Beneficios e ideas para trabajar la inteligencia emocional y social en el aula

Redacción de Educaweb
19/06/2018

El alumnado de 5 a 9 años que trabaja estos aspectos en la escuela es más generoso, empático y colaborativo, y los mayores de 12 años controlan mejor sus impulsos, según un estudio de la Fundación Botín
¿Cuáles son los beneficios de estimular la inteligencia emocional y social de los niños y niñas en las escuelas?

Un estudio realizado por la Fundación Botín revela que el alumnado de 5 a 9 años que trabaja estos aspectos en el aula mejora en factores sociales como la generosidad, la empatía y la colaboración; reduce los comportamientos agresivos; y refuerza su estado de ánimo y sentimientos de felicidad y optimismo

Asimismo, a partir de los 12 años los estudiantes presentan un menor retraimiento, un incremento del autoconocimiento emocional y una mayor capacidad para manejar el estrés, según el III Informe del Plan de Evaluación Psicológica del Programa Educación Responsable, que ha analizado el proceso de mejora que experimentan las competencias emocionales, sociales y creativas de los alumnos al trabajar la inteligencia emocional en las escuelas.

El estudio ha evaluado específicamente la efectividad del Programa Educación Responsable (ER), ofrecido por la Fundación Botín en más de 250 centros de España, Chile y Uruguay desde 2006 con el objetivo de mejorar el desarrollo social, emocional y de la creatividad de los estudiantes que participan en el mismo, que son más de 150.000.

El informe revela que se aprecian mejores resultados si se empieza a estimular la inteligencia emocional desde edades tempranas (educación Infantil y primeros cursos de Primaria). Así lo demuestran los resultados de los participantes menores de 9 años en cuatro de las ocho variables analizadas: agresividad (-23%), manejo del estrés (+20%), creatividad (+15%) y estado de ánimo (+6%).

Además, los menores que se inician en estas prácticas a partir de los 12 años también experimentan mejoras significativas: son menos retraídos (-19,8%) y canalizan mejor tanto la tolerancia al estrés como el control de sus impulsos (+3%). También incrementan en un 8% la competencia intrapersonal a través del autoconocimiento emocional, y en un 11,65% la inteligencia emocional mediante un proceso de identificación y comprensión de las emociones.

En ambos grupos de estudio se aprecian efectos beneficiosos sobre la creatividad del alumnado, que mejora en más de un 15%.

"En España necesitamos una inteligencia distinta para construir el futuro. Tenemos que saber más matemáticas, más historia y más lengua. Pero, además, necesitamos entendernos mejor, saber ponernos en el lugar del otro, generar confianza mutua, superar los problemas sin agresividad ni violencia y desarrollar nuevas perspectivas sobre la realidad que nos rodea. La buena noticia es que estos resultados que presentamos confirman que esa inteligencia que España necesita se puede desarrollar", ha manifestado Javier Botín, presidente de la Fundación, durante la presentación del informe, realizado la semana pasada.
 

La importancia de la formación para el profesorado

 
Finalmente, el estudio revela que el profesorado tiene una influencia cada vez mayor sobre las competencias emocionales, sociales y creativas de los niños. Po ello, es importante que los docentes se formen tanto en competencias emocionales, sociales y creatividad como en la aplicación de los recursos educativos para trabajar estos aspectos en las aulas con los alumnos.

"Actualmente, lo más solicitado son las habilidades cognitivas. No las manuales. Ahora lo que buscamos son las habilidades poco comunes, que en la mayoría de los casos están relacionadas con la creatividad. La gente innovadora y creativa ve cosas que el resto no es capaz de ver. Perciben aspectos diferentes al resto. Por eso debemos exigir a los educadores que sean abiertos a esta mentalidad y que también enseñen a los estudiantes a serlo", ha indicado Andreas Schleicher, Director de Educación en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), durante la presentación del estudio, según un comunicado emitido por Fundación Botín.

Como conclusión, el estudio afirma que trabajar las emociones en el aula promueve en el alumnado el desarrollo emocional y protector ante comportamientos violentos y de retraimiento social.

 

 

4 ideas para trabajar en el aula la inteligencia emocional


Tanto el Programa Educación Responsable como otras técnicas usadas por profesores pueden ayudar a trabajar la inteligencia emocional en el aula, entre las que destacan:

 
  1. Explicar las emociones básicas: dedicar unas sesiones a explicar estas emociones. Se puede motivar a los estudiantes a que sean ellos mismos quienes las expliquen y den ejemplos de estas a partir de experiencias propias.
     
  2. Conjugar la lectura con las emociones: implementar la costumbre de que los alumnos se lleven cuentos a casa para leerlos en familia y luego hablen tanto de lo que sintieron ellos al leerlo como lo que creen que sienten los personajes. Es preferible que sean cuentos que traten las emociones.
     
  3. Realizar juegos de mesa sobre sentimientos: llevar a cabo en el aula juegos de mesa que trabajan las emociones. Existen diversos recursos para llevar a cabo esta actividad que se pueden encontrar en internet. Algunos de ellos son el dominó de los sentimientos, o bien  juego de adivinanzas sobre las emociones.
     
  4. Implementar asambleas una vez a la semana: organizar una sesión dirigida para que el alumnado exprese sus mejores y peores emociones de la semana. Sería un espacio para dejar que los menores expresen libremente sus emociones e incluso puedan resolver conflictos que se hayan presentado con sus compañeros durante la semana.
     

Ficha técnica


El trabajo presentado constituye el tercer informe de resultados del Programa Educación Responsable, puesto en marcha por la Fundación Botín en 2006. Esta investigación ha comparado los grupos de niños y niñas que han seguido el programa (denominados grupos experimentales) con otros grupos que no han participado en él (grupos control).

La muestra analizada comprende 690 alumnos, de entre 3 y 13 años, matriculados en seis centros de Cantabria, tres participantes en la iniciativa y otros tres que no trabajan específicamente la inteligencia emocional y social.

Se trata de un estudio longitudinal por haber comparado las habilidades psicológicas implicadas antes de empezar dicho programa con las sucesivas mediciones realizadas durante los dos años y medio siguientes.

 
 
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