El profesor ante la renovación educativa del Big Data

Artículo de opinión

  • 28/02/2017

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A estas alturas nadie duda de que el Big Data se ha convertido en una herramienta clave para la evolución de ciertos sectores como el turismo y la educación. Cada generación tiene un agente de cambio sobre el que pivotan la mayoría de los avances tecnológicos. En la opinión de Les Roches Marbella, la escuela internacional de dirección de hotel que tengo el honor de dirigir, ese agente de cambio sobre el que están pivotando los avances más disruptivos y que aportan más valor en la industria hotelera y turística es sin duda la gestión del Big Data. Tenemos el privilegio de ser una de las pocas universidades del mundo con capacidad de recibir de forma frecuente en nuestro campus a los principales directivos y empresas del sector a nivel internacional y les puedo asegurar que el principal motivo de ilusión e incluso preocupación que ocupa las agendas de las grandes corporaciones globales, es cómo sacar ventaja de forma más intensa y con mayor agilidad a la generación y gestión de la información digital.
 
Para el universo educativo, para la orientación, esta transformación digital está llena de oportunidades. Las posibilidades de futuro en este sentido son infinitas, pero es obvio que, en materia educativa, el uso informático de los datos masivos, va a incidir directamente en el núcleo del sistema educacional, y se podría decir que en la actualidad el Big Data ha abierto ya la puerta a la renovación de los métodos clásicos de aprendizaje.

El nuevo sistema educativo que se empieza a vislumbrar estará más adaptado a los nuevos tiempos y ofrecerá, entre otras cosas, una educación a la carta, personalizando las materias de estudios y administrando los tiempos ajustándolos a las necesidades de cada alumno. Basándose en estadísticas del propio estudiante, y en el análisis de variables, este sistema inteligente podrá detectar las carencias y adelantos del mismo y permitirá al profesorado una interacción más rica y global con el alumno.
 
Uno de los grandes retos de futuro es que, con la aplicación del Big Data, el docente vea multiplicadas sus herramientas sin que disminuyan sus funciones. La experiencia vivida en otros sectores hizo que muchas empresas se vieran obligadas a dar un paso atrás y tuvieran que humanizar sus instrumentos de atención al cliente.

En la "ya iniciada" renovación educativa, será fundamental la figura del profesor, cuyo rol, no obstante, habrá de cambiar para que su figura salga reforzada en su convivencia con los dispositivos y procesos tecnológicos.

Unos pocos países lideran, de momento, la puesta en marcha de modelos experimentales de enseñanza utilizando el Big Data, mientras se mejoran los MOOCs (acrónimo en inglés de Massive Online Open Courses) o los COMA (Curso Online Masivo en Abierto) y se apuesta por programas experimentales radicalmente opuestos, como las AltSchool, unas micro-escuelas, muy pequeñas, de menos de 150 alumnos cuyo principal propósito es convertirse en la mayor revolución educativa del siglo XXI.
 
Ambos modelos educativos, tanto el masivo on line como el de las micro-escuelas, conciben dos extremos de modelo de enseñanza que en el fondo buscan personalizar el aprendizaje, y ahí es donde ha de tomar relevancia el status del profesor, aunque, por ejemplo, en el caso de las AltSchool, su formato depende más de los sistemas informáticos, pues se basa en una intensa observación de los alumnos por medio de cámaras y micrófonos, capaz de procesar, mediante la inteligencia artificial, las expresiones en el rostro de los estudiantes.
Y esto plantea dilemas morales.

La incidencia del Big Data en educación todavía debe superar diversas dificultades como la falta de legislación y ciertos conflictos éticos y legales, para que siga imparable esa innovación radical que ya está dando sus frutos en otros sectores. El docente tiene ante sí un nuevo desafío, pero, en cualquier caso, la llegada de una herramienta como esta, capaz de analizar el funcionamiento del sistema educativo, detectar desigualdades y actuar para reducirlas, nos sitúa a todos, profesores y alumnos, en plena línea de meta y nos empuja a dar los primeros pasos hacia la renovación educativa.
 
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