La influencia directa de la Educación Emocional en el ámbito profesional

Gino Filonzi Miranda,
Ingeniero Industrial y Master en Administración y Dirección de Empresas. Director del Instituto IFIC (Valencia)
25/06/2014

Frecuentemente oímos hablar de Educación Emocional como un proceso de aprendizaje muy importante durante la infancia. Aprender a identificar, expresar y regular nuestras emociones es vital, pero el control de las emociones es un proceso en desarrollo continuo a lo largo de la vida.
 
Pasada la infancia, debemos seguir aprendiendo en muchos aspectos, y la educación emocional es uno de los más importantes. La gestión de las emociones repercute en todos los aspectos de una persona, desde su autoestima, pasando por su relación con los demás y sus logros académicos y profesionales. Una mala gestión de las emociones aboca al sujeto al caos que supone estar dominado por completo por lo que sientes y no saber canalizarlo en la correcta dirección.
 
Tener la capacidad de auto-regularnos y trabajar en nuestra inteligencia emocional aumentará nuestra satisfacción personal y profesional. Sin ser factores medibles de forma científica, la empatía, la positividad y el auto-conocimiento, afectan directamente al desempeño de un puesto de trabajo. Es posible seguir trabajando en mejorar nuestra educación emocional realizando un curso de gestión emocional que nos dé las claves para aplicar a diario.
 
Las habilidades sociales que una buena gestión de las emociones nos aportan son fundamentales para aumentar nuestras habilidades interpersonales en el ambiente laboral. Por ejemplo para saber escuchar a los demás y entenderlos o para poder también transmitirles mejor nuestras ideas u opiniones. Además, un control interno de nuestras emociones propicia que podamos rendir más ante cualquier situación en el entorno laboral al no vernos cegados por exageradas reacciones que pueden traer errores irreversibles.
 
El bienestar y la calidad de vida se ven incrementados si trabajamos en mejorar nuestra gestión de las emociones para afrontar los imprevistos y emociones negativas que puedan surgir en nuestro día a día.
 
La capacidad de auto-motivación es muy importante para hacer frente a la desgana que puede conllevar una carencia en nuestra educación emocional. Un motor interno que nos impulse a, en lugar de anclarnos en las emociones negativas, actuar para resolver todos los problemas que se presenten, puede ser nuestra arma de batalla en la vida personal, académica y, por supuesto, profesional. Un valor muy importante que nos facilitará llegar a alcanzar nuestras metas.
 
Además, un alto grado de inteligencia emocional convierte al sujeto en alguien con alta capacidad para gestionar los cambios. Las personas que mejor se adaptan suelen tener un mejor desempeño en su carrera profesional, pues no tienen miedo a los cambios e intentan entenderlos y aprender cómo adaptarse a ellos en cuanto se producen (o incluso antes, anticipándose).
 
Es por todo esto, que una buena gestión de las emociones más el aumento de la inteligencia emocional que esto supone, es un requisito indispensable de la figura de liderazgo en cualquier empresa. Sin embargo, no sólo para un puesto de dirección es necesaria una rica educación emocional, sino que como hemos visto, la gestión de las emociones nos ayudará a alcanzar el éxito en nuestra vida tanto personal como profesional (sea cual sea nuestro campo de trabajo) y a vivir de manera más equilibrada y centrándonos en la superación continua.
 
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