El modelo de los centros abiertos y diarios como clave para el éxito educativo de niños y adolescentes en entornos de vulnerabilidad

Maria València, presidenta del Movimiento de Centros de Esplai Cristianos Catalanes de la Fundación Pere Tarrés; Rosa Coscolla, responsable de innovación y metodología de Consultoría y Estudios de la Fundació Pere Tarrés
25/06/2014

Existe un recurso social y educativo poco conocido pero fundamental para el desarrollo de muchos niños y jóvenes que son los centros abiertos y diarios (CAD). Estos centros desarrollan en el marco de sus actividades programas de refuerzo educativo que permiten a los niños, adolescentes y jóvenes mejorar sus competencias académicas y personales. Los participantes de los CAD se encuentran en su mayoría en una situación de vulnerabilidad social importante, con dificultades sociofamiliares notables y con las necesidades que se derivan a nivel afectivo, intelectual e incluso físico. Desde la Fundación Pere Tarrés conocemos bien la tarea esencial que realizan puesto que contamos con 21 de estos centros dentro del Movimiento de Centros de Esplai Cristianos Catalanes (MCECC) de la Fundación Pere Tarrés que cada tarde acogen a más de 2.000 niños y niñas. Además de conocer esta realidad, la hemos analizado y estudiado para poder evaluar el impacto que tienen estas actividades de acompañamiento cada tarde y extraer también algunas conclusiones.
 
A menudo, hay niños que requieren de una atención específica para poder alcanzar lo que marca el currículo escolar propio para cada etapa. Pero ¿cuáles son los aspectos a abordar cuando se lleva a cabo un refuerzo educativo? ¿Qué necesidades se presentan en un niño con un bajo rendimiento académico? ¿Todos los indicadores que nos llevan a atender a estos niños y niñas susceptibles de refuerzo educativo tienen un carácter académico?
 
La propuesta de trabajo que realizan los CAD en su día a día parte de una intervención a nivel global con la infancia en la que confluye el área física, cognitiva, social y emocional. Para realizar nuestro análisis nos conviene partir del niño como un ser global y nuestra atención irá dirigida a dar herramientas que promuevan un desarrollo integral del niño / a.
 
La educación emocional esencial en el éxito educativo
 
Según un estudio realizado en los CAD, (Fundació Pere Tarrés, 20131, con el fin de conocer los programas de refuerzo educativo y su impacto en los niños y niñas destinatarios de la acción, la mayoría de educadores y educadores encuestados considera que el concepto de éxito escolar está ligado a la vivencia de una buena experiencia de relación y de motivación para ir a la escuela y para ello es necesario el refuerzo desde los CAD a través, principalmente, del acompañamiento emocional que hacen sus profesionales a los chicos y chicas. Casi el 90% de los educadores y educadoras considera que la educación emocional es el área de actuación más importante para conseguir el éxito educativo, lo que revierte de manera clara en los niveles de autoestima, en los hábitos de estudio, en la seguridad en sí mismos y en una capacidad comprensiva y crítica de su entorno y de los aprendizajes que se van adquiriendo.
 
Es por ello que el desarrollo de las competencias emocionales se convierte en uno de los objetivos principales de los programas educativos de los CAD, para la mejora del éxito escolar. Lo que se concreta en el trabajo de la autoestima, el autoconocimiento, la capacitación para la identificación y expresión de las emociones, el fomento de las habilidades que favorecen las relaciones interpersonales, la capacidad crítica y el compromiso con el entorno y con uno mismo.
 
El ser humano, por naturaleza, es un ser emocional. Las emociones forman parte de nosotros y la gestión de éstas condiciona en cierta manera nuestro "funcionamiento". Si nos detenemos a pensar en momentos en los que estamos tristes, comprobaremos que nuestra visión del mundo acostumbra a ser más bien catastrófica y nada nos parece suficientemente bien. En cambio, cuando alguna cosa buena nos ha pasado, alguien nos ha felicitado o nos ha dicho alguna cosa bonita, el mundo de golpe se vuelve más perfecto y nuestra visión acaba teniendo un matiz bastante positivo.
 
¿Qué pasaría en nosotros si, a menudo, nos recordaran aquellas cosas que no sabemos hacer, aquello para lo que no tenemos destreza? ¿Qué pasaría si en nuestros entornos habituales, donde deberíamos percibir una cierta sensación de control y estabilidad, a la vez que de seguridad, halláramos actitudes que no nos ofrecen apoyo y que nos "lanzan" al vacío sin darnos un lugar específico en el mundo?
 
Vale la pena pararse a pensar esto ante aquellos niños y niñas que asisten cada tarde a nuestros centros socioeducativos, ¿Cuál es su visión del mundo? Qué buscan en sus educadores? ¿Qué tipo de vínculos necesitan para arraigarse en un contexto que les ofrezca seguridad y les ayude a crecer partiendo de lo que sí que saben hacer?
 
Es por este motivo que es fundamental el trabajo con los niños y niñas desde la perspectiva socioemocional.
 
Nuestras emociones, acaban siendo como el motor que nos permite funcionar, como las "pilas" que necesitamos para caminar. Es imposible vivir ajenos a aquello que sentimos, que nos mueve y nos "remueve", haciéndonos conscientes de quienes somos en este mundo, de qué sentido tiene lo que hacemos en él, de la relevancia que tenemos para con los demás.
 
Podemos vivir nuestras emociones de forma más o menos consciente, pero siempre laten en nosotros, están presentes en todo lo que hacemos, en cómo nos movemos y en cómo nos relacionamos, etc. son una parte fundamental de nuestra experiencia y nuestro crecimiento como seres humanos.
 
Un Centro Abierto o Diario contiene cada tarde un mundo de emociones, una alegría porque ha acabado el colegio, unas risas a veces escandalosas fruto de pasarlo bien y encontrarse a gusto con les compañeros, un enfado cuando aparecen cosas que no se saben superar, unos miedos por no sentirse capaces de hacer algunas cosas... y podríamos enumerar mil y una de estas emociones que laten en los corazones de cada uno de estos niños y niñas. Ayudar a identificar y canalizar dichas emociones es tarea de los profesionales, así como entrenar el compromiso y el optimismo, poniendo en valor las capacidades (y no de las dificultades) y reconociendo los pequeños éxitos que se dan en la cotidianidad, especialmente cuando se trata de niños y niñas que suelen ser nombrados por sus carencias o expulsados por sus actuaciones inadecuadas.
 
En nuestra sociedad, acostumbramos a dar más valor a los aprendizajes, a lo cognitivo, a aquello que somos capaces de comprender desde la razón que no aquello que fluye en nosotros y que no siempre podemos controlar. Gestionar pensamiento, tomar decisiones, aprender de memoria... terminan siendo procesos cognitivos más fáciles de "digerir" que lo que acontece en nuestro mundo más emocional, más interno... Pensamos, pensamos y pensamos y, a menudo se nos olvida que también "respiramos", latimos y sentimos.
 
Nuestras emociones determinan nuestro interés por aquello que nos envuelve, por las personas, por los aprendizajes y por la vida en general.
 
Si somos capaces de crear en nuestro entorno un clima emocional positivo, sin duda tanto la convivencia como el aprendizaje saldrán muy beneficiados.
 
El papel que juegan las emociones en el contexto educativo como vía para mejorar el desarrollo socioemocional de los alumnos, así como determinar la relación existente entre la Inteligencia Emocional (IE) y el rendimiento escolar de los mismos, es uno de los temas que más interés ha generado en los últimos años dentro del campo de la IE.
 
El objetivo principal de la educación emocional debe ser el desarrollo de las competencias emocionales. Rafael Bisquerra (Bisquerra, 2013), catedrático de Orientación Psicopedagógica en la Universidad de Barcelona y especialista en Educación Emocional, nos habla del desarrollo de las siguientes competencias emocionales: conciencia emocional, regulación emocional, autonomía emocional, competencia social, competencias para la vida y el bienestar.
 
Nuestros Centros Abiertos y Diarios hacen incidencia directa cada uno de los días del año que trabajan con sus niños en su dimensión emocional. Un adulto que espera en la puerta de la escuela, que te recoge allí y que te pregunta cómo te ha ido el día, mientras te ofrece un gesto de acogida y un "estoy aquí para ti"; un rato para compartir la merienda, para reír juntos; un rato para hacer los deberes y explicar lo que en la escuela no has entendido; un rato de complicidad, de juego, de compartir desde la esencia de lo que cada uno es ... ver cómo se desarrolla una tarde cualquiera en uno de estos centros te hace sentir como en una gran familia, donde las emociones de todos navegan con un timón firme de propósitos compartidos, que generan en los chavales autoconfianza para el presente que se van construyendo, y que día a día va labrando una mayor autonomía para saber elegir la vida (y las emociones) que desean llevar.

Nota al pie:

1.- Estudio pendiente de publicación. Se puede solicitar consultarlo a mvalencia@peretarres.org
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