuro académico y profesional.
 
Así pues, para alcanzar estos objetivos, las intervenciones por parte de las y los profesionales de la orientación irán encaminadas de manera diferente, en función de la etapa a la que vayan a dar respuesta:
 
  • En la Educación Infantil, las intervenciones son entendidas como un conjunto global de herramientas de desarrollo personal. En este sentido, se trabaja, de manera transversal y a diferentes niveles (individual, en pequeño grupo o en gran grupo), en función de las necesidades de cada alumno y alumna, y del grupo-clase. Así, por ejemplo, si alguien presenta dificultades en la concentración para la realización de tareas, se trabajará a través de la realización de actividades de tipo más cognitivo (puzzles, lectura de cuentos, etc.), a la vez que se ofrecerán consignas más sencillas.
 
No hay que olvidar que se están estableciendo las bases para el desarrollo personal y social, para que, en un futuro, el alumnado sea capaz de integrarse y adaptarse en la sociedad y de desarrollarse a nivel personal y profesional.
 
  • En la Educación Primaria, las intervenciones ya están más fragmentadas, siguiendo la estructura curricular. Así, éstas se centran en un apoyo curricular más específico por materias, establecido a partir de observaciones y cuestionarios, para potenciar el desarrollo del alumnado, especialmente en las áreas en las que se presenta más dificultad.
 
Aunque pareciera que se quiere forzar al alumnado a trabajar aquellas áreas en las que no muestra interés y/o tiene dificultades, se trabaja de este modo para conseguir la consecución de los objetivos de la Educación Primaria, y acceder a la de Secundaria con un nivel de autoconocimiento y autonomía básicos, para, a partir de ahí, poder tomar decisiones acerca de su futuro académico y personal de manera plena.
 
"La orientación académica y profesional debe estar presente desde los inicios de la educación formal, como herramienta de guía hacia el autoconocimiento y desarrollo personal, pilares fundamentales a la hora de establecer decisiones sobre el propio futuro académico y profesional".

ELa orientación es, entonces, vista como un apoyo para la consecución de objetivos curriculares y de desarrollo personal, para favorecer el autoconocimiento y la autonomía, elementos que serán necesarios para poder tomar decisiones de manera consciente en etapas posteriores.
 
Sin embargo, no hay que olvidar que, para poder llevar a cabo una correcta orientación académica, un pilar fundamental en su práctica es crear una buena alianza con las familias, especialmente en estas etapas tempranas, puesto que son el referente principal de los niños y las niñas, y su modelo a seguir. Los Equipos de Orientación Académica y Profesional (EOEP) y los Equipos de Atención Temprana (EAT), junto con el profesorado, sitúan a las familias en el centro de la práctica educativa, estableciendo unas pautas conjuntas para trabajar en el desarrollo personal y educativo de sus hijas e hijos.
 
Así, en una primera fase, entra la figura de la tutoría, que detecta unas determinadas dificultades y/o facilidades que presenta el niño o la niña, y contacta con la familia para poner en común sus necesidades. En una segunda fase, el equipo de orientación entra en escena y se establece un posible diagnóstico y propuesta de intervención. A continuación, se cita a la familia y se ponen en común los resultados de las diferentes observaciones y/o los cuestionarios realizados. A partir de aquí, es cuando debe crearse una buena alianza y clima de trabajo, puesto que se establece una línea de actuación conjunta familia-escuela, en la que se pretende dar respuesta a las necesidades detectadas, y revisar aquellas pautas que no ofrecen los resultados esperados, para que cada alumno y/o alumna pueda finalizar con éxito la etapa educativa.
 
Podemos decir entonces, a modo de conclusión, que la orientación en etapas tempranas es esencial para el desarrollo del alumnado, por lo que respecta al autoconocimiento y autonomía personal, elementos que sustentarán las bases para poder realizar decisiones conscientes y de manera independiente en etapas educativas posteriores. Como consecuencia, sus intervenciones deben ser tratadas y entendidas de un modo diferente a la Educación Secundaria y/o la etapa adulta, cuyos objetivos se centran en itinerarios académicos y profesionales.
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