La contribución de la orientación a la justicia social

Ana Miguel Martínez,
Formadora, orientadora y técnica de ocupación del Servei d'Ocupació de Catalunya (Catalunya)
04/12/2018

Como profesionales de la orientación tenemos una clara responsabilidad social. Con nuestras intervenciones buscamos facilitar herramientas al sujeto que le permitan abordar el desarrollo de una carrera profesional. Sin embargo, nuestra intervención no es neutra.  Al contrario. El marco de comprensión que proponemos no deja de ser un posicionamiento, en el que, en la medida en que refiere a un determinado modelo de sociedad, de hombre, de mundo, podemos identificar un marcado carácter político y axiológico.

Las herramientas que facilitamos para abordar la búsqueda de empleo y el desarrollo de carreras profesionales implican la interpretación del mercado laboral e intervienen en la construcción de expectativas, en la definición de objetivos y en la puesta en marcha de estrategias para conquistarlos. Por lo tanto, tienen que ver con modos de decidir y actuar que dejan su huella en la construcción de identidades individuales y colectivas. En consecuencia, tal como señala Barrie Irving, profesor de la Universidad Charles Sturt (Australia) "es importante cuestionar que la construcción de carrera profesional es un proyecto individual y apolítico".
 

Conocer el contexto: adaptarse, cuestionar y construir


Como orientadores hemos aprendido que en nuestro empeño por mejorar la calidad de vida y el acceso a la ocupación de los ciudadanos debemos conocer las características y exigencias del mercado laboral para diseñar estrategias y herramientas que les permitan acceder a él y mantenerse en él.

Esto es útil si, a la vez, apostamos por el pensamiento crítico y constructivo. Si no, en nuestro deseo de forjar supervivientes, acabamos siendo cómplices de perpetuar situaciones de desigualdad e injusticia social. De hecho, no hemos dudado en incluir la lógica de la empleabilidad en nuestro discurso y hemos cimentado nuestra labor sobre tres afirmaciones incuestionables: la llamada a la flexibilidad, la gestión del conocimiento (aprender a aprender) y la certeza la incertidumbre.
 

Riesgos de apostar por el paradigma neoliberal


En los últimos años hemos asistido al desmantelamiento del sujeto protegido. Los modelos de intervención basados en la protección han desaparecido y, en su lugar, la lógica de intervención basada en la activación ha transformado al sujeto de derechos en sujeto empleable.

El nuevo enfoque neoliberal prevé que aquello que el Estado pone de menos, la persona lo ponga de más. Su principio fundamental es la responsabilidad de cada individuo en asumir el riesgo y soportar las inclemencias de un mercado laboral cada vez más precarizado, globalizado, deslocalizado y flexible.
 
"La responsabilidad social que impregna nuestra intervención en los procesos de construcción de carreras profesionales es una oportunidad para incidir en el desarrollo de un modelo de sociedad más justo, inclusivo y solidario".

Las nuevas políticas de empleo hacen uso de significantes de época como el hacerse a sí mismo, el perseguir sueños, la marca personal y el sobresalir entre la multitud para justificar que sea el desempleado quien se encargue de generar las condiciones que le permitan acceder a un puesto de trabajo y al empleado de mantener su empleo.

Estos nuevos significantes de época, que tan bien han difundido discursos como los del emprendimiento, son, además, la cara amable, una herramienta divulgativa y didáctica para normalizar el nuevo paradigma. Relatos que responden a las directrices de poderes políticos y económicos que buscan consolidar la lógica de este nuevo orden neoliberal.

En este sentido y en este momento, urge cuestionar el paradigma neoliberal que nos ha llevado a incorporar y divulgar la lógica de los discursos del emprendimiento y que llama al individualismo, a la competitividad y nos encadena a la rueda del consumo; entre otros motivos, porque no es justo ni satisfactorio ni es sostenible.
 

Toma de conciencia y cambio de valores

 

Como orientadores, conscientes de la precariedad y la incertidumbre, hablamos de competencias transversales transferibles de un empleo a otro, de la importancia que tiene el dominio de las nuevas tecnologías, de desarrollar la creatividad, de tomar iniciativas, de asumir riesgos.

Sin embargo, en términos de justicia social cabe proponer alternativas a la lógica individualista y competitiva neoliberal. Alternativas que nos liberen del hechizo y la ensoñación de aquellos discursos del emprendimiento que sirven como cortina de humo a la desarticulación del estado del bienestar.

Alternativas que apuesten por iniciativas que asuman la dimensión política y colectiva del desarrollo de las carreras profesionales y apuesten por la implementación de medidas y estrategias de intervención mucho más inclusivas, empoderadoras y conscientes. El objetivo es fomentar la igualdad de oportunidades educativas y laborales y reducir la exclusión social.
 

Apoyar nuevos puntos de vista

 
El apoyo y la visibilidad de proyectos que apuestan por el trabajo colaborativo y las comunidades de aprendizaje, por ejemplo, es abrir el espacio a nuevos relatos y lógicas de interpretación e intervención y, en consecuencia, crear posibilidades y permitir oportunidades.

En definitiva, la responsabilidad social que impregna nuestra intervención en los procesos de construcción de carreras profesionales es una oportunidad para incidir en el desarrollo de un modelo de sociedad más justo, inclusivo y solidario.
 
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