La dirección escolar: de la sospecha a la confianza

Artículo de opinión

  • 10/11/2016

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Nacho San Román Sobrino, Director del centro concertado Tajamar (Vallecas, Madrid)
En estos últimos años, los centros educativos han ido aumentando progresivamente el tiempo que tienen que dedicar a labores administrativas. A esto han contribuido diversos factores. Quizá los más importantes sean la delegación de trámites por parte de las administraciones públicas educativas y una errónea visión que piensa en solucionar los problemas regulando a base de trámites, papeleos y complejos mecanismos de control, en vez de ayudar para que la autonomía y el buen hacer de las comunidades educativas sean las que pongan solución a las situaciones problemáticas que aparezcan en cada momento.En este sentido, los directivos dedican una gran parte de sus esfuerzos a tener en orden todos estos documentos y trámites que le son requeridos.

Por otro lado, al tener una enorme responsabilidad como autoridad de la comunidad educativa o de la parte de ella de la que se encarga, tiene que dedicar también bastante tiempo a resolver los problemas propios que se generan en la vida de cualquier grupo de personas. Tiene la peculiaridad de que, al tratarse en casi todos los casos de menores los afectados, han de dedicar una atención total y exclusiva cuando ocurren estos hechos, para poder tratar el tema con la delicadeza, profesionalidad e interés que requiere el asunto. Es complejo porque los mismos que han de obrar en esos casos por ser la autoridad tienen un sinfín de misiones en el centro que quedan aparcadas para tratar estas situaciones.

Por último, creo que un buen director dedica mucho tiempo a la atención del profesorado. Los directores han de pensar en la carrera profesional de todo su profesorado, uno a uno, en su formación, en hacerle participar de la visión que tiene el colegio, etc. Esa implicación del profesorado es la clave del funcionamiento de un colegio y por eso ha de ser la mayor dedicación de los directivos del mismo.

Sería interesante reducir la burocratización en la que hemos ido cayendo los últimos años en el sector educativo en España para que los directivos tengan tiempo de pensar en grande y actuar en lo concreto. 

La falta de formación se suple actualmente con dedicación y experiencia

En general, el profesorado en España es un colectivo implicado y con una verdadera vocación de servicio. Eso ocurre también entre los directivos (que son en su mayoría profesores) y por eso, a pesar de carecer en muchas ocasiones de una formación específica acorde al cargo, es gente que suple de forma satisfactoria esa falta de formación con una dedicación enorme y una profunda experiencia.

Creo que buscar foros de trabajo y debate común entre los directivos de las distintas redes (pública, concertada y privada) sería una de las medidas de mayor efecto a la hora de preparar a nuestros directivos.

El cambio educativo que necesita España ha empezado a producirse en cuanto los profesores se han contagiado de ese entusiasmo por evaluar, repensar y mejorar sus clases pensando no en ellos, sino en el aprendizaje significativo de sus alumnos. De la misma forma, tenemos que transmitir a los directivos de todo el sistema educativo que la sociedad cuenta con ellos, que no están en entredicho y que son un elemento esencial para la transformación que necesita la educación española. Hay que huir del ambiente de sospecha para pasar a un clima de confianza y respaldo.

Educamos todos: la familia, los medios de comunicación, las empresas de ocio y entretenimiento, los personajes públicos, etc. Pero quizá los que lo hacen de una forma más directa e intensa (familia y colegio) han de sentir especialmente el respaldo y apoyo del resto de agentes sociales.
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