“ La orientación profesional y las profesiones en la nueva economía ”

Entrevista a Ronald G. Sultana,
profesor de Sociología y Educación Comparada y director del Centro Euromediterráneo para la Investigación Educativa de la Universidad de Malta
18/11/2014

¿Actualmente tiene sentido hablar de profesiones o es mejor hablar de trabajos?
 
Varios autores, como Zygmunt Bauman y Richard Sennett, han planteado que la naturaleza del trabajo ha cambiado tanto que en gran medida la noción de profesión se ha perdido, excepto en el caso de una pequeña élite. Además, indican que para mucha gente es solamente un «trabajo» y no una «profesión», y, por tanto, ya no se trata de una actividad en la que se invierte la propia identidad personal y social, donde uno mismo expresa los impulsos creativos y productivos asumiéndolos al servicio de la mayoría de la comunidad. Para muchos ciudadanos, el trabajo es tan solo un «trabajo» realizado para ganar un sueldo, de forma que se pierde, en parte, el sentido de la dignidad e incluso del honor a la hora de llevar a cabo alguna tarea que vale la pena y que es significativa, que contribuye útilmente al bienestar del resto de los ciudadanos, aunque sea de manera muy modesta.
 
El término carrera profesional, cuyas raíces etimológicas nos conducen a la noción de un camino seguido de manera resuelta y consistente, se remonta a un pasado que hoy ya no existe. Lo que tenemos actualmente es una economía inestable con instituciones fragmentadas, en la que el «nuevo capitalismo» exige «un ideal de orientación a corto plazo centrado en las habilidades potenciales y no en los éxitos, con tendencia a despreciar o abandonar la "experiencia del pasado"». Lo que ahora tiene valor es la capacidad del mundo empresarial de reposicionarse frente a una competencia constante y feroz, en la que se espera que los individuos se arriesguen, tengan flexibilidad, acepten compromisos a corto plazo y se reinventen constantemente. En estos contextos, el mantenimiento de unos objetivos, la integridad de uno mismo y la confianza en los demás se erosionan. De hecho, en estos contextos el concepto de orientación profesional también puede parecer anacrónico, a menos que su significado y su práctica cambien radicalmente hoy para conectar con las transformaciones económicas, culturales y de identidad que seamos capaces de desarrollar.
 
¿Debemos planificar nuestra carrera profesional en una sociedad que cambia constantemente y en la que la gente cambia de trabajo a menudo?
 
Si los análisis de académicos como Bauman y Sennett son correctos, la idea de «planificar nuestra carrera» adquiere un significado distinto al que tenía a comienzo del siglo xx, cuando la orientación profesional se desarrolló formalmente como servicio, primero en Estados Unidos y después por todas partes. «Planificar» requiere una cierta estabilidad y seguridad: si los trabajos son cada vez más temporales y las trayectorias no lineales y transitorias, la razón de ser de la «planificación» disminuye. No obstante, esto no significa que la planificación de carreras sea «inútil». Para entenderlo, podemos compararlo con una labor de retazos, es decir, un patchwork: la tela confeccionada y adornada –la carrera profesional– está hecha a partir de diferentes retazos cosidos –cada uno de estos pedazos corresponde a los trabajos y experiencias de una persona a lo largo de su vida–. De este «significado» también derivan otros. Por ejemplo, si el «trabajo» principal o habitual se considera sobre todo como una fuente de ingresos, es posible que uno «planifique» una actividad o un trabajo secundario en el que tomen más relevancia los aspectos de autorrealización.
 
La mayoría de los trabajos actuales dependen del autoempleo, y desprenden así un espíritu emprendedor que, irónicamente, no está permitido en los empleos más estándares. Se puede «planificar» el hecho de incrementar el tiempo y la energía en uno, a expensas de reducir lo que se ha invertido en el otro. Algunas personas intentan disponer del llamado «portafolio de profesiones», a través del cual a lo largo de la vida se alcanzan varios aspectos de la personalidad y aspiraciones –a veces paralelamente y a veces simultáneamente– en diferentes compromisos laborales o de ocio. No es necesario decir que la clase y el género, entre otras adscripciones sociales, contribuyen a que este patchwork sea más o menos posible. Gran parte del discurso sobre la «nueva economía» y las nuevas formas de planificación y orientación profesional no tiene en cuenta las desigualdades sociales, lo cual supone un gran problema, porque hay numerosos grupos de ciudadanos que son sistemáticamente y sistémicamente excluidos de la posibilidad de «confeccionar» sus vidas y de darles sentido, ya que por medio del trabajo se consigue la expresión de la creatividad y la productividad, y la conexión con la comunidad.
 
¿Cómo se aplica el concepto de flexiseguridad y qué relación tiene con la orientación profesional?
 
Flexiseguridad es un acrónimo formado a partir de las dos palabras contradictorias flexibilidad y seguridad. En varios países –sobre todo en Dinamarca y Holanda, pero también en otros estados miembros de la UE– se han hecho esfuerzos para responder a las «necesidades» de la economía neoliberal mientras se protege la seguridad de los trabajadores. Estos objetivos duales parecen ser incompatibles, como mínimo a simple vista. La flexibilidad para los empresarios se traduce en más libertad a la hora de contratar y despedir, sin restricciones «proteccionistas» de los sindicatos y contratos laborales, de manera que pueden reaccionar inmediatamente frente a los cambios en las oportunidades económicas para poder ser competitivos. La seguridad para los trabajadores es, obviamente y precisamente, todo lo contrario.
 
La flexiseguridad intenta ajustarse al conflicto de intereses dando a los empresarios un grado más elevado de flexibilidad y proporcionando a los trabajadores unos ingresos seguros, en detrimento de la seguridad laboral. Esto se consigue a través de unos niveles de recaudación de impuestos que garantizan que los trabajadores despedidos, en el paro, reciban un subsidio mientras buscan empleo activamente, a condición de que deben participar en cursos de formación para «mantenerse en el mercado laboral». En varios países se han desarrollado modelos de flexiseguridad, y la UE lo promociona como un modo de conseguir los objetivos duales de competitividad e inclusión social. Sin embargo, los estados miembros se han mostrado reticentes a adoptar esta medida debido al coste elevado que supone aumentar los impuestos. En los casos en los que se ha aplicado, la orientación profesional ha desempeñado un papel particularmente relevante, puesto que los trabajadores de todas las edades tienen la necesidad de ser informados y de recibir consejos y orientación indispensables para planificarse y comprometerse con los programas de formación y reciclaje, ya sea hacia las oportunidades laborales o los esfuerzos para hallar un equilibrio entre la vida laboral, las obligaciones familiares y el ocio.
 
¿Hay que ofrecer orientación profesional en Primaria?
 
En mi opinión, orientación profesional significa ‘proveer a los ciudadanos de cualquier edad del conocimiento y la sabiduría necesarios para descodificar lo que sucede a su alrededor en el mundo laboral', de manera que les permita entenderse a sí mismos en este mundo diseñado por varias fuerzas. Ya he mencionado algunos de los significados de carrera profesional. En el caso de la formación, generalmente me refiero a tres componentes interrelacionados: savoir o ‘conocimiento'; savoir faire o ‘habilidades y competencias', y savoir être o ‘saber estar'. Los tres son importantes en todas las acciones educativas, salvo que confundamos «información» con «sabiduría». El trabajo es, en gran medida, una parte central de nuestras vidas. Las principales filosofías mundiales lo han considerado un castigo divino por el mal cometido (tal y como dice el relato bíblico) o como un canal para expresar los propios impulsos creativos, casi como si participáramos con la divinidad en la creación el mundo.
 
Se mire por donde se mire, el trabajo es fundamental para la vida como especie humana, y cualquier formación digna de ser así llamada debe comprometerse con ello. Sin embargo, voy a distinguir entre «aprender sobre el trabajo» y «aprender para trabajar». Nuestra tarea como educadores no es presentar el mundo laboral de forma cosificada, como si la situación actual hubiera sido siempre así, y así siguiera; se trata de proporcionar a los estudiantes de todas las edades las herramientas para interpretar el mundo donde viven, para que imaginen cómo podría ser y cómo debería ser, desde el punto de vista de los valores de la dignidad y la justicia para todos. También hay que ayudarlos mucho a entender quién son, como personas y como miembros de comunidades, y de qué manera pueden expresar su singularidad y sociabilidad a través del trabajo, para su beneficio y para el de la sociedad.
 
Esta orientación puede empezar claramente en la etapa de Primaria, en la que, en vez de orientar a los alumnos hacia grupos profesionales específicos –algo que para mí es reprobable–, hay que animarlos a reflexionar críticamente sobre sí mismos y sus experiencias vicarias hacia diferentes tipos de trabajos (por ejemplo, hablando del empleo de sus padres y otros miembros de la familia), para que desarrollen las habilidades cognitivas necesarias para dar sentido al mundo que los rodea. Hay que tener presente que, a pesar de que no se ofrece formalmente orientación profesional en las escuelas, estamos contribuyendo a socializar a los alumnos para que tengan conocimiento de lo que significa trabajar. Existen algunos estudios etnográficos muy interesantes que tratan de la manera en la que los maestros reproducen orientaciones laborales en las guarderías a través de su comportamiento. Cuando un docente anima a los alumnos a «trabajar duro porque luego tendremos un rato de recreo para divertirnos juntos» emite un mensaje potente, ya que reitera la distinción y la división entre «trabajo» y «ocio» (el primero representa abnegación, esfuerzo y, posiblemente, aburrimiento; el segundo, la propia expresión, la libertad y el disfrute). De hecho, nos referimos a las pausas que se llevan a cabo en las escuelas mediante la palabra recreo, como si el trabajo primero anulara a los seres y luego los estudiantes pudieran «recrearse» a través del juego.  
 
¿Qué son las habilidades metacognitivas y cómo podemos desarrollarlas?
 
La orientación profesional, tal y como la hemos considerado anteriormente, requiere que los estudiantes sean reflexivos; por ejemplo, deben entender qué sentido tiene el mundo que los rodea y cómo se relacionan con él. Las habilidades metacognitivas son precisamente aquellas habilidades que podemos fomentar en los estudiantes si observamos, por ejemplo, cómo toman decisiones o de qué manera procesan el conocimiento. Cuando lleguemos a ser conscientes de  cómo pensamos, cómo decidimos, cómo actuamos y cómo reaccionamos realzaremos nuestras habilidades para orientar el pensamiento, la toma de decisiones y las acciones hacia unos objetivos más generales, perseguidos de forma más concreta.
 
El desarrollo de la metacognición es una de las bases de la educación moderna. De hecho, el «milagro» finlandés en los resultados PISA finalmente se ha explicado, en parte, gracias al énfasis en la inculcación, planificada, de las habilidades cognitivas, en las que se da más importancia a la investigación reflexiva y al compromiso con el conocimiento que no a su simple transmisión. También puede aplicarse lo mismo en la orientación profesional. Afortunadamente para el profesorado, hoy existen muchos recursos de buena calidad que enseñan habilidades metacognitivas relacionadas con las habilidades para la vida en general, incluidas las competencias que tienen conexión con la vida laboral. La mayoría de estos recursos utilizan juegos (de mesa y multimedia), dinámicas de grupo y todo tipo de estrategias de aprendizaje por medio de la experiencia, como juegos de rol, de teatro y de scripting, entre otros. La investigación demuestra que los niños de Primaria ya han empezado a perfilar sus opciones de futuro, un proceso que interacciona de forma compleja con los mensajes y la socialización recibidos en casa y en otros espacios sociales, y en el que a menudo se reproducen prejuicios hacia el «destino» según la clase, el género y la etnia. Poner estos supuestos y estos prejuicios en primer plano, así como incorporarlos de forma desafiante y crítica, ayuda la orientación profesional a cumplir un aspecto central de su razón de ser (raison de être): dar opciones y oportunidades.
 
Artículos escritos por el autor que profundizan más en estas cuestiones:
 
Sultana, R. G. (2014). Pessimism of the intellect, optimism of the will'? Troubling the relationship between career guidance and social justice. International Journal of Educational and Vocational Guidance, Vol. 14 (1), p.5-19.
 
Sultana, R. G. (2012). ‘Career education: past, present… but what prospects?' British Journal of Guidance and Counselling, Vol. 41, I, p. 69-80.
 
Sultana, R. G. (2012). ‘Flexibility and security? The implications of ‘flexicurity' for career guidance'.British Journal of Guidance and Counselling, Vol. 45 (2), p. 145-163.
 
Las personas interesadas en estos artículos pueden contactar con el autor (en inglés): ronald.sultana@um.edu.mt.
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