“ Hay que reducir las barreras de entrada a la Formación Profesional de grado medio ”

Juan Carlos Rodríguez,
Investigador en el centro de investigación Analistas Sociopolíticos (ASP), profesor de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid y experto de la campaña "Descubre la FP"
29/10/2019

Juan Carlos Rodríguez (1964) es investigador en el centro de investigación Analistas Sociopolíticos (ASP) y profesor asociado de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid. Sus investigaciones han estado casi exclusivamente vinculadas a temas sociopolíticos y ha publicado libros y artículos relacionados con la Formación Profesional. Sobre este tema ha escrito, entre otros, La educación profesional en España (con Víctor Pérez-Díaz; Fundación Santillana, 2002) y el capítulo "El capital humano en España y sus límites al desarrollo de un tejido productivo avanzado: el insuficiente desarrollo de la Formación Profesional", del libro Agentes sociales, cultura y tejido productivo en la España actual (Funcas, 2015). Forma parte del equipo de expertos del proyecto Descubre la FP, iniciativa de la Fundación ATRESMEDIA y Fundación MAPFRE que tiene el objetivo de impulsar y dar a conocer la Formación Profesional en España. Su papel en este proyecto es asesorar en el diseño de nuevas acciones para impulsar la FP en España.
 
Las últimas cifras del Ministerio de Educación y Formación Profesional señalan que la FP es la etapa no universitaria que más ha crecido en número de estudiantes en la última década. ¿Qué factores cree que han propiciado el aumento del alumnado de FP?
 
El factor principal es la reincorporación al sistema educativo de trabajadores que habían abandonado sus estudios antes o durante el boom económico anterior a la última crisis. Esto se puede comprobar con relativa facilidad teniendo en cuenta la composición de la matrícula de los ciclos formativos de grado medio (CFGM) por edades. Las edades que más han crecido son las más avanzadas, esto es, las que menos se corresponden con una edad "normal" de escolarización. De hecho, es fácil de comprobar que el enorme aumento de los matriculados en CFGM con 20 años o más que tuvo lugar en tiempos de crisis se ha revertido desde el inicio de la recuperación económica.
 
La mayor parte del aumento del peso de la matrícula en CFGM sobre el total de matriculados en la Secundaria Superior (Bachillerato + CFGM) se debió al crecimiento de la matrícula en edades superiores a los 17 años, sobre todo, como he dicho, superiores a los 19 años. Es decir, no se trata, en lo fundamental, de que los titulados de la ESO elijan más la FP que antes.
 
Se trata, por otra parte, de trabajadores que, con mucha frecuencia, contaban con el título de Graduado en ESO, pues solo una pequeña parte del incremento ha requerido pasar las correspondientes pruebas de ingreso en la Formación Profesional.
 
 
¿Cuáles cree que han sido los tres principales cambios que ha registrado la FP en estos últimos 10 años? ¿Han sido positivos o negativos?
 
Quizá el principal es el haber facilitado el acceso a la Formación Profesional de grado medio para quienes no cuentan con el título de Graduado en ESO y, sobre todo, el acceso a los CFGS de quienes cuentan con una titulación de Formación Profesional de grado medio, sin que necesiten una prueba específica. Queda por facilitar todavía más el ingreso en los ciclos formativos de grado medio, por ejemplo, sin requerir ninguna titulación de Secundaria de primera etapa, como es la norma en los países con los que solemos compararnos.
 
También puede mencionarse el intento de implantar y extender la Formación Profesional Dual, en la que el tiempo de aprendizaje en los centros de trabajo es sustancialmente más que en la Formación Profesional al uso. De todos modos, la FP Dual se ha extendido muy poco: en el curso 2016-2017, los alumnos matriculados en esta modalidad solo eran el 2,4 % del total en CFGM y el 3,9 % en CFGS. Nos falta muchísimo para parecernos a Alemania, si es que queremos hacerlo.
 
Por último, supongo que la implantación de la Formación Profesional Básica estará teniendo algún efecto en el mantenimiento en el sistema educativo del alumnado menos predispuesto a las enseñanzas académicas, pero no recuerdo ningún estudio al respecto. En cualquier caso, deberíamos procurar que no se convirtiera en una variante más, con un nombre nuevo, de los poco exitosos Programas de Cualificación Profesional Inicial o de Garantía Social.
 
"Queda por facilitar todavía más el ingreso en los ciclos formativos de grado medio, por ejemplo, sin requerir ninguna titulación de Secundaria de primera etapa, como es la norma en los países con los que solemos compararnos".

Un estudio realizado por Educa 2020 a más de 19.000 familias indica que la imagen de la FP sigue siendo fundamentalmente negativa. ¿Qué medidas es preciso tomar para cambiar esta imagen?
 
En realidad, lo que se recoge en el estudio es que la mayoría de los entrevistados dicen que esta modalidad formativa tiene mala imagen, no que ellos tengan una mala imagen de la Formación Profesional. No es lo mismo. Pueden estar, simplemente, repitiendo los planteamientos habituales en los medios de comunicación de masas, que no tienen por qué coincidir con lo que piensa realmente la gente (cada uno de nosotros) al respecto. No recuerdo ninguna encuesta que haya planteado esa pregunta de manera directa.
 
Asunto distinto es si los padres prefieren que sus hijos, una vez finalizada la ESO sigan estudiando Formación Profesional o un Bachillerato que los puede llevar más directamente a la universidad. Muy probablemente, la mayoría prefiere lo segundo, pero, de nuevo, eso no implica una mala imagen. Quizá sea la estrategia más razonable desde el punto de vista de la carrera laboral y de los ingresos futuros de esos estudiantes. Que la proporción de estudiantes de enseñanza Secundaria superior matriculados en CFGM no sea mayor (como es, en los cursos y ramas equivalentes, en bastantes países europeos) no tiene tanto que ver con la buena o la mala imagen, sino con esos cálculos y, en particular, con que las barreras de entrada a la Formación Profesional de grado medio han sido tradicionalmente mucho más bajas que en España.
 
Todo lo anterior no es óbice para que no mejore el conocimiento que tienen las familias sobre el funcionamiento real de la Formación Profesional, ni, claro, para que ese funcionamiento real, a su vez, mejore, haciendo a esa rama educativa más atractiva.

En su opinión, ¿la FP es una formación práctica, útil y efectiva a la hora de encontrar trabajo? ¿En qué evidencias basa su respuesta?
 
Responder a esa pregunta requiere comparar, por ejemplo, a los titulados en CFGM con titulados en Bachillerato, teniendo en cuenta un conjunto de variables que pueden diferenciarlos y que pueden influir en el éxito laboral de los individuos. Eso requiere análisis estadísticos complejos que no abundan. Hasta no hace muchos años era, al menos, relativamente sencillo calcular las tasas de ocupación y de paro de los titulados en Formación Profesional para compararlas con los titulados en otras ramas o niveles educativos. No hacía falta más que descargar las tablas de la Encuesta de Población Activa de la página web del INE y hacer unos cálculos sencillos. O se podían descargar los ficheros de datos anonimizados (y gratuitos, y de muy fácil acceso) de dicha encuesta para hacer cálculos más complejos.

Desafortunadamente, desde hace unos años ni las tablas ni los ficheros de datos anonimizados distinguen, por ejemplo, entre CFGM y Bachillerato, o entre CFGS y estudios universitarios. De este modo, salvo que se trate de un investigador llevando a cabo una investigación a propósito sobre la materia y solicite los ficheros de datos no anonimizados al INE (o a Eurostat), no es tan sencillo hacerse una idea aproximada de las tasas de ocupación y paro de los titulados en Formación Profesional.
 
En una investigación ("El capital humano en España y sus límites…") que llevé a cabo hace unos años con datos del último Censo de Población, el de 2011, comprobé cómo la probabilidad de estar ocupado suele ser similar si se contaba con el título de Bachillerato o con un título de Formación Profesional de primer nivel, y cómo la probabilidad de estar ocupado era claramente más alta si se contaba con una titulación universitaria que con una titulación de Formación Profesional de nivel superior. Pero se trata de datos antiguos y las cosas no tienen por qué ser iguales hoy día.
 
En cualquier caso, esas comparaciones no dejan de ser bastante gruesas. Tendría mucho más sentido comprobar tasas de paro, de ocupación, ingresos, etc., de las distintas ramas de la Formación Profesional de grado medio o superior con el Bachillerato y con las distintas ramas de la enseñanza universitaria.
 
"Tomarse en serio la FP Dual es un buen modo de procurar que la oferta del sistema escolar se adecúe a las demandas del tejido productivo".

¿Qué retos afronta la FP para poder consolidarse en nuestro país y crecer al nivel del resto de países de la Unión Europea?
 
Como he dicho más arriba, lo fundamental, a mi juicio, es reducir las barreras de entrada a la Formación Profesional de grado medio para que la FP pueda crecer al nivel del resto de países de la UE. Y, claro, ajustar la oferta educativa a una población escolar que, llegado el momento, podría aumentar considerablemente.
 
Por otra parte, si nos tomamos en serio la Formación Profesional Dual, se plantean retos de implicación colectiva de las empresas medianas y grandes (a través de sus asociaciones, como ocurre en Alemania), que habrán de repartir entre todas los costes de la formación de cada estudiante, de modo que unas no se aprovechen de la formación prestada por otras. Esto implicaría un cambio de gran calado en las prácticas habituales desde tiempos inmemoriales.

Tomarse en serio la FP Dual es, quizás, un buen modo de procurar que la oferta del sistema escolar se adecúe a las demandas cambiantes del tejido productivo, pues se trata de esto cuando hablamos de Formación Profesional. Tejido productivo y sistema escolar estarían, con perdón de la expresión, mucho más "interpenetrados", de modo que la transmisión de información, conocimiento, demandas mutuas, podría ser más fluida y rápida que en la actualidad.
 
¿Qué acciones recomienda llevar a cabo para poder afrontar estos retos?
 
Afrontar el primer reto requeriría un cambio legislativo que no acaba de darse, y que tiene que ver con cómo entendemos la enseñanza obligatoria. ¿Finalizarla requiere obtener un título que da acceso a niveles superiores o no? Yo creo que no tiene por qué requerirlo, pues algo así no ocurre en tantos países, en los que casi nadie deja de estudiar a los 16 años. Si se diera, un gran "sí", se requerirían más fondos para atender a la creciente población adolescente y joven que se mantendría en el sistema escolar y que antes lo abandonaba.
 
Afrontar el segundo reto requiere cambios de gran calado en todos los actores implicados. Requeriría unas pautas y una amplitud de la cooperación entre una multiplicidad de actores que son, aún hoy, muy poco frecuentes en la sociedad española, a pesar de todos los cambios habidos en los últimos 40 años. Ni siquiera se me ocurre por dónde empezar.
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