¿Tienen función social los Centros Especiales de Empleo?

Joan Escolar, Fundació ASPROS, Servei Integral per a la discapacitat; Carles Alsinet, Universitat de Lleida
15/04/2015

El desarrollo del mercado de trabajo en los últimos años, debido a la crisis económica, ha producido un fuerte impacto negativo en el sistema económico y sobre todo en los colectivos más débiles, y este ha sido el caso de las personas con discapacidad y de los Centros Especiales de Trabajo.
 
En los últimos años los Centros Especiales de Trabajo han tenido que hacer frente a numerosas situaciones coyunturales que han ido disminuyendo su función social, y que han dificultado la forma y manera de atender y de acceder al mundo del trabajo de las personas con discapacidad.
 
En la actualidad podemos afirmar, que el acceso al mundo del trabajo es una herramienta para adquirir, para acceder a la identidad social, la independencia y la autonomía de las personas, sean o no con discapacidad intelectual, pero en el modelo actual, conviven dos modelos claramente diferenciados de Centro Especiales de Trabajo, por un lado los que tienen un claro ánimo de lucro y en un segundo los CET, a los que deberíamos llamar protegidos, que tienen un importante valor social y que acogen a las personas que tienen difícil, por no decir imposible, por sus características y problemáticas del acceso al mercado laboral ordinario en igualdad de condiciones.
 
Esta diferenciación hace que en el modelo actual de los CETS de carácter social, se están convirtiendo en empresas que realizan los trabajos precarios, que comportan ingresos precarios y que su vez hace que se traten a las personas que los realizan como sujetos precarios.
 
Es por ello que el modelo de atención a las personas con discapacidad debe introducir importantes cambios, y el principal cambio está en el mismo paradigma de la atención, es decir tenemos que poner a la persona en el núcleo de nuestra acción social, y el centro o servicio no debe limitar o condicionar esta intervención.
 
Debemos diseñar un modelo, que no esté centrado en la producción, sino que se ajuste a las capacidades y los talentos de las personas con discapacidad, un modelo que respete sus posibilidades y sus limitaciones, en definitiva sus saberes: saber hacer, saber ser, saber estar, y los profesionales, las instituciones y las administraciones tenemos que saber esperar.
 
Si planteamos modelos de planificación centrados en la persona, nuestros centros y servicios deben adecuarse a las personas con discapacidad, y facilitar procesos de participación y de toma de decisiones.
 
Así, entre los principales retos que debe alcanzar este nuevo modelo, podemos entrever:
 
- Cómo planificar el acceso al mundo de trabajo de las personas con discapacidad, principalmente para los chicos y para las chicas que tienen más capacidades
- Que el trabajo sea un espacio que permita y garantice la identidad personal y social de las personas, atendiendo a sus capacidades.
- Proyectar las herramientas necesarias para poder iniciar, de manera palatina, el traspaso de la situación de empleo a la situación de jubilación.
- Crear espacios de transición de la edad laboral a la edad de jubilación, estableciendo políticas y acciones que garanticen una óptima atención a las personas que sufren un envejecimiento prematuro.
 
Los Centros Especiales de Trabajo deben fortalecer su aspecto social y comunitario, pero sobre todo deben de fortalecer la atención a las personas con discapacidad, para que estas puedan potenciar sus capacidades y mejorar su calidad de vida.
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