Las competencias transversales y la empleabilidad. Planteamiento curricular de los Grados de Educación Social y de Trabajo Social

Artículo de opinión

  • 18/11/2013

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Genoveva Rosa, Vicedecana de Grado; Gisela Riberas, Directora del Grado de Educación Social; Carme Fernández, Directora del Grado de Trabajo Social de la Facultad de Educación Social y Trabajo Social Pere Tarrés de la Universidad Ramón Llull
Uno de los ejes sobre los que consideramos que ha de basarse la formación del estudiante, a lo largo de los estudios universitarios de Educación Social y de Trabajo Social, es el conocimiento reflexivo de la realidad social donde deberá intervenir profesionalmente a partir de la identificación de sus propias capacidades. Para ello, trabajamos desde un planteamiento teórico-práctico a través de las asignaturas y desde los Prácticums de los cuatro cursos de los grados, en los que el estudiante se sumerge en un proceso de autoconocimiento competencial, que irá creciendo a medida que se va acercando al mundo profesional en los espacios específicos de observación y de intervención o prácticas. Desde esta perspectiva, nos planteamos desde primer curso incidir en la autopercepción de su nivel competencial para que vaya ajustándose a las necesidades personales y de la profesión.

Hablamos, pues, de un trabajo a doble nivel: el profesionalizador y el de crecimiento personal contando, para ello, con un planteamiento de competencias a lo largo de los cuatro cursos de los Grados, clasificándolas según sean competencias transversales a toda la titulación o competencias específicas de cada módulo o materia vinculadas a disciplinas específicas.

Las competencias transversales son las que tiene que desarrollar el estudiante a lo largo de la formación del Grado. Están relacionadas con los aprendizajes que se adquieren en el proceso de formación de cada una de las materias del plan de estudios. Son competencias procedimentales (saber hacer) y actitudinales (saber ser) imprescindibles para el ejercicio de la práctica profesional.

Para su clasificación las agrupamos en tres categorías: intrapersonales, interpersonales y globales.

Competencias intrapersonales
  • Capacidad de aprendizaje: capacidad de análisis, de comprensión, de síntesis, de organización y relación de contenidos, de aplicación de conocimientos en la práctica, distinción entre lo esencial y lo superfluo.
  • Capacidad reflexiva, crítica y autocrítica: capacidad para analizar las situaciones desde diferentes puntos de vista, con razonamiento y búsqueda de información diversa.
  • Capacidad  creativa, de iniciativa y de autonomía: capacidad para buscar soluciones alternativas, priorizar y para tomar decisiones fundamentadas, para emprender nuevas acciones y proyectos vinculados a la práctica profesional.
Competencias interpersonales
  • Capacidad comunicativa: habilidades sociales para explicar, argumentar, escuchar de forma activa, dialogar y expresarse de forma oral y escrita con personas de diferentes procedencias.
  • Capacidad de trabajo en equipo: colaboración, cooperación y trabajo en red con distintos profesionales y en distintos contextos sociales para resolver situaciones y problemáticas de una manera global y eficiente.
  • Capacidad empática y asertiva: Respeto y reconocimiento de los demás, de la diversidad social y cultural.  Desarrollar y realizar una relación de ayuda basada en el empoderamiento del otro como eje central de nuestra acción profesional.
Competencias globales
  • Capacidad de identidad profesional: Compromiso con la disciplina y responsabilidad en la ejecución de la misma. Reconocimiento de la profesión al servicio de la comunidad.
  • Capacidad ética y moral: Compromiso con la práctica profesional, actuando con honestidad y comportándose de forma coherente con los valores personales y profesionales.
  • Capacidad de evaluación continua: Mejora de los procesos y resultados para garantizar la calidad del ejercicio profesional. Autoevaluación y formación permanente.
Para potenciar los aprendizajes basados en competencias son muy adecuadas las metodologías activas que facilitan que el estudiante tenga que desarrollar varias capacidades y acciones de manera relacionada. Todas estas competencias se articulan tanto en el marco de las materias como en la función tutorial que se lleva a cabo.

La propuesta de una variada oferta de metodologías se apoya en la atención a la diversidad, ya que cada alumno aprende de una determinada manera y cabe tener presente esta variedad en las propuestas para cubrir la totalidad de los estilos de aprendizaje que cada uno posee. Con el despliegue de  las materias que planteamos en nuestros estudios de Educación Social y de Trabajo Social desarrollamos metodologías, recogidas en las memorias verificadas de las titulaciones, que facilitarán una variedad de actividades en las aulas en las que podremos trabajar el vínculo entre la formación y la profesión. Algunas de estas metodologías se concretan en: sesiones magistrales, exposiciones teóricas, presentación de esquemas conceptuales y material específico, debates grupales, utilización de plataforma virtual, seguimiento personalizado del estudiante, vinculación con la praxis profesional, supervisión grupal, etc.

Dentro de los criterios metodológicos utilizados, destacamos por su relevancia los que tienen que ver con la coordinación docente, las modalidades de formación y la vinculación con la realidad profesional.

La tipología de actividades que realizamos en nuestra Facultad es variada pretendiendo, con ello, ofrecer posibilidades de éxito a los estudiantes que cuentan con diferentes niveles de adquisión de competencias y dotarlos de autonomía para que desarrollen los procesos cognitivos necesarios para la adquisición de las mismas. Entre las diversas propuestas que desde las asignaturas se plantean podemos encontrar actividades presenciales y fuera del aula que podemos clasificar por tipología en: análisis de situaciones de actualidad, de textos y documentos, estudio y resolución de casos prácticos, simulación de situaciones y aprendizaje por modelado, elaboración de informes y documentación escrita, análisis de experiencias sociales profesionales y de investigaciones, análisis de buenas prácticas, ejercicios y trabajos individuales y grupales, debates en el aula, dinámicas de grupo, tutorías de orientación individuales y en grupo, trabajo de campo, estudio del territorio en un contexto social, actividades de trabajo autónomo, conferencias, ponencias y mesas redondas de profesionales, visitas a centros, elaboración de portafolio, blogs, dossiers y finalmente las que aproximan el conocimiento adquirido con la realidad profesional: las prácticas profesionales.

Por otro lado y dada la importancia de la dimensión práctica de las profesiones de Educación Social y de Trabajo Social, el Plan del Prácticum que planteamos desde primer curso para cada titulación parte de la creación de un entorno formador, donde el estudiante va a aprender y a desarrollar las competencias vinculadas a la acción profesional.

El Prácticum, ya sea desde el trabajo en las aulas de la Universidad como en el espacio de prácticas, debe asegurar una triple dimensión cuando hablamos de la capacitación del estudiante:
  • Capacitación personal: conocer las propias capacidades, habilidades y destrezas, relacionadas con la profesión.
  • Capacitación académica: adquirir conocimientos y desarrollar competencias vinculadas al ejercicio profesional, los ámbitos que puede tratar y los posicionamientos teóricos que enmarcan la acción social.
  • Capacitación técnica: saber aplicar instrumentos y protocolos imprescindibles en la actividad profesional cotidiana.
Para asegurar realmente el aprendizaje y el desarrollo de competencias que giran en torno a las tres dimensiones indicadas anteriormente, el Prácticum entendido como un espacio de formación global debe ser simultáneamente:
  • Un espacio de ensayo: el estudiante toma contacto, conoce y vivencia a partir de la observación y la participación de la dinámica propia de la práctica cotidiana, integrando las habilidades, estilos y actitudes presentes en la realidad profesional. Esta aproximación queda garantizada con el acompañamiento y guía del referente profesional que va creando entornos de seguridad a fin de que el estudiante ejercite y ensaye paulatinamente la diversidad de actuaciones, estrategias y técnicas que están presentes en la acción social. En este sentido, debe permitir que los contenidos trabajados en la formación estrictamente académica puedan ser contrastados a partir de la experiencia práctica que realiza el estudiante mediante un proceso de confrontación y redefinición
  • Un espacio de inmersión: El estudiante se sumerge en la realidad y en la práctica profesional. El Prácticum se convierte en el momento privilegiado de toma de contacto con el mundo profesional donde se van conociendo e identificando las funciones y competencias que deberá incorporar. La inmersión mediante la participación, la implicación y la convivencia regular permite al estudiante disfrutar de una visión global de la profesión y así ir construyendo y resituando los supuestos, los prejuicios o las ideas preconcebidas que tenía respecto a ésta.
  • Un espacio vivencial y de autoconocimiento: El estudiante realiza un trabajo de reflexión y comprensión respecto la acción socioeducativa y profesional y los entornos donde se da. Al mismo tiempo, realiza un trabajo introspectivo, de autoconocimiento e identificación de sus capacidades y limitaciones poniendo en juego sus propias maneras de hacer pero observando al mismo tiempo las formas y estilos profesionales de las personas con las que interactúa.
Con todas las competencias secuenciadas por cursos, sean específicas o transversales, el estudiante que acaba el Grado de cualquiera de las dos titulaciones obtiene la suficiente capacitación, gracias a nuestro planteamiento de formación integral, para su incorporación al mundo profesional.

Consideramos importante el trabajo con las competencias transversales y seguimos investigando para poder mejorar el perfil de los egresados y su grado de satisfacción con la formación recibida así como con el crecimiento tanto profesional como personal.

El promedio de la inserción laboral de nuestros graduados es del 73%; hemos de destacar que las prácticas universitarias son la segunda vía de inserción profesional. Para facilitar el acompañamiento en el proceso de orientación y promoción profesional contamos con un servicio específico (SOPP) que ofrece sesiones personalizadas de asesoramiento y orientación profesional así como sesiones formativas dirigidas a los estudiantes y profesionales inscritos en la bolsa de trabajo. También se realizan actividades vinculadas con la profesión como jornadas con los referentes de los centros de prácticas y se ofertan plazas en seminarios especializados de diferentes temáticas que complementan la oferta formativa de nuestros grados.

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