Cultura y ética empresarial

Begoña Jiménez Sánchez,
Politóloga; profesora de SEAS, Estudios Superiores Abiertos (Zaragoza)
06/10/2014

"Nacemos dentro de organizaciones, somos educados por ellas y la mayor parte de nosotros consumimos buena parte de nuestra vida trabajando para organizaciones. Empleamos gran parte de nuestro tiempo libre gastando, jugando y rezando en organizaciones. La mayoría de nosotros morirá dentro de una organización" (ETZIONI, 1991:1)
 
La persona es un ser relacional, es decir, no puede existir sin estar en relación con otras personas. Esa necesidad de relación ha promovido que  la persona haya ido creando organizaciones para poder desarrollar su existencia. Organizaciones que han ido variando con los tiempos y ampliando sus ámbitos y complejidad progresivamente Este crecimiento histórico se ha acentuado en los últimos siglos como consecuencia del desarrollo  de la sociedad y esto ha sido, sin duda, el motor  para la aparición de numerosas organizaciones en la práctica totalidad de todos los campos de la vida social. Ya sea el mundo laboral, el científico, el artístico, el religioso o cualquier otro que esté integrado por personas.
 
Toda comunidad necesita una organización, una dirección, unos objetivos y unos valores, siendo los valores los que dan sentido a los objetivos que persigue una institución. Es inevitable que en toda organización haya una jerarquía de poder, unas reglas de funcionamiento y una cristalización tácita de los valores que podría llamarse cultura de la organización. La cultura es un poderoso condicionante de los procesos que tienen lugar dentro de la organización, e incluso en su propia estructura. Y es que la constitución de una organización humana con carácter estable comporta el surgimiento de una cultura formal, un conjunto de creencias, normas y orientaciones compartidas que guían la forma de comportarse y de pensar de sus integrantes.
 
Un caso excepcionalmente relevante en cuanto a los valores y ética de las organizaciones son las empresas dedicadas a la formación u organizaciones educativas. Cada institución educativa tiene una escala definida de valores y no existe una escala universal válida ni homogénea para este tipo de instituciones. Existen, eso sí, técnicas comunes de manejo de la organización, formas de administración que pueden aplicarse en distintos campos y otras varias cuestiones que pueden ser intercambiables, pero no así la escala de valores, su ética, su cultura… que es genuina de cada asociación educativa
 
De lo anterior podemos colegir que, cada comunidad educativa organiza bajo la impronta inspiradora de su carácter fundacional las relaciones de poder, el compromiso de las partes, incluso el estilo de funcionamiento, además de apostar por otros valores empresariales que, junto con la ética, se han trasmitir a todos los miembros de la organización, como pueden ser la apuesta por la innovación, el humanismo, el compromiso y la solidaridad entre otros
 
Todos estos valores y principios es deseable que sean asumidos por todos los miembros de la organización y que sean trasmisibles y permeables a la sociedad como seña identitaria de esta organización, que es lo que le dará dimensión de permanencia en el tiempo, pues sus miembros serán siempre valedores de  aquellos principios en los que se educaron y de alguna manera trasmisores de los mismos.  Actualmente, junto con los valores tradicionales  han emergido con fuerza, el compromiso, la innovación, la solidaridad… queriendo con ello dar un paso más allá de lo meramente testimonial para convertirse en piedras angulares del desarrollo de los miembros de la organización. Se puede afirmar que las instituciones educativas son un caso particular dentro del mundo de las organizaciones empresariales y no pueden englobarse únicamente en el marco de la sociología, sino también en los ámbitos éticos, culturales y existenciales, porque el compromiso del desarrollo de sus valores afecta de lleno a los sustratos más profundos de los miembros de dicha organización y ya sea explícita o subyacentemente les van a acompañar de una manera determinante durante el desarrollo de sus vidas.

En SEAS, Estudios Superiores Abiertos, empresa del Grupo Fundación San Valero, institución dedicada a la enseñanza durante más de sesenta años, la evolución de su cultura ética y de sus valores empresariales  han progresado para convertir en auténtico núcleo y protagonista de sus objetivos  al alumno,  sobre el que giran los valores inspiradores de su proyecto educativo, sabedores, como hemos apuntado anteriormente, que la mejor manera de trascender una organización  en el tiempo  y en la sociedad es el testimonio personal y humano.
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