¿Aprender o aprobar?

Artículo de opinión

  • 24/02/2016

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Beatriz Castro Tosco, Psicóloga Clínica y Forense. Coordinadora del Área de Gabinetes de Grupo Shinè (Santa Cruz de Tenerife)
Con los tiempos que corren, donde los contratos indecentes y sus precarias condiciones priman en el ámbito laboral, la quimera de un puesto de trabajo fijo y seguro se convierte en una ansiada meta para la mayoría de las personas. La angustia e incertidumbre que generalmente acompañan a los tan de moda "contratos basura", se sustituyen por la cálida estabilidad que asegura conseguir una plaza como empleado público; ser funcionario se ha vuelto el objetivo primordial de gran parte de los españoles.
 
Tras algunos años en los que las pruebas selectivas para funcionariado, casi para cualquier sector, se han mantenido "congeladas", nos encontramos en una etapa de despertar en la que se prevé mucho movimiento en lo referente a la convocatoria de nuevas oposiciones. Según las estadísticas, actualmente el número de personas preparándose oposiciones es más elevado que nunca, ya que a todos aquellos que llevaban ya tiempo en el camino, se suman los que ven ahora su oportunidad de cambio con las nuevas convocatorias de plazas públicas. El perfil clásico del estudiante opositor cada vez se observa más difuminado, dejando paso a una amplia variedad de perfiles donde factores como género, edad o formación previa dejan de poseer peso característico alguno, conviertiéndose en una masa heterogénea, la cual prácticamente sólo comparte, la necesidad de conseguir una respetable estabilidad económica.
 
Teniendo en cuenta la situación descrita, es lógico que junto a este aumento en el número de opositores, crezca de igual manera la oferta de empresas y academias dispuestas a facilitar la formación necesaria para superar con éxito dichas pruebas. La demanda cada vez es más exigente, ya que hay mucho en juego, por lo que estas academias deben hacer verdaderos esfuerzos para destacar con sus ofertas y propuestas metodológicas, llamando así la atención al máximo número de alumnos posibles.
 
¿Y cuál suele ser esa "propuesta metodológica" que suele ofertarse en las academias que preparan oposiciones? Por norma general, se tiende a valorar el factor "cantidad" por encima de todo, es decir, el mayor rango al que puede optar una entidad formadora es lograr ser la que mayor número de alumnos aprobados tenga entre sus matriculados; lema completamente lógico si se tiene en cuenta que prácticamente ese es el único objetivo que busca un opositor cuando realiza un análisis de campo para decidir con qué academia se queda. Probablemente sea en este punto donde esté la clave de todo, ¿cuál es la meta en la formación de opositores, aprender o aprobar?
 
Evidentemente, el fin último de cualquier persona que sacrifica su tiempo y dinero en prepararse una oposición, es obtener la ansiada plaza por la que tanto ha luchado, pero ¿no se podría aprender durante el camino al aprobado? O mejor aún, ¿no se podría aprender a aprobar? Para contestar a estas cuestiones, quizá deberíamos adentrarnos en el mundo de la psicología educativa, las pautas pedagógicas y las estrategias de estudio.
 
Sin lugar a dudas, son muchas las horas que debe dedicar un opositor a preparar y memorizar el temario específico de su materia, pero probablemente ese tiempo sería mucho más productivo si además se le enseñaran pautas de planificación, organización, gestión del tiempo, control de la ansiedad o manejo de la frustración. Los beneficios del tiempo invertido en el trabajo, se duplicarían con algunas enseñanzas básicas acerca de técnicas de estudio y pautas educativas. Son  muchos los años dedicados por la ciencia psicológica y pedagógica a la creación de estrategias y metodologías que aumenten el rendimiento académico en los alumnos, por lo que fomentar estas habilidades en los opositores generaría un mejor rendimiento en su plan de estudios, y por consiguiente, en su objetivo final.
 
Las personas que se enfrentan a la dura decisión de prepararse una oposición, se ven inmersas, en la mayoría de los casos, en un largo proceso de rutinización y presión en el que influye todo tipo de variables, tanto ambientales/externas (tribunal examinador, año de la convocatoria, temas nuevos, escaso número de plazas, "enchufes" y "amiguismos", etc.) como variables psicológicas/internas (expectativas, nivel de tolerancia a la frustración, capacidad de concentración y memorización, gestión del tiempo, control de la ansiedad y la presión, miedos, etc.). Evidentemente, los factores externos son de difícil control, por lo que son en los factores personales, en los que se tiene la oportunidad de trabajar y mejorar la preparación de estos alumnos.
 
Fomentando las habilidades y aptitudes necesarias para mejorar la productividad y eficiencia en el rendimiento, reforzando sus fortalezas y trabajando en sus debilidades personales; se conseguiría aportar a estos luchadores las armas y herramientas necesarias para que se enfrenten con mayor determinación y confianza a la dura batalla de las oposiciones.
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