Big Data y lenguas extranjeras: el próximo desafío para el aprendizaje en entornos virtuales

Artículo de opinión

  • 28/02/2017

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El desarrollo de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC) ha puesto al servicio de la educación multitud de medios, herramientas y recursos que han supuesto una innegable revolución de los métodos de enseñanza y aprendizaje de lenguas. Gracias a las aportaciones de Internet y, muy especialmente, a la de una de sus aplicaciones más exitosas, el correo electrónico, el ordenador y otros dispositivos móviles han dejado de ser simples herramientas de procesamiento de la información para convertirse también en medios de comunicación y expresión.

La disciplina que se ocupa de los datos masivos (conocidos como Big Data, datos a gran escala o macrodatos) se enmarca también en ese mismo sector, el de las TIC. Los Big Data se generan de diferentes formas: al navegar por Internet, al hacer compras en la web, de máquina a máquina, por transacciones de datos… Particularmente importantes para la enseñanza son los datos generados por las personas: el hecho de enviar correos electrónicos o mensajes por WhatsApp, publicar en Facebook, tuitear contenidos o responder a una encuesta son cosas que hacemos a diario y que crean nuevos datos y metadatos susceptibles de ser analizados.

Por seguir mencionando únicamente datos procedentes de textos, se estima que cada minuto se envían más de 200 millones de e-mails, se comparten más de 700.000 contenidos de Facebook o se realizan dos millones de búsquedas en Google… y las cifras no dejan de crecer. Las principales dificultades vinculadas a la gestión de estas enormes cantidades de datos se centran en  recolectarlos, almacenarlos, buscarlos, compartirlos, analizarlos  y visualizarlos.Y todo ello, teniendo siempre presentes las denominadas tres uves para gestionar los big data: la enorme velocidad, variedad y volumen de los datos.

Dado que gran parte de los datos generados por las personas son textos, como e-mails, búsquedas web o contenidos en las redes sociales, se impone como disciplina el Análisis de Textos, con una metodología que permite extraer información de estos datos para así clasificarlos por temas y asuntos, o predecir palabras, por ejemplo.
           
Cada vez que utilizamos esos dispositivos, tan habituales en nuestras vidas, como el móvil, el ordenador, la tableta, etc., dejamos unos rastros con los que se podría hacer un perfecto retrato de nosotros mismos y de nuestros hábitos de consumo, nuestros gustos, etc. La misma pregunta que podemos hacernos acerca de si es admisible que un dron tome sus propias decisiones valorando datos o algoritmos sin supervisión humana, podríamos hacérnosla sobre algo tan sensible como la educación: ¿podemos generar contenidos e itinerarios didácticos simplemente con la información obtenida de datos masivos, sin necesidad de la intervención de un profesor?

El problema de los datos es que son, según los expertos, más valiosos que el oro o el petróleo. Esto conlleva un marcado aspecto mercantil que, en principio, se aviene mal con un concepto de educación que aspire a llegar a todos, pero propicia una enseñanza personalizada. Al igual que las empresas pueden ya proponernos productos que encajan más con nosotros, ¿podrán los centros educativos proporcionar conocimientos ajustados a cada estudiante, sin intervención humana?

Todas estas preguntas, en el fondo, guardan relación con el modo como se ha venido asociando la enseñanza en línea con un tipo de enseñanza mecánica o automatizada, totalmente despersonalizada y apta sólo para autodidactas enormemente disciplinados. El profesorado tradicional, desconocedor de las novedades informáticas en el ámbito docente, se mostró también en el pasado reticente a la introducción de las nuevas tecnologías, bajo el temor de llegar a ser desplazado por las mismas. Nada más lejos de la realidad, sin embargo. Las nuevas tecnologías, entendidas como herramientas al servicio de la comunicación humana, no sólo no prescindieron de los seres humanos, sino que incluso promovieron su participación en dicha comunicación haciéndola más rápida y eficaz.

La metodología de cualquier buen programa de enseñanza online se basa, necesariamente, en un modelo pedagógico de calidad y en un sistema organizado de tutorías. La figura del profesor no sólo no desaparece -aunque sus funciones se reformulen para adecuarse al medio- sino que incluso puede ver aumentada su creatividad y potenciado su margen de actuación gracias a los programas de autor, a los recursos de la red y a un contacto estrecho y continuado con sus estudiantes.

Si bien en una primera fase de su andadura histórica el aprendizaje de idiomas por medio de ordenadores era de manera obligada un aprendizaje de tipo individual, la enseñanza en entornos virtuales facilita hoy en día tanto la interacción como la individualización de los procesos de aprendizaje. Por otra parte, el empleo de las TIC ha pasado, de limitarse a un uso complementario en las clases presenciales, a favorecer el desarrollo de una nueva modalidad de enseñanza centrada en el alumno, basada en los principios de aprendizaje comunicativo, cooperativo, constructivo y significativo, y que puede desarrollarse íntegramente en un entorno virtual. En este cambio han sido decisivos los avances tecnológicos.

Los cambios que conlleva esta nueva concepción de la enseñanza se sitúan en el centro de una revolución educativa que no ha hecho más que despuntar y que acabará afectando a nuestra manera de entender cualquier proceso de transmisión de los conocimientos. Pese a las muchas críticas y alarmas que suscita, el análisis de los Big Data se debe ver simplemente como uno más de los hitos en ese recorrido que, esperemos, nos lleve a realizar mejoras sustanciales en todos los procesos de enseñanza y aprendizaje y, en particular, en el de las lenguas extranjeras.
 
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