Las familias y los centros educativos confían en la tecnología para alcanzar una comunicación de calidad

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  • 01/06/2017

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Todo el mundo reconoce públicamente el papel fundamental que juegan las familias en la educación de las nuevas generaciones y, sin embargo, da la sensación de que todavía queda un gran camino por recorrer en la comunicación entre estas y los centros educativos, como se desprende del reportaje que encabeza nuestro nuevo monográfico sobre el tema.

El reconocimiento legal de la importancia de padres y madres en la educación de sus hijos queda claramente reflejado en los artículos 27.5 y 27.7 de la Constitución Española. Así, el primero afirma que "los poderes públicos garantizan el derecho de todos a la educación, mediante una programación general de la enseñanza, con participación efectiva de todos los sectores afectados y la creación de centros docentes"; y el segundo sostiene que "los profesores, los padres y, en su caso, los alumnos intervendrán en el control y gestión de todos los centros sostenidos por la Administración con fondos públicos, en los términos que la ley establezca". La relevancia de padres y madres en el éxito educativo no siempre ha sido evidente desde un punto de vista político-jurídico, y hay que esperar hasta 1857 para que esta presencia se consolide legalmente a través de la Ley Moyano (en 1836 hubo un precedente, el Plan Duque de Rivas, pero duró poco).

Las leyes no son ajenas a las ideologías políticas y cada gobierno ha otorgado un mayor o menor peso a las familias. Más todavía, una misma ley puede incluir contradicciones o incoherencias. La última ley de educación, la Ley Orgánica para la mejora de la calidad educativa (LOMCE), menciona en su preámbulo que toda la sociedad "tiene que asumir un papel activo […] y, de manera muy particular, las familias", ya que estas "son las primeras responsables de la educación de sus hijos y por ello el sistema educativo tiene que contar con la familia y confiar en sus decisiones". Sin embargo, si es cierto que el papel de padres y madres en el sistema educativo depende de las competencias que adquiere el órgano donde se encuentran los representantes de la comunidad educativa, esto es, el Consejo Escolar (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, La participación de las familias en la educación escolar, 2014), entonces todo apunta a que la conocida como Ley Wert ha reducido el peso de las familias, como denunciaron en su momento diversas asociaciones de padres y madres e instituciones (Fundació Jaume Bofill, Quin és el futur de la participació de les famílies a l'escola després de la LOMCE? Una anàlisi dels consells escolars i la democràcia a l'escola, 2014).

Los investigadores y especialistas en el tema también han comenzado a mostrar evidencias y síntesis científicas que demuestran que, en líneas generales, una buena comunicación entre quienes trabajan en el centro educativo y las familias repercute positivamente en el alumnado, las familias y el centro escolar. Así, los estudiantes suelen mejorar su rendimiento escolar, pero también sus hábitos de estudio, autoestima y motivación. Los progenitores, por su parte, se benefician de unas mejores relaciones con sus hijos, una mayor percepción de autoeficacia y una mayor satisfacción con la escuela. Finalmente, los centros educativos consiguen un mejor clima escolar, menores tasas de fracaso y abandono y mayor satisfacción por parte del personal docente y directivo (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, Las relaciones entre familia y escuela. Experiencias y buenas prácticas, 2015).

Para los centros educativos, la cuestión también está clara. El presidente de la Federación de Asociaciones de Directivos de Centros Educativos Públicos (FEDADI), Alberto Arriazu, lo reconoce explícitamente cuando Educaweb le pregunta por el valor que directivos y profesorado otorgan a la comunicación con la familia: "Es muy importante. Para nosotros las familias son un grupo de interés fundamental. Tenemos que intentar cubrir sus necesidades y expectativas e incluso si se puede excederlas". Para el presidente de la Asociación de Colegios Privados e Independientes (CICAE), Gabriel Castellano, la relación familia-escuela constituye "uno de los pilares básicos en la gestión y organización de un centro escolar". 

Lo mismo sucede por parte de las entidades que representan a las familias.  El presidente de la Confederación Católica Nacional de Padres de Familia y Padres de Alumnos (CONCAPA), Pedro José Caballero, asegura que se busca una comunicación "lo más bilateral posible, pues la comunicación entre profesores y padres siempre implica una mejora en la calidad educativa". El presidente de la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnado (CEAPA), José Luis Pazos, también considera que la comunicación familia-escuela es de "gran importancia".

Ahora bien, que el derecho, la ciencia y la comunidad escolar reconozcan la relevancia de la comunicación entre los centros educativos y los padres y madres no significa que esta sea adecuada. El presidente de FEDADI lo reconoce implícitamente cuando afirma que "se habla mucho de participación y comunicación. Las familias y los centros educativos tenemos que ir de la mano en la educación del alumnado pero sabiendo el papel de cada uno. La relación se tiene que basar en la confianza mutua". "Una base sólida de confianza y seguridad, que permita establecer la responsabilidad compartida para ofrecer al niño su desarrollo integral" también resulta fundamental para el máximo responsable de CICAE. 

Las familias también perciben que existe margen de progreso. El representante de CONCAPA deja entrever la necesidad de mejorar la comunicación cuando insiste en la idea de bidireccionalidad: "Se ha de gestionar una comunicación activa con el colegio, se ha de ir de la mano". Y lo sostiene sin ambages el portavoz de CEAPA: "La mayoría que intenta establecer dicha comunicación no se puede decir que la experiencia sea gratificante. La posición de recelo ante las familias es algo habitual y la normativa actual ha caminado mucho en el sentido de alejar a las familias de la escuela".

La situación no varía demasiado cuando se mira desde fuera. El informe sobre España realizado por el Observatorio de la participación de los padres en la educación concluye que, "de manera general, los canales de comunicación entre familia y escuela, representantes de padres y el resto del colectivo son deficientes". ¿Y cómo hemos llegado a este punto, estando de acuerdo en lo esencial?


La barrera de los prejuicios y los condicionantes socioeconómicos

El documento del Observatorio creado por la Red Europea sobre la Gobernanza de la Educación en Europa (REGE) apunta algunas causas, como las "débiles tasas de participación de los padres", algo que reconocen todos los entrevistados, con mayor o menor contundencia. Y entre las causas de la apatía o indiferencia familiar, destacan la débil representatividad de los padres en los órganos colegiales, "lo que representa un freno en la formulación de propuestas consensuadas, más allá de las reivindicaciones de grupo".

Estudiosos del tema también constatan la existencia estereotipos y prejuicios que erosionan la confianza e imposibilitan el trabajo conjunto entre las partes. Algunas de las ideas más repetidas son las siguientes: "Las familias no forman parte de la escuela", "Las familias han dimitido de educar y delegan la educación en la escuela" o "Los maestros no se preocupan de los alumnos". Y lo que tal vez resulte más grave, unos y otros siguen la lógica de que "el otro ha de hacer lo que yo quiero" (Jordi Collet i Antoni Tort, Famílies, escola i èxit. Millorar els vincles per millorar els resultats, 2012).

Los condicionantes socioecónomicos también juegan un papel importante en las relaciones entre los centros educativos y las familias. Lo comenta la entrevistada de nuestro monográfico, la directora de la Fundación Educativa Universidad de Padres, Eva Marina, quien saca a colación la necesidad de una mayor conciliación laboral y familiar y, de este modo, apunta a cambios mucho más profundos. Cambios que no sólo detecta la experta en formación familiar, sino los propios padres y madres cuando incluyen en un decálogo la necesidad de "racionalizar los tiempos tanto escolares como laborales para facilitar la conciliación y la convivencia familiar" (Llibre Blanc de la participació de les famílies a l'escola, 2014).

El decálogo también incluye un punto que permite entrever la dimensión sociopolítica del problema y que apunta que "el asociacionismo familiar ha de ser reconocido como movimiento social de acción cívica". Señal de que todavía no lo es, como constata el representante de FEDADI y director en el IES Navarro Villoslada de Pamplona: "En las reuniones de comienzo de curso, donde las familias asisten masivamente, les animo a que participen en la asociación de padres y madres indicándoles que esa participación puede ser un ejemplo para sus hijos al hacer una actividad colectiva de forma desinteresada y en bien de un colectivo. Tengo muy poco éxito en mi llamamiento". El portavoz de CONCAPA lo explica con otras palabras: "La gente no quiere problemas".

Expuestas las dificultades, ¿habrían de conformarse los implicados con culpar a la otra parte o al sistema, si coinciden en buscar lo mejor para las nuevas generaciones? ¿Podríamos estar perdiendo el tiempo en excusas y lamentaciones?
 
Las nuevas tecnologías como fuente de posibilidades

De las palabras de nuestra entrevistada se desprende que todos los implicados deberían empezar cuanto antes, puesto que el mundo está cambiando a gran velocidad y cada vez se percibe con más claridad que las competencias necesarias para desenvolverse en él son tan complejas que no se pueden aprender sólo en el centro educativo o únicamente en la familia. Por parte del centro educativo, Eva Marina anima a los directivos a permitir la participación de la familia en la elaboración del Proyecto Educativo de Centro. Por parte de las familias, anima a las Asociaciones de Padres y Madres del Alumnado (AMPA) a una reestructuración profunda, de tal manera que se conviertan en un "elemento movilizador". Y apunta las nuevas tecnologías como un factor que podría contribuir enormemente a la comunicación entre ambas partes. 

En la misma línea se sitúa Gabriel Castellano (CICAE), quien asegura que las nuevas tecnologías "permiten un nuevo canal de acercamiento y de información a las familias". Pedro José Caballero (CONCAPA) explica que ya existen aplicaciones móviles gratuitas que pueden favorecer una comunicación de calidad y pone como ejemplos el programa Papás 2.0, impulsado por la Consejería de Educación, Cultura y Deportes de Castilla La-Mancha, y QIDS, una aplicación para grupos de padres que permite gestionar los numerosos mensajes, a veces insustanciales, que se vuelcan en los grupos de Whatsapp. Castellano también es consciente del mal uso de este servicio de mensajería instantánea y recomienda evitar su uso, "pues lleva a que los malentendidos se amplifiquen y conviertan en problemas".

De hecho, tanto los centros como las familias se muestran cómodas con vías de comunicación más clásicas, señal de que todavía funcionan y, probablemente, seguirán funcionando durante un largo tiempo. El representante de CICAE, por ejemplo, considera que las cuestiones más complejas, como impresiones y recomendaciones personales, se abordan mejor en las tutorías, durante la realización de actividades conjuntas o en talleres de formación. El portavoz de CONCAPA, por su parte, sigue dando por válido el correo electrónico y las notas dentro de la mochila. También aconseja  federar las AMPA en entidades más amplias, ya que "se adquiere una visión global y, donde uno ve un problema, otros llevan años con la solución".

Estas experiencias las corroboran los expertos, quienes constatan que los canales de comunicación más habituales entre la escuela y los progenitores son las reuniones a inicio de curso, las tutorías, la agenda escolar, las circulares y las notas a los progenitores y el panel de anuncios. Herramientas tecnológicas como el teléfono, el correo electrónico, la página web, el blog o las plataformas de gestión académica también se utilizan, pero los estudiosos constatan que no se está aprovechando todo su potencial, pues se utilizan de modo unidireccional y sólo en muy contadas ocasiones se genera un verdadero diálogo entre las partes (Mònica Macià, "La comunicación familia-escuela: el uso de las TIC en los centros de primaria", 2016).

No obstante, parece que las posibilidades son inmensas y que con buena voluntad e implicación por parte de todos se pueden conseguir grandes cosas, como revela el amplio listado de buenas prácticas recogidas tras el XXIII Encuentro de Consejos Escolares Autonómicos y del Estado y publicadas en el volumen Las relaciones entre familia y escuela. Experiencias y buenas prácticas. Todo en pro del desarrollo integral de las nuevas generaciones. 


 
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